Feria y Fiestas de Tomelloso 2026

María Teresa Lozano: «López Torres nos dejó amor por nuestra tierra, por nuestro pueblo»

La trabajadora del Museo Antonio López Torres recibirá el Premio Periodístico Juan Torres Grueso por un trabajo sobre el pintor y su museo que ha sido su segunda casa durante casi dos décadas,

Carlos Moreno | Viernes, 21 de Agosto del 2026
{{Imagen.Descripcion}}

María Teresa Lozano afronta estos días con una mezcla de emoción y serenidad. El Premio Periodístico Juan Torres Grueso, en el que disecciona la vida y obra de Antonio López Torres y el museo dedicado al artista, llega cuando se dispone a cerrar una etapa profesional estrechamente vinculada a este emblemático espacio cultural de Tomelloso. La distinción adquiere así un significado especial: coincide con su próxima jubilación, después de muchos años de dedicación al museo, y con el 40 aniversario de este espacio y el 75 aniversario de la Fiesta de las Letras. Con ella quedamos, en el Museo López Torres, media hora antes de su apertura al público. En medio de ese reposo y silencio, con los cuadrod del genial pintor como testigos, iniciamos la entrevista.

Lozano reconoce que el galardón ha supuesto «una gran satisfacción», porque lo interpreta como «la culminación, de alguna forma, de este periodo mío aquí en el museo, en mi trabajo», precisamente cuando se acerca el momento de la jubilación. También valora  que el jurado alcanzara la unanimidad, algo que considera difícil por las diferentes perspectivas que suelen confluir en este tipo de certámenes. «Que haya una unanimidad y todos se pongan de acuerdo no es fácil», señala.

La idea de realizar el trabajo surgió, según explica, de la coincidencia de varias circunstancias. Su próxima jubilación, los 40 años del museo y el 90 cumpleaños de Antonio López García le hicieron pensar que era el momento de abordar un nuevo trabajo sobre Antonio López Torres. Hasta entonces, había escrito sobre el pintor tanto en prosa como en poesía, pero había dejado en segundo plano un elemento fundamental: la arquitectura del museo.

Su propósito no era realizar un estudio arquitectónico exhaustivo, sino centrar la mirada en la relación entre el arquitecto y el artista. El edificio, diseñado por Fernando Higueras, y la obra de López Torres se convierten así en los dos protagonistas de una misma historia. «Quería enfocar mi mirada en la simbiosis de arquitecto y pintor», explica, destacando cómo ambos trabajos se reúnen en un espacio caracterizado por «la armonía, la calidez y la luz».

Precisamente la arquitectura del museo es uno de los aspectos que más han valorarado  los visitantes a lo largo de los años, unos visitantes con los que María Teresa interactúa para llevarles de forma amena y cercana las claves de la obra del pintor y del propio museo. Lozano ha comprobado con el paso del tiempo cómo el público ha ido prestando cada vez más atención al edificio y a sus elementos constructivos. Recuerda incluso la sorpresa de unos visitantes de Tomelloso que descubrieron que el techo del auditorio era de hormigón encofrado. Para ella, ese hormigón esconde un trabajo artesanal extraordinario. Los encofradores tuvieron que trabajar con pequeñas tablas de madera y una enorme precisión para conseguir el acabado final. «Hay pocos encofradores que hoy en día sepan hacer este tipo de encofrado. A los visitantes les impresiona las amplias salas con la iluminación cenital, la calidez del hormigón blanco visto y su minucioso encofrado», afirma, al tiempo que subraya también su elevado coste económico.

Pero si el edificio sorprende por su arquitectura, la pintura de López Torres lo hace por su tratamiento de la luz. No resulta extraño, por ello, que algunos visitantes hayan llegado a definir al artista como «el Sorolla de La Mancha. Muchos hablan de un descubrimiento en el manejo de la luz y les encanta ese costumbrismo, la frescura y pureza de su pintura». Lozano comparte la admiración de esa capacidad para captar la luminosidad y la atmósfera, y considera que López Torres continúa siendo un artista insuficientemente conocido para la calidad de su obra.

En su opinión, la trayectoria de Antonio López García, mucho más reconocida fuera de Tomelloso, ha contribuido indirectamente a que la figura de su tío haya quedado en un segundo plano. Sin embargo, sostiene que López Torres tenía una enorme calidad artística. Cree que, de haber seguido otros caminos, de haberse incorporado a los circuitos artísticos y comerciales de Madrid o de haber buscado una mayor proyección, podría haber alcanzado un reconocimiento mucho mayor.

La elección de la libertad artística fue, sin embargo, una de las características esenciales de su personalidad. «López Torres quería plena libertad en el arte, afirma Lozano. Su trabajo como profesor de dibujo le proporcionó la independencia necesaria para pintar sin someterse a las exigencias del mercado. Era, además, una persona sencilla y austera, que no necesitaba grandes cosas».

Esa libertad tuvo un precio, pero también dejó un legado extraordinario en Tomelloso. El principal, para Lozano, es precisamente el museo. Considera que si López Torres hubiera optado por vender su obra y desarrollar su carrera de otra manera, "probablemente el museo no existiría". A ello suma la influencia que ejerció sobre generaciones posteriores de artistas de la localidad.

Lozano reivindica así la importancia de aquella «cantera» artística que se fue formando en Tomelloso a partir de la presencia y el ejemplo de López Torres. Recuerda que en los años treinta no era fácil comprender que un hombre pudiera dedicarse a pintar mientras buena parte de la población trabajaba duramente en el campo. Sin embargo, aquella actividad terminó dejando huella. «Eso va calando, va quedando en la piel, va quedando en la retina», reflexiona. Y, décadas después, Tomelloso viviría una auténtica explosión artística.

