“La
idílica tarea viviente ha de ser más poesía que poder, también más espíritu
solidario que fuerza interesada; no vayamos a perder el ritmo de las cuerdas del
pulso y no concibamos que la verdadera obra indulgente, es la de ser servicial
con el prójimo; nunca distante, ni descortés”.
Todos somos influencia de algo o de alguien. Analicemos,
pues, los característicos vínculos. Hoy sabemos que lo antinatural es maligno y
que nuestro típico instinto es natural. Apliquemos la clemencia, el buen
propósito del sentido común, como cultura adquirida. Frente a las sombras de un
espacio desvinculado, donde falta un proyecto para conciliarnos y, además, la
globalización navega sin rumbo común, brindar pruebas de compasión, es en
muchos casos la celestial precursora de la entereza, que nos insta a edificar
en el bien, aunque seamos frágiles. Nos interesa evitar, por ende, aquellas
voces que humillan o nos enfrentan. Optemos por la claridad que nos ilumina y
por la franqueza. En consecuencia, nada de lo que es humano, puede mostrarse
indiferente o resultarnos extraño.
El lazo más esencial que tenemos en común es que todos
vivimos en este manto planetario, con el mismo aire que respiramos y que, uno
por uno, somos mortales. Aquí nadie es eterno, pero deben enternecernos
nuestros diferentes pasos, que han de buscar la relación y no el
individualismo, con la inclinación a sentirse más corazón que coraza, y bajo la
necesidad de convivir con los seres de su inconfundible especie, dotados de
lenguajes armónicos, para atendernos y entendernos. Consecuentemente, requerimos
de una verdadera gobernanza moral, sustentada y sostenida en los derechos
humanos. A lo que hay que sumar, actuaciones diplomáticas que reduzcan los
conflictos y reanuden un diálogo creíble sobre paz, justicia y participación
poética antes que política.
Desde luego, la idílica tarea
viviente ha de ser más poesía que poder, también más espíritu solidario que
fuerza interesada; no vayamos a perder el ritmo de las cuerdas del pulso y no concibamos
que la verdadera obra indulgente, es la de ser servicial con el prójimo; nunca
distante, ni descortés. Lo vital es
la unión y la unidad, en un orbe fragmentado como jamás, apresurado y adicto al
consumismo, en contextos en los que las raíces domésticas y sociales parecen
haberse deshecho. En suma, que hasta nuestra propia existencia es una realidad
en riesgo. Sea como fuere, todavía podemos lograr conciliar los ánimos, si
hacemos del proceder un cauce de comprensión, teniendo voluntad de ayudar a
otros y de alumbrarles con calor de hogar.
De hecho, asimilada contemplativamente nuestra particular historia,
debe revelarnos el innato deseo de corporación, de familiaridad deseada, frente
a la desconcertante disgregación, sedienta de verdad y reseca por las
hipocresías. Sembrar odio y hacer que crezca la antipatía, crear violencia y
generar parcelación salvaje, es lo más inhumano y destructivo que logramos
producir. De ahí, la repercusión de salirse de este camino, suicidio de la
humanidad, favoreciendo que la vida nos renazca y se minimice el sufrimiento,
precisamente para que el amor sea la clave de todas nuestras relaciones. Quizás
aún tengamos que aprender a reprendernos, a mirar el perdón y a vernos en él, eficaz
medicina contra el mal que cura nuestras heridas internas, como algo que forma
parte de un proceso.
Ciertamente, cohabitamos en una época turbulenta. Cualquier
naciente experimentó los frutos de la superioridad, incluso puede que haya tanteado
el dominio de la naturaleza mucho antes de haber ejercitado el dominio de sí. Es
el momento de redoblar nuestros esfuerzos para el cambio de actitudes, tanto con
el quehacer humanitario como en la acción climática, interrogándonos a nosotros
mismos, viendo cómo a veces somos prisioneros de nuestra distintiva maldad; ya
que, únicamente la libertad que se somete a lo auténtico, reconduce a la
persona a su verdadero servicio. Está visto que la sociedad requiere de una paz
permanente y de una sana voluntad perdurable, es cuestión de fraternizarse y de
trabajar el sencillo arte de vivir como hermanos.
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Martes, 15 de Septiembre del 2026
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Jueves, 17 de Septiembre del 2026
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