Las primeras fotografías aparecen casi en silencio. Rostros
serios, miradas perdidas, segadores, podadores, niños, familias enteras posando
con una solemnidad que hoy sorprende. Y, de repente, entre todas esas imágenes,
aparece Tomelloso. Es imposible no detenerse. A partir de ahí, la
exposición 'La huella de la mirada. Fotografía y Sociedad en Castilla-La
Mancha, 1839-1936', que puede visitarse en el Museo de Arte Contemporáneo 'El
Mercado' de Villanueva de los Infantes hasta septiembre de 2027, termina
convirtiéndose en un emocionante viaje por la memoria de toda una región y de
las gentes que la hicieron posible.
Una tierra retratada sin artificios
Comisariada por Publio López Mondéjar, uno de los
mayores especialistas en la historia de la fotografía española, la muestra
reúne 75 imágenes realizadas entre 1839, año en que nació
oficialmente la fotografía, y 1936, cuando el estallido de la Guerra
Civil cerró una etapa decisiva de la historia de España.
No es una exposición concebida para admirar únicamente la
calidad técnica de las fotografías. Su verdadero valor reside en lo que
cuentan. Cada retrato, cada escena cotidiana y cada paisaje constituyen un
documento histórico que permite recorrer casi un siglo de vida en Castilla-La
Mancha.
El visitante descubre una tierra dura, eminentemente
agrícola, marcada por las desigualdades sociales y las dificultades de una
época en la que la educación y las oportunidades no estaban al alcance de
todos. Pero también encuentra una sociedad orgullosa de sí misma, capaz de
mirar al objetivo con una dignidad que atraviesa el tiempo.
Las imágenes proceden tanto de importantes archivos como de
colecciones particulares, ese "archivo popular" al que alude
el catálogo de la exposición. Fotografías conservadas durante décadas en
álbumes familiares o en viejas cajas de zapatos que hoy adquieren un
extraordinario valor documental y emocional.
El recorrido reúne obras de algunos de los grandes nombres
de la fotografía española, como Casiano Alguacil, Luis Escobar, Luciano
Armero, Ricardo Sánchez, Nicanor Cañas o Julián Collado,
junto a retratistas de prestigio como Jaime Belda, Vicente Rubio,
Lucas Fraile o Eugenio Rodríguez, además de la mirada de viajeros
extranjeros como Charles Clifford, Jean Laurent, Levy, Loty
o Roisin, que encontraron en esta tierra un escenario tan austero como
fascinante.
Tomelloso, protagonista de una memoria compartida
Para quienes llegan desde Tomelloso, la visita tiene
un valor añadido. La ciudad aparece representada en algunos de los momentos más
significativos del recorrido, recordando la importancia que alcanzó la
fotografía en una localidad que muy pronto desarrolló una intensa actividad
cultural.
Ahí están la inolvidable imagen de Carrañaca,
convertida casi en un símbolo del Tomelloso popular; los hermanos Quirós
retratados en la Imprenta Osuna en una icónica y conocida instantánea; o
la presencia de Antonio López Torres, cuya figura conecta la fotografía
con una de las grandes tradiciones artísticas de la localidad.
Especial impresión causa la fotografía del duelo de Pedro
Valdepeñas, retratado de cuerpo presente. Una imagen que hoy puede resultar
sobrecogedora, pero que ayuda a comprender cómo la fotografía comenzó también a
formar parte de los rituales familiares y de la manera de preservar el recuerdo
de los seres queridos.
Tampoco pasan desapercibidas las escenas de las segadoras,
los podadores protegidos por aquellas características monteras o las
imágenes del trabajo en el campo. Fotografías que, más allá de su belleza,
ayudan a explicar el carácter de un pueblo forjado entre viñas, esfuerzo y
sacrificio.
Quizá esa sea la mayor virtud de 'La huella de la mirada'.
No idealiza el pasado ni pretende construir una visión romántica de Castilla-La
Mancha. Muestra la realidad tal y como fue: una tierra humilde, trabajadora y
muchas veces castigada por las dificultades, pero también llena de personas que
encontraron en la fotografía una forma de dejar constancia de su paso por el
mundo.
Al abandonar el museo resulta inevitable volver la vista
atrás. Porque después de recorrer estas salas uno comprende que aquellas viejas
fotografías no solo inmortalizaron un instante. Conservaron la memoria de
quienes levantaron nuestros pueblos y explican, mejor que muchos libros, de
dónde venimos. Y en esa historia, Tomelloso ocupa, con todo
merecimiento, un lugar propio.
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Martes, 21 de Julio del 2026
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