Deporte

La huella imborrable de un zurdo exquisito

Doce años después de su muerte, el mundo del deporte de Tomelloso y la región sigue añorando a Miguel Moreno

Carlos Moreno | Miércoles, 12 de Agosto del 2026
{{Imagen.Descripcion}} Miguel Moreno aparece junto a Higinio Ponce recibiendo un trofeo Miguel Moreno aparece junto a Higinio Ponce recibiendo un trofeo

El 21 de junio de 2014 un  accidente de tráfico acaba con la vida de Miguel Ángel Moreno Rodrigo. El futbolista tenía 44 años y su repentina muerte causa una honda conmoción entre sus seres queridos, su extensa legión de amigos y en el mundo del deporte donde había escrito bellas páginas. La de Miguel Moreno será una vida corta, pero de las que dejan huella. 

Doce años después todavía permanece latente el recuerdo de un futbolista de técnica exquisita, con físico poderoso para adueñarse  de la banda izquierda, noble a más no poder  y una indiscutible clase que le hizo brindar grandes tardes de  fútbol. Cuando los aficionados de Tomelloso hablan de los mejores futbolistas de todos los tiempos que ha visto nacer la ciudad el nombre  de Miguel Moreno, inevitablemente y con toda justicia, siempre aparece.

Desde muy temprana edad mostró que había madera de gran futbolista, de complexión física fuerte, virtuoso con el balón, luchador, de  espíritu ganador siempre… Al mismo tiempo que asomaban las virtudes futbolísticas, Moreno iba completando un brillante curriculum académico. Y aún sacaba tiempo para ayudar en la agricultura de la familia.

Con la trayectoria de Miguel Moreno se cuenta también un trozo importante de la historia del fútbol de Tomelloso.  Trece temporadas jugó en el Tomelloso, con 368 partidos jugados y 35 goles en su haber.  Lástima que no estén contabilizados sus centros y pases de gol que fueron muchos más.  Aportó decisivamente para la consecución de cuatro campeonatos en tercera división (dos con Manolo Chico, uno con Loren Navarro y otro con Pedro Sánchez de la nieta como entrenadores) y formó parte del inolvidable equipo que batió el record de España de partidos invicto en la temporada 95-96. También integró el del último ascenso a 2ªB en la temporada 2002-2003, que vino acompañada de la final de la Copa Federación ante el Avilés. Uno de los campos de la Ciudad Deportiva, el que está rodeado de la pista de atletismo, lleva su nombre.


Los pulsos  se aceleran en el vestuario cuando se acerca la hora del comienzo del partido. La final provincial de alevines se juega en Almagro, bajo un sol primaveral que pica; sin apenas viento y el olor a humedad del arcilloso campo recién regado. Los rostros de los jóvenes futbolistas son un torrente de ilusión y ganas, algunos botan el balón para atemperar nervios, otros rezan, los más observan con respeto a los rivales del Mesón Bisabuelo de Ciudad Real, otros miran a los  familiares que permanecen expectantes en la grada y alguno se salta el ritual de no tocar la preciada copa que hay en juego. El árbitro toca el silbato y el partido comienza; pronto quedará bien claro que quien gobernará el partido será Miguel Moreno. En sus primeras intervenciones se ha ido ya varias veces de su marcador, ha probado al portero con dos potentes disparos, ha conducido la pelota con poderío. Sus compañeros saben y sienten, que teniendo a Moreno será difícil que se pueda escapar esta final.  

Miguel Moreno destacaría ya en un recordado equipo alevín del Polideportivo Tomelloso que fue campeón provincial. Una magnífica generación de jugadores que integraban Luis Felipe, Peinado, Rafa, Juan Poveda, Moya, Ponce, Jacinto, Serna, Rafa, Chuso o Nelín, entre otros. Nelín guarda en el cofre de su memoria aquella final. “Jugamos en Almagro y le ganamos al Mesón Bisabuelo, un equipo de Ciudad Real. José Andrés López Vázquez era el entrenador y el equipo era magnífico, pero Miguel destacaba, sobre todo, en lo físico. Casi todos éramos unos tirillas y él era un portento que no se cansaba de correr, pedir la pelota, tirar a portería y hacer las jugadas tal y como las pensaba”.

