A media mañana en la Mercería Tere Pelayo hay pocos
momentos para la calma. Entran y salen las clientas, el teléfono suena y Belén
Puerta atiende al negocio y al periodista sin perder el hilo. «Perdona un momento»,
se excusa en más de una ocasión, pero es el ritmo habitual de una tienda que
lleva más de cuarenta años formando parte de la vida comercial de Tomelloso.
Además, siempre es un placer charlar con la responsable del negocio que
este año recibirá el Viñador en el ámbito económico 2026.
Belén —como no podría ser de otra manera— agradece el
reconocimiento, pero insiste desde el principio en que el premio tiene una
destinataria muy clara, su madre, Teresa Pelayo. Ella abrió el negocio
hace 43 años y convirtió una pequeña mercería en un comercio de referencia para
varias generaciones de tomelloseros.
«Me alegré por mi madre. Pensé en todo lo que había
trabajado para sacar esto adelante», recuerda al evocar el momento en que
el alcalde y la concejala de Cultura les comunicaron la noticia. Hoy puede
parecer normal que una mujer abra un negocio, pero no lo era cuando su madre
levantó la persiana por primera vez, señala. «Ahora no llama la atención,
pero entonces era diferente. Ella fue muy valiente y este reconocimiento
también habla de aquello».
Belén recuerda bien los inicios. Había mucho trabajo y también
muchas incertidumbres, como ocurre en cualquier pequeño comercio. La ayuda de
la familia fue fundamental y menciona especialmente a su abuelo Antonio, una
figura que sigue muy presente cuando habla de aquellos primeros años.
Mucho más que vender
La conversación deriva pronto hacia las personas que han
dado sentido a la tienda durante todo este tiempo. Belén menciona primero a Alicia,
que lleva treinta años trabajando en la mercería y a la que considera parte
imprescindible de la historia del establecimiento. Después habla de las
clientas, sin las que entiende que nada de esto habría sido posible. «Ellas
son el alma de la tienda. Sin nuestras clientas no seríamos nadie».
Hay una frase que resume bien la filosofía del
establecimiento y que Belén repite a menudo. «Somos una tienda de mujeres
para mujeres». Aunque suene a eslogan, es una forma certera de explicar la
historia de la mercería que comenzó con Teresa Pelayo hace 43 años.
Lo cuenta Belén Puerta con una naturalidad y una certidumbre
pasmosa, no en vano lleva toda la vida a aquel lado del mostrador. Ella, su
madre y Alicia ha visto pasar varias generaciones de tomelloseras y ha
terminado conociendo a muchas personas mucho más allá de la relación comercial.
«Hay gente que viene desde hace tantísimos años que ya forma parte de tu
vida”.
Ese vínculo explica también por qué sigue disfrutando del
trabajo diario. «Yo aquí soy feliz». No necesita darle muchas vueltas para
justificarlo, solo lo enfatiza con una sonrisa.
A Belén le gusta preparar los escaparates, ordenar los muestrarios, buscar
novedades o pensar cómo presentar un producto. Son tareas que siguen
ilusionándola después de tantos años. Incluso bromea para resumir esa
sensación. «Siempre digo que, si me dejaran aquí una sandía y un cuchillo,
podría pasar el día entero sin salir”.
Adaptarse sin perder la esencia
Aunque el establecimiento —mercería, lencería, corsetería y
complementos— conserva el trato cercano de siempre, el negocio también ha
sabido adaptarse a los cambios. Las redes sociales han abierto una nueva forma
de llegar a las clientas que antes difícilmente habrían conocido la tienda.
Cada vez reciben más visitas de personas de otras localidades o pedidos que
llegan a través de internet. «Hay gente que nos descubre por TikTok o por
Instagram y decide venir a conocernos”.
Belén cree que esa capacidad para evolucionar es necesaria,
pero sin renunciar a aquello que distingue al pequeño comercio, conocer a quien
entra por la puerta, aconsejar y dedicar tiempo a cada persona.
También reivindica el comercio de Tomelloso,
convencida de que muchas veces son quienes vienen de fuera quienes mejor
valoran la oferta de la ciudad. «Nos dicen que aquí tenemos un comercio muy
bonito y a veces nosotros mismos no nos damos cuenta». Ese compromiso con el pequeño comercio
también la llevó durante años a formar parte de la Junta Directiva de la
Asociación de Empresarios de la Comarca de Tomelloso. Desde allí conoció de
cerca las preocupaciones de muchos comerciantes y la importancia de trabajar de
forma conjunta para defender un sector que atraviesa continuos cambios.
Los premios —ya son varios los recibidos—, reconoce, siempre
animan a seguir trabajando. «Te hacen ilusión porque entiendes que alguien
está valorando el esfuerzo de tantos años”.
Dentro de unos días subirán al escenario del Marcelo Grande
a recoger el Viñador en el ámbito económico. Belén sabe que será un
momento especial, pero, después de hablar con ella, da la impresión de que el
premio ya lo recibe cada mañana, cuando levanta la persiana y vuelven a entrar
las clientas. Ellas ayudan a explicar por qué una mercería abierta hace 43 años
sigue formando parte del día a día de Tomelloso.
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Jueves, 6 de Agosto del 2026
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