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El silencio de Almagro dio voz a Francisca de Pedraza

reVIVIRla emociona en el Festival de Teatro Clásico con un montaje sobrio, valiente y profundamente necesario

Francisco Navarro | Viernes, 17 de Julio del 2026
{{Imagen.Descripcion}} reVIVIRla - FITCA - Foto de Pablo Lorente reVIVIRla - FITCA - Foto de Pablo Lorente

Una hora de función. Una hora en la que el Teatro Municipal de Almagro permaneció en silencio absoluto. No era incómodo, se notaba que el montaje que fuimos a ver atrapó al público de principio a fin. Así se estrenó este jueves reVIVIRla, de Sesea Producciones dentro del Certamen Internacional Almagro OFF, la apuesta del Festival Internacional de Teatro Clásico de Almagro por abrir espacio a nuevas voces, lenguajes y formas de entender la escena.

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reVIVIRla - FITCA - Foto de Pablo Lorente

Al término de la representación, la sala respondió con una larga y sentida ovación a un montaje que conmueve sin recurrir al exceso y que convierte la memoria en un acto de justicia.

Un relato que rescata una historia silenciada

La sensibilidad del Festival hacia la mirada femenina y el papel de la mujer, tanto en el Siglo de Oro como en la actualidad, encuentra en reVIVIRla uno de sus ejemplos más certeros. Lejos de plantear una reconstrucción histórica al uso, Marta Fuenar y Jon Arráez, autores de la dramaturgia, construyen un relato emocional que devuelve al presente la historia de Francisca de Pedraza, la mujer que logró la que hoy se considera la primera sentencia contra la violencia de género documentada en España.

reVIVIRl no pretende impartir una lección de Historia. Lo que hace es rescatar una vida para dar voz a miles de mujeres que fueron condenadas al olvido.

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reVIVIRla - FITCA - Foto de Pablo Lorente

Sobre un escenario de una austeridad casi absoluta, Marta Fuenar sostiene prácticamente sola todo el peso dramático de la función. Interpreta a Francisca y a otros personajes fundamentales para comprender el proceso judicial abierto en Alcalá de Henares, transitando de unos a otros con una naturalidad admirable. El maltratador nunca aparece físicamente. Se le escucha, pero permanece fuera de las tablas. Una decisión escénica que evita cualquier tentación de recrearse en la violencia y sitúa toda la atención sobre quien la padece y se atrevió a denunciarla.

La fuerza de la palabra y de los silencios

Uno de los grandes aciertos de reVIVIRla es que emociona desde la contención. No necesita artificios ni grandes despliegues escenográficos. Todo está al servicio del relato, la iluminación, los silencios, el ritmo y un lenguaje que, por momentos, adquiere la frialdad de un informe forense para hacer todavía más insoportable la realidad que describe.

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reVIVIRla - FITCA - Foto de Pablo Lorente

Especial protagonismo adquieren las intervenciones musicales de Silvia Criado e Irene Maquiera, que recuperan antiguos refranes populares como «Con la mujer y la mula, mano dura», «Si no me pega no me quiere» o «A la mujer y a la mula todos los días zurra». Frases que durante siglos se transmitieron con absoluta normalidad y que hoy resultan estremecedoras. A partir de ellas se va tejiendo una dramaturgia que ayuda a comprender el contexto social en el que Francisca decidió rebelarse contra un destino que parecía inevitable.

También resulta especialmente significativa la aparición de testimonios masculinos favorables a la víctima, un matiz que enriquece el relato y recuerda que incluso en aquella sociedad hubo quienes decidieron ponerse del lado de la justicia.

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reVIVIRla - FITCA - Foto de Pablo Lorente

Hay dos frases que resumen la esencia del espectáculo. La primera llega cuando Francisca afirma: «Sigo viviendo porque alguien me encontró en un archivo». La segunda, ya en el desenlace, cae sobre el patio de butacas con una fuerza devastadora: «La historia nos ha borrado tanto a todas que no nos ha dejado ni la victoria».

En apenas sesenta minutos, reVIVIRla consigue algo que no está al alcance de cualquier montaje, convertir un episodio casi desconocido de nuestra historia en una experiencia profundamente humana. El público de Almagro lo entendió desde el primer minuto. Quizá por eso, durante toda la representación, el silencio habló casi tanto como las palabras. Y quizá por eso el aplauso final sonó más largo, más cálido y más sincero.

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