La de Almagro no sería la única final para Miguel Moreno. Al año siguiente, el Polideportivo disputaría la final  provincial de infantiles ante el Alarcos, en Manzanares, con dolorosa derrota en los penaltis, pero un año después, con los mismos equipos en liza,  el triunfo sonríe a los tomelloseros.   La buena singladura continuó en su primer año de juveniles logrando ser campeón de grupo y accediendo  que a una segunda fase, donde ganó una plaza de ascenso a la categoría nacional.

Vicente Valentín, futbolista primero y árbitro después, mantuvo una estrecha relación con Miguel Moreno. Coincidieron dos años en el infantil y un año en el juvenil  del Polideportivo Tomelloso, club de cantera resultante de la fusión del Tomelloso OJE y Educación y Descanso  fraguada allá por 1980, que luego sería absorbido por el Atlético Tomelloso. “Jugábamos cerca el uno del otro, Miguel de interior y yo de extremo. Él  reunía unas cualidades portentosas y me servía balones muy buenos, pero, claro, yo estaba lejos de su nivel. Creo que esa cercanía que teníamos en el campo, influyó para que fuéramos grandes amigos”. Valentín recuerda con admiración a un futbolista que era muy competitivo, “siempre trabajaba para mejorar. Se iba a las cuatro porterías que había detrás de la muralla del campo de fútbol y se dedicaba a golpear solo con la derecha. Quería mejorar la diestra y complementar  su izquierda que era maravillosa”.


Grandeza en el campo y fuera. Valentín disfrutó de la amistad de una persona noble, con carácter a veces difícil, pero dispuesto a ayudar siempre a las personas que le rodeaban. “Es que es motos, - me contaba, Eusebia, su madre-, pero Miguel era una persona excelente,  que llevaba con disciplina espartana  el deporte y  los estudios”.

Valentín vivió de cerca la primera gran encrucijada que la vida puso delante a Moreno. “El secretario técnico del Español, García de Andoáin, que antes había militado en equipos como el Alavés, estaba loco por llevarlo a  Barcelona, pero a Miguel le pareció demasiado lejano Barcelona y, quizá, por ese motivo se decantó por el Atlético de Madrid que lo incorporó a sus filas poco después. En el Atleti jugó en una potente división de honor, en un recordado equipo de cantera que llevaba Antonio Seseña ”. Valentín devoraba las crónicas que aparecían en el As y en las que casi siempre le daban muy buenas calificaciones a Moreno, muchas veces los tres ases, que equivalían a una actuación sobresaliente.  “Pero él no se sintió a gusto del todo, y al año siguiente se vino a Mota del Cuervo. A lo mejor en el Español le hubiera ido mejor. No lo sabemos, pero atesoraba nivel para haber llegado muy lejos en el fútbol”.

Esas mañanas de domingo de fútbol base en la Ciudad Deportiva son un delicioso aperitivo para aficionados que horas después acudirán al templo del Bernabeu a presenciar el partido del primer equipo. Disfrutan mucho viendo a esos juveniles virtuosos que los grandes clubes seleccionan y reclutan procedentes de diversos puntos del país. Los técnicos irán moldeando con mimo, tanto al futbolista como a la persona. La mañana es especial porque el Real Madrid se enfrenta al Atlético y en las filas colchoneras se alinea Miguel Moreno. En los dos lados se ven controles de lujo, perfectos golpeos en largo y en corto, destreza en los regates, hábiles conducciones, entradas de impecable ejecución, coordinación para acomodar el cuerpo en los disparos…Moreno incomoda a su marcador por la izquierda, el Atlético tiene más tiempo la pelota parece imponer el ritmo del partido, prueba varias veces a Santi Cañizares, pero dos latigazos del Madrid a la contra acaban decantando el duelo a favor de los blancos.

