Indiscutiblemente, este verano de 2026 no es un
plácido verano de sombrilla y botijo. España está atrapada en varios conflictos
preocupantes que mantienen en alerta a los políticos, a las fuerzas de
seguridad, al ejército, a protección civil, a la guardia civil, a jueces,
fiscales y al resto de colectivos. España arde y España es abordada por una
preocupante masa de personas que han violentado la frontera con nuestro vecino
país de Marruecos a través de los límites de la ciudad autónoma de Melilla.
Pero es cierto que estas malas noticias se han visto
amortiguadas por nuestra meritoria Copa del Mundo de fútbol y, pasado mañana,
por el privilegio de ver un eclipse solar que está atrayendo a nuestro país a
todo tipo de turistas para contemplar esta magnífica alineación de tres cuerpos
celestes: Tierra, Sol y Luna.
Sin embargo, hay un velo de preocupación y malestar en
la ciudadanía, que está encajando buenas y malas noticias en medio del verano
más caluroso del que se tenga registro en los anales climatológicos de este
país.
Con las gafas para ver el eclipse en el bolsillo y
pendiente de las noticias, me dispongo a escribir este artículo que no desearía
redactar, por sembrar malas noticias y malos augurios para este verano.
Si les interesa saber de los eclipses, aparte de la
maravillosa confluencia de la mecánica celeste a la que se acogen los astros,
deberían también buscar algo de información sobre el significado que la
historia ha venido dando a estos fenómenos astronómicos. Descubrirán que para
nada eran bien venidos los eclipses en la antigüedad, aunque eso sí, más de un
romano, griego o egipcio se quedaría ciego por mirar los eclipses de aquella
época. Lo cierto es que los eclipses eran presagio de malos augurios para los
pueblos y, en casi todas las religiones de la antigüedad, eran muy rechazados.
En este caso, el eclipse, al igual que la Copa del
Mundo, está sirviendo para distraer (?) a los españoles de otros asuntos no
menos importantes, pero sí ciertamente preocupantes.
Ceuta vive la mayor invasión de emigrantes de su
historia. Tan avasalladora invasión ha colapsado la ciudad y ha obligado a
ministros y al presidente —aun el rey no ha ido— a visitar la ciudad fronteriza
para sembrar tranquilidad y confianza, misión imposible esta para los
ciudadanos. La cosa no pinta bien, y para apoyarme en mi temor les doy algunos
datos que espero que mediten en los ratos libres de eclipses y celebraciones
futbolísticas. Me refiero al vergonzoso espectáculo del gobierno italiano encabezado
por la señora Meloni, el silencio de nuestra presidenta europea Ursula von der
Leyen, la sonrisa de Trump aleccionando al pueblo sobre las consecuencias de la
emigración, y, finalmente, la dudosa gestión del gobierno marroquí ante el
hecho de la invasión.
No soy ni político, ni racista, ni nacionalista, ni de
derechas ni de izquierdas; hace tiempo que abandoné esas trincheras en mi
existencia. Ahora me creo con el derecho de poder opinar respetuosamente, eso
sí, de lo que nos acontece. Parece ser que el CNI español no supo nada de este
asunto ni pudo advertir al gobierno como es su obligación por mandato
constitucional. Sospecho que no ocurrió lo mismo con los servicios secretos
gubernamentales de Marruecos, que, dicho sea de paso, tienen fama de ser muy
eficaces.
Lo cierto es que decenas de miles de ciudadanos,
movidos por no se sabe qué ocultos servicios de información, se presentaron en
Melilla para conquistar la tierra prometida... perdón, la tierra que les habían
prometido, no se sabe quién. Más de 100 personas perecieron ahogadas en el
intento de alcanzar la libertad (?), una vida mejor o vaya usted a saber lo que
les prometieron en el momento de decidir cruzar el mar.
Se le junta mucho al señor Sánchez, pero es hombre de
anchas espaldas y torea como puede estas adversidades: los unos le censuran,
los otros le aplauden y los demás, la mayoría, vemos con espanto el escenario.
