““El mantenimiento de la concordia entre pulsaciones diversas, comienza por las entretelas, con la autosatisfacción de cada individuo”.
Nadie
te puede ofrecer cadencia, si antes uno no se halla armónico, queriéndose a sí
mismo. Desde luego, hay que comenzar por estimarse, para poder sembrar virtuosas
risotadas e injertar comprensiones. Un pulso rítmico ve una fiesta por todas las
calzadas. Nada te puede suministrar tanta serenidad, como tu particular marea
interior. Tal vez, volver el rostro sea el primer pasaje, que hemos de
transitar por aquí abajo. Descubrámoslo, dejemos de encerrarnos. Activemos la
cultura del abrazo como forma de impulsar los andares; el azul también está por
aquí abajo, no sólo el negro, es cuestión de dejarnos acompañar y de vivir
desvividos por los demás. Además, reduzcamos los vientos en contra, entre ellos
la multitud de conflictos, que nos están dejando sin humanidad.
Darle
a cada período su conveniente afán y desvelo, pero también su alegría, es algo
digno. El cariño todo lo sustenta, porque todo lo aguarda y lo guarda, como
parte del poema que somos. El valor supremo no es el dinero, sino el
desprendimiento, el espíritu donante que nos reconcilia y concilia mediante la
entrega. Con imaginación el sueño es posible, y cuando se labora en libertad,
es como se transforma el orbe. Necesitamos afianzar nuestros latidos a otros,
para que no se debilite el espíritu cooperante, pues los obstáculos son numerosos
ante el aluvión de retrocesos en derechos y las dificultades de muchos
territorios para acceder a la financiación. Al fin y al cabo, una atmósfera
esclarecedora nace cuando dos se miran con afecto, ven que se requieren y se
ponen a compartir anhelos.
El
mantenimiento de la concordia entre pulsaciones diversas, comienza por las entretelas,
con la autosatisfacción de cada individuo. Si en verdad queremos alegrarnos,
activando el sosiego, dejemos de fabricar armas y pongamos el alma en servicio
permanente. Avivemos lenguajes de comprensión, hagamos de la honradez un estado
de la mente, una disposición a la benevolencia. Recuerda que lo sistémico no se
injerta únicamente desde las salas de conferencias, brota desde todas partes y
lo moldean todas las personas. Por cierto, hoy puede ser ese gran día, en el
que dediquemos el tiempo libre en auxiliar a alguien que nos pide ayuda, en
alzar la voz para promover un cambio positivo o en organizar un encuentro que
movilice una conversación entre generaciones diversas.
Lo
importante es que todos reunidos y unidos, trabajemos por la paz de cada
jornada, tan necesaria como el pan de cada día, porque creemos en nuestros distintivos
pulsos solidarios, que sienten al ser inmaculado, tañendo dentro del ser
querido. Así, el verdadero sentimiento no se advierte por lo que requiere, sino
por lo que ofrenda. Cada uno de nosotros debe escuchar en su propia conciencia
la llamada a un cambio, no por el instinto de recelo, sino por la propulsión
creativa de volver a ser poesía, lejos de todo poder egoísta, que impide que
los seres humanos en lugar de reconstruir puentes, reconstruyan muros que nos dividan
y separen, por ausencia de vigor moral y menguante adhesión. Reír a corazón
abierto ha de ser el lenguaje a utilizar como fidelidad, por ahí comienza el
acercamiento.
Los
ciudadanos no pueden permitirse ignorar las preocupaciones colectivas, como tampoco
han de consentir que no se proteja el derecho internacional, ni se defiendan
los derechos humanos. La verídica querencia
no conoce la cultura del descarte, no sabe qué es y mucho menos practica el
distanciamiento. Sabemos que el momento no es fácil, quizás nunca lo ha sido,
pero hay un camino recorrido que ha de servirnos como sanación. Su cátedra
viviente nos cura y nos hermana con el bien colectivo, remando todos juntos
para ganarnos el sostén de las sonrisas en vez de las lágrimas, sabiendo que los
acuerdos son una condición indispensable para el desarrollo sostenible. Seguro
que nos cuesta, pero el porte de batallar asociados es el amor, cuya ley es
amar sin medida. ¡Cumplámoslo!
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Domingo, 20 de Septiembre del 2026
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