Opinión

Babylon: homenaje al cine según Damien Chazelle y una joya muy infravalorada

Luis Manuel Serrano Novillo | Viernes, 21 de Agosto del 2026
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Aún recuerdo cuando, a principios de 2023, llegó a cartelera el último trabajo de Damien Chazelle, director de Whiplash y ganador del Oscar por La La Land. Esa fue Babylon y, por desgracia, pasó sin pena ni gloria, incluyendo críticas negativas por parte de la prensa, pero yo os digo que para nada es una nefasta película.

Escrita y dirigida por Damien Chazelle y con las increíbles interpretaciones de Brad Pitt, Margot Robbie, Diego Calva, Samara Weaving, Li Jun Li, Max Minghella y Tobey Maguire, entre otros muchos, Babylon nos cuenta la historia del cine mudo y de su transición al cine sonoro. En esta vemos a Jack Conrad, un actor en decadencia, y, a su vez, seguimos la historia de amor entre Nellie LaRoy y Manny Torres.

Voy a ser muy claro: La La Land está muy sobrevalorada. Sí, está muy bien dirigida, tiene una fotografía preciosa y una gran banda sonora con grandes canciones, pero, más allá de eso, su historia y tema a tratar está más que visto y, por momentos, se me hace muy lenta. Siempre he considerado Whiplash la mejor película de su director y su segunda mejor era First Man, hasta que vi Babylon y se convirtió en mi segunda favorita.

Toda la cinta es una carta de amor al cine mudo y, según Chazelle, que además tardó 15 años en escribirla, comenta que el cine perdió parte de su esencia tras llegar el sonido. Pero me estoy adelantando, así que voy a hablar de la película en sí.

La cinta nos la muestran en tres partes: la fiesta, el rodaje y la transición. El ritmo es apabullante a la par que dinámico, cuenta con grandes transiciones, sin olvidar la maravillosa banda sonora de Justin Hurwitz, con toques de jazz y blues, destacando Voodoo Mama.

La mejor escena es el prólogo, una fiesta interminable casi convertida en una orgía, con un momento clímax que, en su día, hizo que mis pupilas se dilatasen al no creer lo que estaba viendo. Todo esto es gracias a una Margot Robbie desatadísima, una dirección de Chazelle maravillosa y un temazo de Justin Hurwitz de fondo que hace que tu cabeza estalle.

Quizá la parte más lenta de la película es justamente su tercer acto. De por sí, la cinta, como he mencionado previamente, tiene un ritmo acelerado hasta llegar al tramo del cine sonoro, donde va más pausado, pero es necesario, ya que ahí vemos la decadencia de grandes actores y actrices del cine mudo.

Ahora, Chazelle homenajea a esos actores de época que, por desgracia, Hollywood y el tiempo acabaron olvidando. En parte, recuerda un poco al tema que trataba El crepúsculo de los dioses (Sunset Boulevard), de Billy Wilder, sobre esas viejas glorias del cine ya retiradas e incluso olvidadas. El caso que más representa la película es el de su protagonista, Jack Conrad, un actor con obsesiones que monta fiestas hasta las tantas de la mañana, un tremendo actorazo, pero que, tras la llegada del sonido a los estudios y platós de cine, hace que, de un día para otro, se convierta en una vieja gloria. Pasa también lo mismo con Nelly: su sueño es ser una estrella de cine, pero, al igual que Conrad, el peso de la fama siempre acaba pasando factura.

A lo que quiero llegar es que, además de hablar de lo grande que fue el cine mudo y, en parte, esa época, su tema a tratar es sobre los sueños imposibles o, más bien, los sueños que acaban convirtiéndose en obsesiones y nos acaban destruyendo.

Una cosa está bien clara: el mundo del espectáculo no es para todos. Hollywood te lo da y te lo quita todo, y eso es lo que quiere reflejar, a la par que homenajear grandes clásicos del cine.

Pero queda una cosa más y quizá por lo que es recordada esta película: su montaje final.

Al final de la película, Chazelle homenajea y hace un recorrido por la historia del cine, desde el origen del cinematógrafo, con la famosa secuencia de un tren llegando a la estación de los hermanos Lumière, el cine de Georges Méliès, pasando por Buster Keaton, Charles Chaplin, películas con color y sonido como Horizontes de grandeza, las películas de Marilyn Monroe, la carrera de cuadrigas de Ben-Hur hasta llegar a Matrix, Parque Jurásico y Avatar, todo eso con Voodoo Mama sonando a toda castaña. En ese instante solamente puedes decir... ¡Qué bonito es el cine!

Babylon es un peliculón infravalorado que todo el mundo tiene que ver. Es la obra más personal de su director y, en lo personal, es un recordatorio de lo potentes y bonitas que son las películas y de cuánto ha evolucionado el cine desde que unos hermanos presentaron su invento hace mucho tiempo. Con razón lo llaman la séptima maravilla del mundo.

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