Nazareth Rodrigo acaba de asumir el liderazgo del PSOE
de Tomelloso tras el paso a un lado de Inmaculada Jiménez. Directora
general de Asuntos Europeos del Gobierno de Castilla-La Mancha y concejala en
el Ayuntamiento, afronta una nueva etapa política consciente del reto que
supone tomar el relevo de quien ha liderado la agrupación durante casi dos
décadas.
En esta entrevista con La Voz habla de escucha, de
participación, de trabajo en equipo y de rebajar el tono de la confrontación
política. También defiende el trabajo que los socialistas siguen realizando por
Tomelloso desde las instituciones y deja claro que las reivindicaciones históricas
de la ciudad seguirán siendo una prioridad.
—Han pasado apenas unas semanas desde que asumió la
Secretaría General del PSOE de Tomelloso. Le toca coger el testigo de
Inmaculada Jiménez después de casi veinte años al frente de la agrupación. No
parece un relevo cualquiera…
—No lo ha sido. Y, sin embargo, creo que ha sido un relevo
muy natural y muy humano. La decisión de Inmaculada fue una sorpresa para
todos. Yo creo que cayó como un jarro de agua fría no solo entre los compañeros
y compañeras del partido, sino también entre muchos vecinos de Tomelloso. Lo
que ha hecho que todo haya sido diferente ha sido precisamente la manera en que
ella ha afrontado ese paso a un lado. Ha sido muy generosa durante todo el
proceso y yo me he sentido muy arropada por la militancia y también por
muchísima gente en la calle. Eso hizo que aquella asamblea fuera muy
emocionante.
—¿Le costó decidirse a dar el paso adelante?
—Muchísimo. Fue una decisión muy meditada porque hablamos de
una responsabilidad enorme. Después de casi veinte años de liderazgo de
Inmaculada, la agrupación necesitaba un relevo que garantizara continuidad y yo
conocía bien el trabajo que se había venido haciendo porque había formado parte
de su equipo. El respeto que le tengo tanto al cargo como al legado de
Inmaculada hizo que me lo pensara mucho. Pero, al mismo tiempo, el apoyo que
fui recibiendo hizo que esa responsabilidad acabara transformándose en ilusión.
—También ha cambiado su vida personal este año. ¿Qué le
dijeron en casa cuando les comunicó que asumía este nuevo reto?
—Lo viven con ilusión, pero también con preocupación.
Quienes están cerca de ti saben el nivel de dedicación que exige esta
responsabilidad y conocen también la parte menos agradable de la política, la
exposición pública o la crítica. Pero confían mucho en mí. Saben que las
decisiones importantes nunca las tomo impulsivamente y que cuando doy un paso
es porque lo he reflexionado mucho. Y, al final, ese apoyo de la familia es
fundamental.
—La política atraviesa un momento complicado. Hay mucha
desafección ciudadana, ¿no creé?
—Sí, pero precisamente por eso creo que quienes nos
dedicamos a ella tenemos la obligación de demostrar que la política es otra
cosa. Para mí sigue siendo una vocación de servicio. Es verdad que hay
demasiado ruido, demasiada crispación y una imagen que, sinceramente, creo que
nos avergüenza a muchos. Pero la política de verdad está muy lejos de eso. Es
trabajo, esfuerzo, cercanía, humildad y responsabilidad. Los primeros que
tenemos que dar ejemplo somos quienes tenemos responsabilidades públicas.
—Insiste en que detrás de usted
hay un equipo…
—Porque este proyecto no tendría sentido si fuera solo mío.
Hay una persona que lidera, sí, pero detrás hay un equipo que trabaja
muchísimo. Creo profundamente en el trabajo colectivo y también en un liderazgo
participativo. Me gusta escuchar a los compañeros y compartir las decisiones
porque, al final, cada uno aporta una visión distinta y eso siempre enriquece.
—Su número dos es Amadeo Treviño, una persona poco dada
al protagonismo.
—Y precisamente por eso creo que representa muy bien
determinados valores. Hay personas que hacen un trabajo silencioso de enorme
valor. Estar en un segundo plano nunca determina la valía de nadie.
—Ahora le toca compatibilizar la Secretaría General, la candidatura
a la Alcaldía con la Dirección General de Asuntos Europeos, el Ayuntamiento… No
parece sencillo.
