Me busco, y apenas me encuentro.
Ni en el tiempo, ni
en mi mente.
Paseo por las entrañas del olvido,
buscando el sosiego que no tengo.
Me miro en el espejo de un presente…
Y ya no me reconozco.
No sé si estoy muerto o vivo.
No sé quién soy, o tal vez…
no sepa en quién me he convertido.
Mis noches ya no tienen luna,
Ni pasión, ni luminiscencia alguna.
Mis amaneceres son húmedos y fríos:
Sin luz, sin esperanza, sin alegría.
Sumido en este pozo de locura;
en lucha con mi mente entre versada.
Donde se cruzan mil ideas,
sin juicio, sin premura…
Las noto vacilar en mi cerebro,
todas juntas, o, una a una.
Hasta reírse de mi
a carcajadas.
Que me lastiman como si
fueran largas dagas
y me hablan en el silencio de la noche:
unas susurran, otras gritan
palabras incoherentes, con reproche.
Yo me arropo con mis brazos,
en silencio,
sin contestar apenas una palabra.
Tengo miedo a lo que digan
esas voces…
Esas voces que no se callan.
Aprieto mis dientes, y entre lágrimas
noto un nudo en la garganta.
Un nudo que me ahoga y
que me aprieta,
como si de una soga se tratara.
No soy dueño de mi mente,
ni de los miedos que me acompañan.
Ya no tengo miedo a perderme,
pues aunque me parezca cosa extraña
una fuerza nace desde dentro de
mi vientre.
Una fuerza fugaz, como una estrella,
que de mí se apodera y
me arrebata
esa melancolía, ese hastío, esa mansedumbre,,
en la cual me hallaba.
Y levanto una bandera con mi mano,
Izándola en lo alto,
de una forma imaginaria.
La bandera de mi fuerza de
un rojo, rojo escarlata.
Y ya soy un guerrero,
sin armadura, sin espada,
solo tengo un escudo que
no encuentro
y una lanza en mi mente fabricada.
Y un camino que recorro
rodeando esta vieja cama.
Toda ella, hecha un revoltijo…
Son las secuelas de mi lucha encarnizada.
En las que me sirven de escondrijo
de las sombras que me acechan
en mi mente ya cansada.
¡Y de pronto llegan ellos!
Esos fantasmas de blanco vestidos.
Que con sorna atrapan mis sueños
Y tumbado me dejan mal herido.
Me hacen dormir en un sueño profundo
No sé por cuánto tiempo viajo fuera
de este mundo
sin vehículo, solo con mis alas.
Las muevo al viento
como Ícaro en su tiempo
y, después, apenas pronuncio unas palabras,
no coordino lo que pienso y
lo que digo.
El pensar y el hablar para mí
son dos tiempos distintos.
Me acercan la comida, más…
no la quiero.
Tengo miedo a que me hagan dormir
de nuevo…
esos gigantes que me visitan de blanco.
Yo, solo quiero volar como un pájaro,
o navegar en un velero mar adentro.
Izar bien alto mi lábaro,
Como señal de libertad y de sosiego.
Mari Carmen González Navarro
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