Giorgia Meloni nos quita unilateralmente el privilegio de ser zona Schengen y
cierra fronteras; ella, quiero decir Italia, que es la puerta oficial y
principal de la inmigración subsahariana. El colmo del cinismo. España,
enfadada por esta afrenta diplomática, decide lo propio en un acto de torpeza
diplomática sin parangón, aplicando la ley del talión para con esto lavar la
cara de nuestro gobierno y ponernos a la cabeza de la defensa de los derechos
humanos, nada más incierto en el mercado de la política, por donde quiera que
ustedes lo analicen. A los derechos humanos Europa —lo digo claro— le vienen a
dar lo mismo. Sí, señora presidenta de la Europa comunitaria, Ursula von der
Leyen, ¿por qué usted no dice esta boca es mía?
Saben ustedes que Marruecos recibe dinero europeo para
colaborar con el tema de la emigración, seguro que lo saben, claro que sí. Sin
embargo, el presidente de España en los primeros momentos dijo que la relación
y colaboración con el gobierno marroquí era excelente, a lo que algún ministro
o ministra puso ciertas pegas, sí, ¿lo sabían? Con ese dinero que coge el
gobierno marroquí debería aplicarse para lo que está destinado, pero sospecho
que no es así.
En este escenario no se olviden del esperpéntico
personaje Donald Trump, que está preparando su siguiente metedura de pata (?),
esta vez creo que se vendrá al área del conflicto, donde departirá un sabroso
té moruno con las autoridades del país vecino. Para el que no lo sepa, las
relaciones de Marruecos con EE. UU. son muy cordiales. Sepan mis amigos
lectores que Marruecos no solo es la frontera con Europa, sino que es la puerta
de África.
No quiero que me acusen de maquiavélico —no lo soy—,
ni tampoco de polemista ni fundamentalista de ninguna causa, pero les tengo que
decir que hasta ahora las guerras se resuelven con misiles y drones, y creo que
se avecinan guerras que utilicen “drones humanos”, pobres personas que buscan
un porvenir mejor que lo que dejan en sus países y por loque pagan con sus
vidas. Sí, he dicho humanos, porque el ser humano no tiene freno ni hartura
cuando se trata de ejercer el poder y la ambición. Decenas de miles de personas
asaltando una frontera pueden ser una estrategia de invasión, de guerra, de
hegemonía y, por supuesto, de una felonía indescriptible. Pero eso se da, y lo
tenemos a unos kilómetros de nuestro país. Marruecos, de una u otra forma, lo
disfracemos como lo disfracemos, está creando serios problemas de vecindad. No
se ha ocultado nunca de expresar su reivindicación de estas ciudades
fronterizas, Ceuta y Melilla, como ya hace tiempo reivindicó las Islas
Canarias.
No entiendo de diplomacia ni de geopolítica, pero ya
hay serios indicios de bajada de la guardia por parte de nuestro gobierno y,
espuriamente, por parte de nuestro presidente, manteniendo unas supuestas relaciones
especialmente cordiales con Marruecos. No hace mucho abandonó al pueblo
saharaui en manos de sus enemigos, el pueblo de Marruecos. Esto no es
politiqueo de ingenuos y pueblerinos, esto es una realidad denunciada por las
firmas de intelectuales, pensadores y políticos de dentro y de fuera de nuestra
querida España.
Espero que investiguen lo que pensaban en la Edad
Media de los eclipses, que no tengan miedo de nada, pero que sean críticos. Hay
un momento en la vida en el que conviene detenerse y preguntarte: ¿a dónde me
llevan? Sean felices.
{{comentario.contenido}}
Eliminar Comentario
"{{comentariohijo.contenido}}"
Eliminar Comentario
Martes, 11 de Agosto del 2026
Martes, 11 de Agosto del 2026
Martes, 11 de Agosto del 2026