—La verdad es que el encaje de bolillos ya era complicado
antes y ahora todavía lo es más. Poner en marcha un proyecto político nuevo
exige muchísimo tiempo. Estoy manteniendo reuniones con asociaciones,
colectivos, empresas, comerciantes y vecinos porque quiero escuchar mucho antes
de plantear propuestas. Eso significa trabajar prácticamente de lunes a
domingo, pero también es verdad que llevo muchos años funcionando así. Hay algo
que hace que ese esfuerzo merezca la pena, la ilusión. Es el motor que
mueve absolutamente todo.
—Sus adversarios políticos sostienen que ni usted ni
otros dirigentes socialistas con responsabilidades institucionales hacen lo
suficiente por Tomelloso. ¿Qué hay de cierto en esa afirmación?
—Me parece una crítica muy fácil y
bastante vacía. Cualquier persona que tenga un mínimo interés puede comprobar
el trabajo que realizamos. A veces es más visible y otras veces no tanto, pero
detrás de cualquier proyecto hay muchísimo trabajo que no aparece en una
fotografía.
En mi caso, además, mi responsabilidad como directora
general tiene una dimensión europea muy importante, pero también está muy
presente aquí. Hemos conseguido que actividades europeas lleguen a Tomelloso,
que encuentros institucionales se celebren aquí y que la agenda europea también
tenga presencia en nuestra ciudad. Y eso no es casualidad. Si hay algo que
forma parte de mi manera de entender la política es que donde estoy yo, está
Tomelloso conmigo.
—En La Voz llevamos años insistiendo en la reivindicación
del tren y sabemos que Europa apuesta claramente por el ferrocarril como medio
de transporte del futuro. Usted está ahora precisamente "en la
pomada" europea. ¿Puede ayudar Europa a que la reivindicación del tren
para Tomelloso dé ese impulso definitivo?
—Europa apuesta claramente por infraestructuras sostenibles
y eficientes como el ferrocarril. Eso es indudable. Pero, en este caso, el
primer paso no depende de Europa. Antes es necesario que el Estado incorpore la
integración ferroviaria de Tomelloso y Argamasilla de Alba al nuevo Plan de
Infraestructuras. Ese es el punto de partida y ahí estamos trabajando desde la Comisión
por la Integración Ferroviaria de Tomelloso y Argamasilla de Alba. Pero también
desde el Ejecutivo regional, coordinándonos con el Gobierno de España para
trasladar que esta reivindicación histórica tiene que convertirse de una vez en
realidad.
—Después de lo ocurrido en las Cortes regionales donde no
salió adelante ninguna de las tres mociones que pedían el tren por Tomelloso,
¿han aprendido todos la lección?
—Yo creo que sí. Y esa lección tiene un nombre, unidad. La
Comisión por la Integración Ferroviaria es un magnífico ejemplo porque estamos
representados todos los partidos políticos y también las asociaciones. Naturalmente
tenemos diferencias, pero todos sabemos que si no somos capaces de transmitir
una imagen de unidad será mucho más difícil conseguir algo que llevamos
reclamando durante tantísimos años.
—¿Está ya pensando en el programa electoral?
—Creo que todavía es pronto para hablar de un programa
electoral. Apenas hace unas semanas que asumí la Secretaría General y, antes de
pensar en ese horizonte, hay algo que considero mucho más importante, definir
la dirección política que queremos para la agrupación.
Quiero escuchar mucho. Escuchar qué funciona, qué creen los
vecinos que se puede mejorar, hablar con asociaciones, colectivos,
comerciantes, empresas, autónomos... El sentir de la ciudadanía tiene que
ser la base sobre la que construyamos cualquier propuesta. Estoy convencida
de que ahí encontraremos ideas que enriquecerán muchísimo el proyecto para
Tomelloso.
—A pesar de ello, ¿tiene alguna cuestión especialmente
clara?
—Sí, la tengo. Tomelloso necesita una biblioteca
municipal y, para mí, eso es innegociable. No entiendo cómo, después de
haberse adquirido unos terrenos para ese fin, de haberse realizado una
demolición y de existir un proyecto muy avanzado, la propuesta actual termine
reduciéndose a treinta y seis o treinta y siete plazas de aparcamiento. Nosotros
defendíamos una biblioteca moderna, a la altura de una ciudad como Tomelloso, y
ese proyecto ya contemplaba también plazas de aparcamiento. De hecho, planteaba
más de un centenar. Creo sinceramente que la ciudad ha perdido una oportunidad
muy importante.
—Se les reprocha que el PSOE reivindique constantemente
proyectos iniciados durante el pasado mandato. ¿No cree que ese mensaje termina
generando más controversia que reconocimiento?
