Opinión

Dialogar es un paso más para entenderse; sin renunciar al ser y sin miedo alguno

Víctor Corcoba Herrero | Domingo, 13 de Septiembre del 2026
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Nosotros los humanos, tenemos que superar la angustia diaria con la mejor manera de subsistir, que no es otra; que la naturalidad, poniendo a la persona en el centro de la seguridad. Paremos, pues, los temores. Debemos reaccionar, nunca enclaustrarnos”.

Nadie llega a la cúspide de la realización consigo mismo, dejándose acompañar por el recelo. En consecuencia, hemos de poner valor en todo, comenzando por uno mismo, haciéndose valer; porque el buen deseo siempre vence a la lógica del miedo, con la esperanza de poder contrarrestar el culto a la cultura deshumanizante del poder, que no cesa de normalizar las contiendas, para desgracia de toda la humanidad. Desde luego, somos una generación que debe dialogar más y con todos, cuidar de las personas y de lo que nos circunda, el medio ambiente. Apelemos a reforzar las vías del encuentro, si en verdad queremos promover un enfoque de seguridad centrado en el ser humano, sustentado en la confianza mutua y en la búsqueda del bien colectivo.

Quizás sea el momento de avivar un renovado compromiso mundial con los valores democráticos. La democracia consigue su carácter a través de la ciudadanía; incluso llega a florecer cuando se protegen los derechos universales, especialmente a los más desvalidos, dando forma a sociedades vivas que fomentan el entendimiento y la compresión, la participación y la familiaridad entre sí. Sea como fuere, no podemos continuar con esta atmósfera enferma por las incomprensiones, que genera duda y tristeza por doquier, debilitándonos, empequeñeciéndonos e incluso paralizándonos. Salgamos de este orbe de temeridad, el desasosiego lleva a un egocentrismo egoísta que  nos dificulta a la hora de avanzar.

Indudablemente, somos seres en continuo desarrollo, que necesitamos oírnos entre sí, escucharnos en libertad, para conjuntamente poder mirar hacia adelante, sin temor alguno, con el gozo de sentirnos parte y confluencia en los avances hacia la concordia, que es lo que nos hace alegres y no perder la calma. Sin embargo, en un momento marcado por la desinformación, el autoritarismo y la reducción del espacio cívico, puede que sea muy vigoroso tener tiempo para reflexionar, antes de que nos vayamos por horizontes perversos y corruptos que nos dejen sin alma, encarcelándonos nuestro propio entusiasmo soñador, defendiendo y salvaguardando un sistema político, que también ha de ser más poético, como fuerza impulsora de la dignidad, la inclusión y la conciliación.

Nosotros los humanos, tenemos que superar la angustia diaria con la mejor manera de subsistir, que no es otra; que la naturalidad, poniendo a la persona en el centro de la seguridad. Paremos, pues, los temores. Debemos reaccionar, nunca enclaustrarnos. Además, resulta imprescindible el discernimiento, que nos permitirá poner orden en la confusión de nuestros corrientes pensantes y sentimentales, para actuar de una manera justa y prudente, sobre todo en los momentos de prueba y de oscuridad que todos poseemos a lo largo de nuestra existencia. De ahí, la importancia del amor que hemos de poner en cada paso, incluso en lo que el mañana nos deparará y que no conocemos, pero que lo hemos de tomar con valentía, asumiendo la responsabilidad, dejando fluir el corazón y la mente.

Está visto que el diálogo, mantenido con sólidas leyes morales, facilita la solución de los peligros y favorece el respeto vivencial. Por eso, el recurso a las armas para dirimir las controversias tampoco tiene sentido, representa siempre una capitulación de la razón y de la mansedumbre humanitaria. De igual modo, la retórica confrontativa que suele encender el clima político por todos los rincones, nunca es la solución, sino mantener abiertos los canales de la interlocución y aprovechar cualquier situación para consolidar los avances armónicos. Tomemos este propósito, pues: Fomentar las alianzas en vez de los artefactos, financiar la paz y no las guerras, protegiendo los derechos humanos, recurriendo a herramientas como la diplomacia, la plática y  la negociación. ¡Sensato proyecto!

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