Hombre relevante en los inicios de las carrera futbolística de Miguel Moreno será  José María Palacios, entrenador de Tomelloso que tras una importante labor en el fútbol base del Tomelloso OJE y Polideportivo entrenaría después en categoría absoluta al Cervantes, Atlético Pedro Muñoz, La Solana y Villarrobledo. “La generación de Miguel Moreno, aquella de1970, era muy buena.  Jugamos tres finales seguidas, una en alevines y dos en infantiles y logramos el primer puesto en el grupo de juveniles, -rememora-.  Fue aquella época en la que se empezó a entrenar con cierta formalidad y regularidad en categorías que estaban por debajo del  juvenil. La poca disponibilidad de campos hacía que nos ejercitáramos, a veces, en el campo del Instituto de BUP, hoy Eladio Cabañero o en el parque, incluso hicimos algunos entrenamientos en la plaza del Barrio del Carmen. La ilusión desbordante compensaba los pocos medios que teníamos para trabajo”.

“Era un jugador diferencial, todo corazón y con mucha calidad en sus botas”,  sigue diciendo Palacios-.Vivía el fútbol con desbordante pasión, tanto es así que se fabricó en su casa un pequeño gimnasio para mejorar su condición física. Paralelamente, llevaba sus estudios de forma impecable y todavía sacaba tiempo para ayudar en la agricultura de la familia, junto a su padre, Mariano, y su hermano José Antonio . Su padre decía que era todavía pequeño, que no hace falta que ayudara, pero siempre que podía, se iba con ellos”.


Palacios acompañó a Miguel Moreno a realizar unas pruebas con el Real Madrid. Estuvieron tres días y causó buena  impresión a técnicos del club tan reputados como Vicente del Bosque o Mariano García Remón.  Sin embargo, el que lo acabaría fichando sería el otro gran club de la capital, el Atlético de Madrid, donde coincidió con Roberto Solozabal, que comandó la defensa del doblete rojiblanco en el 96 y Cidoncha, futbolista de largo recorrido que vivió su mejor etapa en el Real Valladolid en primera.

Había siempre una rivalidad canalla en los duelos entre el Gimnástico de Alcázar y Tomelloso. Quedan apenas tres o cuatro minutos para el final y el Gimnástico va ganando dos a uno. El Tomelloso busca la igualada, arrincona a los alcazareños en torno a su área y amenaza en todas sus llegadas. El árbitro señala una falta, unos tres metros fuera del área, algo escorada a la derecha, ideal para un zurdo. El lanzamiento tiene claro dueño:  Moreno. Coge el balón, lo acaricia y lo coloca con extrema delicadeza en el punto que el árbitro ha señalado la falta. Mira la posición de la barrera y del portero, retrocede unos pasos hacia atrás y espera que  el colegiado ordene el lanzamiento. Toma carrerilla, golpea con empeine interior, con el cuerpo hacia delante. La trayectoria del balón se va abriendo y acaba entrando en la portería tras pegar en la cruceta. Golazo. Pepe López, portero alcazareño, no se lo cree. 

Laureano Olmedo, directivo del Tomelloso en varias etapas y uno de los fundadores de la Escuela de Fútbol, es una las personas que más complicidad y cercanía tendría con Miguel Moreno a lo largo de su vida. “Siempre mantuve una relación especial con él, tanto en el fútbol y aún más  por su trabajo en mi empresa donde llevó a cabo una labor muy profesional, innovando constantemente . Cuando paso por la casa de sus padres donde vivió, me llegan muchos recuerdos”. Olmedo rememora las prestaciones de un futbolista “muy completo, con técnica y gran golpeo de balón, que lo daba siempre todo en el campo. Era muy perfeccionista y casi nunca acababa contento con sus actuaciones, pero nos dejó estupendas de fútbol”. Compartió época con otros grandes futbolistas de Tomelloso como Treviño, Lope, Navarro y otros, que no eran de aquí,  pero como si lo fueran, Dani Soria y Luismi, “formando un sano núcleo de vestuario que ayudó a conseguir  grandes logros, entre otros, el último ascenso a 2ªB”. Explica Olmedo que con otro gran icono del fútbol local, Jesús Ubeda, Miguel mantuvo una curiosa relación, “discutían mucho, pero no podían pasar el uno sin el otro y el destino quiso que solo hubiera  unos pocos meses de diferencia entre la muerte de uno y otro, muy prematuras y muy dolorosas las dos”. 