—Nuestro trabajo, igual que el de cualquier gobierno
municipal, siempre ha sido para Tomelloso. Lo importante no es quién corta la
cinta, sino que los proyectos salgan adelante. Ahora bien, también creo que debe
existir un mínimo de lealtad institucional. Cuando un equipo de gobierno llega
y encuentra proyectos prácticamente terminados, creo que lo elegante es
reconocer el trabajo realizado anteriormente. Lo hemos visto en otros
ayuntamientos. No cuesta nada decir que una obra ya estaba encaminada o
agradecer el trabajo de quienes la impulsaron. No se trata de ponerse
medallas; se trata de respetar el esfuerzo realizado y la propia institución.
—Las reivindicaciones históricas de Tomelloso —el tren,
las infraestructuras, determinadas inversiones—, ¿van a seguir siendo una
prioridad para usted?
—Lo son ya. No es algo que vaya a ocurrir en el futuro. Son
una prioridad desde este mismo momento. Muchas veces ese trabajo no se ve
porque no siempre acaba en una fotografía o en un titular, pero se está
haciendo. Allí donde tenemos responsabilidad institucional seguimos defendiendo
los intereses de Tomelloso. Y seguiremos haciéndolo porque esas
reivindicaciones llevan demasiados años esperando.
—La crispación nacional parece haber llegado también a la
política municipal y eso, quizá, resulta todavía más llamativo en un pueblo
donde todos nos conocemos…
—Es algo que me preocupa mucho. Al final somos vecinos.
Coincidimos en la calle, en los comercios, en las fiestas, en los actos
culturales... No creo que ningún tomellosero disfrute viendo cómo esa
crispación se instala también aquí. Durante muchos años hemos mantenido una
relación cordial entre los distintos grupos municipales. Podíamos discrepar
profundamente, pero había respeto personal. Y esa normalidad creo que se ha ido
perdiendo.
—Pero, alguien tendrá que dar el primer paso para que la
situación vuelva a normalizarse, ¿no creé?
—Yo, desde luego, seguiré haciéndolo. Siempre saludo a los
compañeros cuando coincidimos. Creo que es lo normal. Otra cosa es que, si uno
se encuentra sistemáticamente con el silencio, termine por cansarse. Pero mi
disposición siempre será la de centrar el debate en los problemas de la ciudad
y no en los enfrentamientos personales.
—Las noticias que hablan de acuerdos suelen tener mejor
acogida entre los lectores que las que reflejan broncas políticas. Los vecinos
quieren verles trabajar a todos juntos…
—Estoy completamente de acuerdo. De hecho, en el último
pleno apoyamos dos propuestas planteadas por el equipo de gobierno y por Vox
porque entendíamos que eran buenas para Tomelloso. Incluso una de ellas nos
habría gustado que saliera como una declaración institucional de toda la Corporación.
Sin embargo, el tono volvió a ser bronco. Y creo que eso no responde a lo que
esperan los vecinos.
—¿Cuándo van a dejar los políticos, de uno y otro signo,
de intentar derrotar dialécticamente al adversario en cada intervención para
empezar a convencer realmente a los ciudadanos?
—Esa es exactamente la política que yo quiero hacer. Quiero
recorrer los barrios, hablar con comerciantes, asociaciones, empresas,
autónomos, escuchar a la gente y construir desde ahí una propuesta de ciudad. No
quiero un periodo político en el que la preocupación diaria sea qué han dicho
de mí o cómo responder a un insulto. Quiero dedicar mi tiempo a solucionar los
problemas de Tomelloso.
La ilusión con la que afronto esta nueva etapa tiene mucho
más que ver con hacer propuestas que con alimentar la confrontación. Es verdad
que en ocasiones uno también tiene que responder porque no puede permitir que
determinadas acusaciones queden sin contestación. Pero eso nunca puede
convertirse en el centro de la acción política. El foco tiene que estar
siempre en Tomelloso.
—Para terminar. ¿Cómo imagina su futuro?
—Ojalá tuviera una bola de cristal... Lo que sí tengo claro
es una cosa. Mi pasado, mi presente y mi futuro están ligados a Tomelloso. He
tenido oportunidades para vivir fuera y nunca he querido desvincularme de mi
ciudad. Siempre he querido estar aquí, participar en la vida de Tomelloso,
acompañar a sus asociaciones, implicarme en sus proyectos y trabajar por esta
tierra. Para mí, antes, ahora y mañana, la prioridad seguirá siendo
Tomelloso.
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