Hay lugares que se
visitan para conocerlos y otros que, sin previo aviso, tienen esa capacidad de
transportarnos en el tiempo a través de los sentidos. Brihuega pertenece a esta
categoría de pueblos que conforman el paisanaje del jardín de la Alcarria.
Está situada en la zona
de Guadalajara y junto con otros pueblos conforman los llamados pueblos negros,
que seguro ya conocerán muchos lectores. Conforme vas llegando a esta villa, el
aroma va adquiriendo unos matices extrasensoriales que conforman un lienzo.
El premio Nobel de
literatura, Camilo José Cela, ya quedó cautivado por esta hermosa villa como
así lo manifestó en su libro Viaje a la Alcarria, describiendo una población que hacía alarde
de su fábrica de paños y sus románticos jardines.
Brihuega o mejor dicho,
la pequeña Lavanda española, tal y como se le conoce, se encuentra a caballo
entre dos micro universos, el de su entramado medieval conformado por sus
murallas, las Cuevas Árabes, iglesias y conventos y por otro lado el de las
flores que se adueñan de los campos y cobran su esplendor en pleno mes de
julio.
La palabra lavanda
encierra en sí algunos tesoros de antaño que permanecen cosidos a nuestro
propio legado. La palabra lavanda procede del latín lavare,
"lavar". Los romanos ya perfumaban con ella las termas, el agua del
baño y la ropa. Entre algunas de sus propiedades destacan la relajación, alivio
de las migrañas, antiinflamatorio, etc.
En Brihuega
se respira un pasado histórico que rezuma por sus calles, latiendo a plena luz
del día. Una vez que atraviesas la muralla mudéjar pareciera como si estuvieras
inmerso en un cuento violeta rodeado de paraguas voladores que tejen la bóveda
del cielo con croché. Los puestos del mercado medieval te abrazan y anuncian
que el mes de la flor de lavanda ha llegado.
De pronto,
sin saberlo, el viajero se ve envuelto en productos artesanos que portan el
alma de la lavanda. Bebidas, mieles, quesos, helados y un sinfín de objetos
destilan fragancias de lavanda. Por un instante uno tiene la sensación de
quedar atrapado en una explosión
sensorial que invade todos los sentidos.
Uno de los
lugares más emblemáticos que llama la atención es la antigua Escuela de Gramáticos que D. Juan García
Barranco creó, allá por el siglo XVI, para que los jóvenes sin recursos
económicos pudieran obtener una beca y así estudiar artes clásicas y literatura.
Años más
tarde, la Casa de los Gramáticos fue disputada por varios literatos hasta que finalmente
se la quedó el periodista y escritor vasco Manu Leguineche. Hoy en día forma
parte de la Diputación Provincial de Guadalajara y hace poco se entregó el
Premio de Periodismo en sus preciosos jardines.
Cada rincón parece albergar alguna pequeña historia
que te sorprende. Una poeta llamada Margarita de Pedroso fue el primer amor de Juan
Ramón Jiménez, antes de conocer a su mujer Zenobia. Y según cuentan el padre de la joven Margarita, quien era un
general del ejército no estuvo muy de acuerdo con este noviazgo porque ya se
dio cuenta de las excentricidades del poeta.
De hecho Juan Ramón tuvo que salir huyendo de la casa
de Margarita porque los perros lo persiguieron.
Conforme vamos caminando y nos detenemos frente a lo que fueron los
antiguos conventos, aparece a lo lejos el Museo de Miniaturas del profesor Max.
En realidad se llamaba D. Juan Elegido Millán y fue un afamado médico que
realizaba espectáculos de hipnotismo por todo el mundo.
Como dato curioso de estas miniaturas se puede encontrar la bola de
mundo en la cabeza de un alfiler o ver dibujada una casa de muñecas en una
cerilla.
Mientras observaba y disfrutaba de este paseo, yo me
preguntaba: ¿el cultivo de la lavanda ha estado siempre en Brihuega? Cuando
fuimos a la destilería muchas de mis dudas se disiparon. No fue hasta los años
los años 80 del siglo XX cuando se introdujo la lavanda. Anteriormente, esta
población se había dedicado al cultivo de cereales.
Pero gracias a gente manchega emprendedora que por una
de esas casuísticas visitó la Provenza francesa, se le ocurrió la idea de poder
cultivar la lavanda en su pueblo. Al principio no se le sacó la rentabilidad
que se debiera y no fue hasta que pasaron unos años más cuando Corral, un señor
que se metió de lleno en este tipo de cultivo, trajo las máquinas que se
utilizaban para elaborar los productos de lavanda tal y como los conocemos.
En la actualidad,
la principal fuente de ingresos de esta localidad reside en sus campos del cultivo de la
lavanda y elaboración artesanal de
perfumes, cosméticos y productos gastronómicos. Todo se elabora de forma manual en la destilería y ello
requiere mucho esfuerzo y dedicación, con lo cual muchas veces no es tan
rentable económicamente
Desde aquí lanzo esta propuesta para apoyar a los
pueblos rurales que todavía mantienen su esencia artesanal.
Pero si existe algo que distinga a Brihuega son sus océanos violetas que
ondulan con sus espigas de lavanda al viento saludando al viajero. Miles de
personas viajan desde diferentes puntos geográficos para disfrutar de esta
sinfonía de olores y colores que se respiran en la tierra.
Las puestas de sol al atardecer son mágicas porque es justamente cuando
la luz acaricia las espigas de la lavanda. Y mi recomendación es ir vestido de
blanco para contrastar con sus campos y así obtener unas fotos inolvidables
como si estuvieras en otro paraíso inimaginable.
Aunque reducir este pueblo únicamente a sus campos sería injusto.
Brihuega sigue manteniendo vivas sus tradiciones como es la devoción a su
patrona, la Virgen de la Peña, una
arraigada afición taurina y el Festival de la Lavanda, cuyos conciertos al
atardecer son el alma mater de esta villa.
Entre algunos de estos grupos musicales que han intervenido destacan Los
Secretos, Taburete, el Arrebato, Luz Casal, Rozalén y Duncan Dhu, quienes
añaden un toque cargado de belleza y consiguen esa simbiosis perfecta entre lo
es el amor y la naturaleza a través de sus voces.
Mientras camino entre estos surcos infinitos comprendo que el verdadero
encanto de Brihuega reside en lo que despierta y aflora en nuestros sentidos.
Sembrando una sensación de libertad y desconexión arraigada en la tierra y sus
raíces.
Todo invita a detener el tiempo y dejarte acariciar por el silencio.
Un viaje totalmente recomendable para hacer una escapada y dejarse
embriagar por su fragancia que te llevará de regreso a la infancia.
Aquí dejo este link para descubrir un poco más Brihuega:
Festival de la Lavanda 2026 | Vive
la Magia en Brihuega
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