No fue Miguel Moreno un trotamundos del fútbol, en su dilatada trayectoria habrá  pocos equipos. Acabada su etapa juvenil recaló en Mota del Cuervo y todo lo demás ya fue en el Tomelloso, a excepción de una temporada en el Gimnástico de Alcázar, aventura que compartiría con Rodri, el gran defensor y primo de Miguel que también nos dejó con solo 48 años , y Luis Sánchez. El hombre que dirige actualmente la Escuela de Fútbol de Tomelloso elogia las cualidades de un futbolista y sentencia sin dudar: “ha sido la mejor zurda que ha tenido el fútbol de Tomelloso”.  Sánchez extiende su calidad deportiva al lado humano. “A nadie le decía que no, ayudaba siempre, era un compañero excepcional”. Pero a la vez recuerda esa fragilidad mental que aparecía cuando las cosas se torcían. “Los rivales lo sabían e intentaban sacarlo del partido”.


 La jugada tantas veces repetida. Moreno se hace con la pelota en la izquierda, encara a su par y lo desborda en el uno contra uno, saliendo hacia fuera. Cerca de la línea de fondo, saca un centro potente y preciso, con diabólica rosca, que será complicado de defender para el portero y  los zagueros rivales. Lo sabe bienTreviño, presto para atacar el espacio al primer palo, al segundo o a  esa zona más despejada que queda entre centrales y medio centro y que las defensas muchas veces descuidan. Moreno la pone  dónde y cómo quiere y el delantero de fino olfato, con el que se entiende con una simple mirada, aparecerá para conectar el remate a gol. El centro en carrera viene a ser una de las acciones técnicas más difíciles de ejecutar en el fútbol, no tanto  para Miguel Moreno que tiene un guante en su bota izquierda y dibuja centros que son golosinas para los compañeros que esperan en el área.

Treviño añora esa mágica compenetración con Moreno que tanto rédito le diera al Tomelloso de los años 90. “Fue un compañero muy especial, con el que me entendía dentro y fuera del campo, de hecho trabajamos juntos muchos años en Limpiezas Olmedo. Me decía, Trevi te las pongo como a Fernando VII, solo tienes que poner la cabeza y va para dentro”. El delantero que más goles ha marcado en la historia del fútbol tomellosero asegura que”por mucho que se le complicara la jugada o palos que le dieran, que le solían dar bastantes porque los laterales sabían de su enorme clase,  el centro lo acababa sacando. Destacaba por su fuerza,  calidad y espíritu de sacrificio. Como tenía el tren inferior muy desarrollado, solía tener problemas musculares”. 

Especialista en servir goles, Moreno también marcó algunos de bella factura y Treviño fue testigo privilegiado. “Recuerdo algunos en Socuéllamos, La Solana, Bolaños…aquí en Tomelloso también. Del que más me acuerdo fue de un centro chut que pegó en el palo y acabó entrando.  Era también muy buen lanzador de faltas”.

Treviño valora el carácter y forma de ser de un jugador que era feliz haciendo grupo. “Cuando nos fuimos retirando, era el que nos juntaba para alguna comida, fiesta o algún partidillo informal. Era feliz con sus compañeros de siempre. Era un gran persona, muy generoso, que ayudaba a gente que tenía problemas”.

Jesús Perona fue otro de los grandes compañeros de Miguel Moreno, dentro y fuera del campo. “Jugamos juntos, compartimos vestuario y una amistad que iba mucho más allá del fútbol. La vida va pasando y he tenido otras pérdidas recientes y dolorosas como la de Juanma, pero a Miguel es imposible olvidarlo. Todo el mundo lo quería. Transmitía buenos valores entre los más veterano y  los jóvenes que llegaban. Era extraordinario en todos los aspectos”. Y Jesús, que en su rol de medio centro se tuvo que asociar muchas veces con el diez, recuerda el inmenso respeto que le tenían los rivales. “Todos los jugadores de aquella época sabían de su calidad y muchos años después de retirarse lo seguían recordando”.