Entre las obras que más emocionan a María Teresa Lozano se encuentran Niños cogiendo hierba en un saco, por la luz que desprende la camisa blanca de uno de los niños; Niños en rastrojo y, especialmente el de La Abuela Juana. Este último retrato tiene para ella un significado especial por la historia personal que encierra. Se trata de la abuela paterna del artista y, según recuerda, López Torres pidió que se lo acercaran cuando se encontraba enfermo para poder contemplarlo.

Su relación con el museo le ha permitido también comprobar cuánto queda todavía por investigar y divulgar sobre el pintor. Lozano considera que López Torres fue durante demasiado tiempo «un gran desconocido». Cuando llegó al museo, hace casi veinte años, todavía era frecuente escuchar afirmaciones que no se correspondían con su trayectoria real, como que era autodidacta o que nunca había salido de Tomelloso.

La realidad, explica, es muy diferente. López Torres obtuvo, por ejemplo, una beca del Conde de Cartagena para ampliar estudios en Italia, aunque las circunstancias impidieron finalmente ese viaje. Pudo elegir una ciudad española y optó por Mallorca, donde realizó distintas obras. También participó en exposiciones en diferentes lugares de España y llegó incluso a exponer en Frankfurt junto a los llamados realistas de Madrid en una muestra titulada Realismo Mágico Español.

Pese a haberlo visto alguna vez por Tomelloso, Lozano confiesa que nunca llegó a mantener un contacto personal con él. Su carácter tímido le impidió acercarse. Recuerda, sin embargo, la imagen que quedó en el imaginario colectivo de los últimos años del artista: «Con la barba, el guardapolvo, saliendo a pintar. López Torres, -añade-, sentía un fuerte vínculo con su localidad y regresaba siempre que podía porque «echaba mucho de menos su localidad».

La conversación deriva también hacia la propia trayectoria literaria de María Teresa Lozano. Escritora de poesía y prosa, reconoce que se siente especialmente cómoda en el lenguaje poético, aunque no considera sencillo ninguno de los registros. En poesía busca siempre «musicalidad», contenido y ritmo. La escritura,  requiere tiempo, reflexión y un proceso constante de depuración. «Yo necesito tiempo y necesito meditar, y necesito quitar la paja», afirma.

Su vocación de comunicadora le hubiese gustado expresarla en la radio. Confiesa que le hubiera gustado estudiar periodismo y que, de haber podido elegir, se habría inclinado especialmente por la radio hablada. Le atraían las entrevistas, los coloquios, la posibilidad de conversar con médicos, psicólogos, escritores, cantantes o artistas. Su visión de la radio actual es, sin embargo, más crítica. Considera que ha cambiado mucho y lamenta el exceso de confrontación política. Evoca con nostalgia aquella radio basada en la conversación y el conocimiento y reconoce que, precisamente por ese cambio, lleva algunos años sin escucharla con la misma frecuencia.

Al ser preguntada por el mensaje que Antonio López Torres sigue transmitiendo a Tomelloso después de tantos años, Lozano responde de manera contundente: «Querer a tu pueblo, querer a tu tierra». Para ella,  «el artista dejó una forma de mirar y de sentir el municipio a través de sus paisajes, sus gentes y sus costumbres».

Recuerda que buena parte de la obra de López Torres tiene un marcado carácter costumbrista y que el artista quiso representar aquello que conocía y había vivido. Esa conexión con lo próximo es, a su juicio, una de las claves de su legado. «Pinta o escribe sobre lo que conoces», resume, aunque admite que «la intuición artística permite también conectar con realidades que no se han vivido directamente».

Finalmente, vuelve a una idea que parece sintetizar toda su relación con el artista y con el museo: «Yo me quedaría con el amor que el maestro nos dejó para pasear las calles de Tomelloso, para querer a Tomelloso».

El premio llega, por tanto, en un momento especialmente simbólico. Coinciden el aniversario del galardón, la celebración de los 75 años de la Fiesta de las Letras, los 40 años del museo y, sobre todo, su próxima jubilación. Lozano reconoce que todo ello convierte el reconocimiento en algo «muy emotivo», después de tantos años de trabajo y del cariño que ha puesto en su labor.

«No esperaba realmente recibirlo. Sabía que presentar un trabajo a un premio implica albergar cierta esperanza, pero también era consciente de la dificultad de que un jurado alcance un acuerdo. Por eso, cuando el reconocimiento llegó, la emoción fue mayor».

Ahora afronta el final de su etapa profesional con sentimientos encontrados. La jubilación tiene para ella un carácter «agridulce», pero también abre la puerta a disponer de más tiempo para continuar escribiendo e investigando. Y aunque todavía queda mucho por descubrir sobre López Torres, María Teresa Lozano parece tener claro que su relación con el museo no termina el día de su jubilación. Cambiará el papel, pero permanecerá el vínculo con un lugar que durante tantos años ha considerado su segunda casa.


144 usuarios han visto esta noticia
Comentarios

Debe Iniciar Sesión para comentar

{{userSocial.nombreUsuario}}
{{comentario.usuario.nombreUsuario}} - {{comentario.fechaAmigable}}

{{comentario.contenido}}

Eliminar Comentario

{{comentariohijo.usuario.nombreUsuario}} - {{comentariohijo.fechaAmigable}}

"{{comentariohijo.contenido}}"

Eliminar Comentario

Haga click para iniciar sesion con

facebook
Instagram
Google+
Twitter

Haga click para iniciar sesion con

facebook
Instagram
Google+
Twitter
  • {{obligatorio}}