Daba los primeros pasos el siglo XXI cuando el judío agnóstico Zygmunt Bauman nos alertaba que la piel del ser humano occidental se estaba haciendo correosa. El sociólogo y filósofo llamó al nuevo estadio Vida líquida. Lo fundamentaba en su aguda observación: rumbo incierto, pies temblorosos, fragilidad, dependencia. «Los logros individuales no pueden solidificarse en bienes duraderos porque los activos se convierten en pasivos y las capacidades en discapacidades en un abrir y cerra de ojos», dijo. Era entonces, para él, consecuencia «de la modernidad». Hoy, para todos, la vida progresista, la de todo sin esfuerzo, a un golpe, suave, sin quebrar las cuadernas, de tecla. Medio siglo antes Marshall McLuhan nos advirtió de las luces y las sombras de las novedades de la industria. Sus palabras fueron desoídas: ¿Es necesario?, ¿qué sustituye?, ¿qué ganamos?
Vida líquida es cifrar la existencia en el presente, en no dar tiempo al deterioro para provocar la sustitución, en no dejar un palmo de terreno sin nuestra huella pagando con indiferencia los bienes culturales del lugar, en haber derrumbado los grandes andamios con los que se configura la estructura del ser humano. Dónde está el esfuerzo, la curiosidad, el afán por lo bien hecho, la superación, la capacidad para andar solos los caminos. La vida líquida, que hemos abrazado con la inocencia de las reses que salen del redil, nos ha hecho blandos, desprotegidos, incapaces para la supervivencia sin los útiles de la industria de tirar casi antes de usar. Para los que dirigen nuestros destinos somos las “vasijas” de Dickens, en referencia a los inofensivos educandos. En la Universidad, la despensa de los nuevos dirigentes, se criban las palabras para no “herir sensibilidades”, perversos gurús de los nuevos tiempos proponen reescribir los Diez negritos, de Agatha Christie, para no molestar a los de piel negra, en la cafetería del Parlamento catalán se prohíben las bolsas de Conguitos por la misma necia observación, otro de la cuerda, este del entorno de las letras oficiales, propone garabatear de nuevo el Quijote por aquello de la igualdad que tantas coces está dando a nuestro idioma, los franceses cargan de pólvora sus cañones contra España por afirmar que su Selección de peloteros no tienen sangre francesa confundiendo, consecuencia de la incultura, nacional con nacionalizado, los progenitores de los que acaban de hacer oposición al cuerpo de docentes protestan por haber sido suspendidos sus retoños por algo sin importancia: garrafales errores gramaticales. ¿Dónde está mi mundo, paisanos, que yo me apeo?
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Martes, 14 de Julio del 2026
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