La competitividad y talento que Moreno demostró en un deporte de equipo aparecerá también en un deporte individual como el duatlón. Ahora ya no puede asociarse con nadie, tirar una pared, ejecutar un perfecto cambio de orientacion o servir un medido centro del gol. Ahora es la soledad del deportista que se bate contra el reloj y  rivales que imponen un ritmo duro corriendo sobre el asfalto o dando pedales en la carretera.  Hay que exprimirse, correr con ritmo, saber dosificarse, tener frescura mental, controlar el pulso y tener esas reservas que permitan acabar la prueba con un agónico sprint final. 

Ya retirado del fútbol, Miguel Moreno no quiere despegarse del deporte. Juega partidos con los veteranos, acude con disciplina espartana al gimnasio y poco a poco se introduce en una modalidad que le atrae: el duatlón. Nuevo mundillo para el gran zurdo en el que coincidirá con José Mari Serna. "Con Miguel mantenía una gran amistad. Íbamos al gimnasio y me preguntaba mucho por el duatlón. Empezamos a salir con la bici de montaña, los martes y jueves, en un grupo en el que estaba Tíscar, Ezequiel, Carlos López, Benigno....Llegó a realizar un par de duatlones y los hizo con ese carácgter tan competitivo que siempre llevaba en su mochila".

Serna, que fue el impulsor del Ducross que lleva el nombre de Miguel Moreno, recuerda que, una vez que dejó el fútbol, lo que más valoraba Moreno era la familia y el trabajo "pero el deporte siempre estaba presente en su vida. Un cambio de disciplina siempre es complejo porque no trabajan los mismos grupos musculares en el atletismo y el ciclismo que en el fútbol. Y luego está la técnica de cada deporte que requiere un entrenamiento y una adaptación. Él solía machacarse mucho en el gimnasio para coger esa fuerza tan esencial en cualquier deporte".


La conversación gira ahora en torno al lado humano. Serna, como todas las personas que aparecen en este reportaje, se deshace en elogios. "Era un hombre que lo daba todo, no tenía una mala palabra para nadie y era muy noble. Por eso dejó tanta tristeza cuando se fue, es alguien que todos los que lo conocimos llevaremos siempre en el corazón".

Allá donde esté Miguel Moreno seguirá disfrutando del deporte y la amistad de los que, como él, se fueron mucho antes de lo que correspondía. Con Úbeda  refunfuña por alguna terquería que luego se quedará en pecata minuta;  se rie a a gusto con las bromas de Carlos Moya; escucha con atención al maestro Paco Gálvez cuando da instrucciones con su imponente vozarron ; disfruta al lado del servicial Uwe;  monta desafíos con Juanma y Rodri para ver quien hace más caños y reírse a gusto; rememora grandes partidos del Tomelloso con Ginés y el finito Israel; se sorprende con alguna ocurrencia de su amigo Polo; habla de fútbol con otro zurdo y también motos, Ángel Luis, repasa números y datos con los milimétricos y precisos Nicolás y José Antonio “El jaro”;  le  cuenta sus dolencias musculares a Haro; mantiene distendida y amena conversación con árbitros a los que aprecia: Jesús Navarro y Manolo; atiende una entrevista que le ha pedido Félix Godoy ….En este eterno y entrañable universo futbolero anda metido ahora el inolvidable, Miguel Moreno.


ob.imagen.Descripcion
ob.imagen.Descripcion
ob.imagen.Descripcion
ob.imagen.Descripcion
ob.imagen.Descripcion
ob.imagen.Descripcion
ob.imagen.Descripcion
ob.imagen.Descripcion
ob.imagen.Descripcion
ob.imagen.Descripcion
ob.imagen.Descripcion
171 usuarios han visto esta noticia
Comentarios

Debe Iniciar Sesión para comentar

{{userSocial.nombreUsuario}}
{{comentario.usuario.nombreUsuario}} - {{comentario.fechaAmigable}}

{{comentario.contenido}}

Eliminar Comentario

{{comentariohijo.usuario.nombreUsuario}} - {{comentariohijo.fechaAmigable}}

"{{comentariohijo.contenido}}"

Eliminar Comentario

Haga click para iniciar sesion con

facebook
Instagram
Google+
Twitter

Haga click para iniciar sesion con

facebook
Instagram
Google+
Twitter
  • {{obligatorio}}