El reloj de la
Madre Naturaleza manda; sin dar campanadas siembra de hojas el suelo
coloreándolo de marrones, amarillos y
grises. Es el otoño renovando los vestidos de jardines, desnudando árboles y
plantas de la vestimenta veraniega.
Cuaderno de
muelle, bolígrafo y plato con el servicio de la cafetería hacen corro delante
de mi amigo Ciri. No es necesario el apunte de por dónde empezar. Justamente,
sorbito de café con escaso azúcar.
De inmediato
apertura de la libreta y comentario del amigo:
—Como me
quedaron muy claros los temas de la semana pasada gracias a Julián y a ti, he
traído dos más. Se me antojan puertos de montaña por su dificultad. Todo el
mundo habla de ellos. Incluso aseguran dónde se encuentran, pero nadie los ha
visto…
—Ciri, por
favor, parece que estás describiendo una adivinanza para niños.
—Pues no
descartaría yo que más que realidad fueran objeto de un cuento, para
direccionar el comportamiento de los niños y mayores. Los temas de hoy son el
cielo y el infierno. Algunas preguntas: ¿Qué son? ¿Dónde están? ¿Es cierto que
allí van, después de la muerte, las personas? ¿Quién decide el destino de esa
gente? ¿Cuánto tiempo permanecerán allí? ¿Se acabarán algún día?
—Creo, amigo,
que tus preguntas las sufren muchas personas. Cuando niños en catequesis nos
hablaron de ellos, después cuando mayores nadie nos ha aclarado nada, bien
porque no interesa explicar más o porque los “maestros en religión” no han
llegado a ese tema, aparentemente.
—Así pienso.
—La
explicación es sencilla si vamos paso a paso —tiempo para bocado de magdalena,
trago de café y ordenación de ideas—. Tú sabes que la Biblia es una biblioteca,
es decir contiene muchos libros, exactamente 73.
—Sí. Hasta ahí
llego, —responde Ciri muy concentrado en mi explicación.
—También sabes
que cada uno de esos libros están escritos con distintos géneros literarios. Y
que no se puede comprender bien su lectura,
sin conocer qué género utiliza su autor.
—De completo acuerdo.
—Uno de esos
géneros literarios se llama Mítico. Su nombre puede engañarnos y hacernos
pensar que narra relatos de héroes,
semidioses, hechos fabulosos, batallas de seres fantásticos, etc.
—¿Y no es así?
—No. El Género
Literario Mítico tiene un objetivo, dar explicación a interrogantes que las
personas se hacían, por ejemplo: ¿Cómo ha surgido el mundo, los mares, las
estrellas, los planetas? ¿Quién ha plantado los árboles de los bosques? ¿Cuál
es el origen de las mujeres y los hombres? ¿Quién maneja las tormentas, los truenos,
los rayos?
—Me estás
recordando el libro del Génesis. El problema grave es que el escritor o
escritora no tenía conocimientos científicos, para dar respuesta a esas
preguntas.
—Has acertado
de pleno, Ciri, como no tienen los conocimientos científicos necesarios, utilizan
figuras, símbolos, narraciones, metáforas, alegorías…, para dar razón o aclarar
algo aquellas preguntas de los antiguos.
—Eso me
parecía a mí, que eran como “cuentecillos”. Con el subsiguiente dilema:
Si lo que me cuenta no es verdad ¿por qué está escrito ahí y si es mentira cómo
voy a admitirlo?
—Continúas,
amigo, en el camino correcto.
—La solución a
tu dilema la han dado durante siglos las jerarquías de las religiones con
algunos aciertos y muchos fallos. Hoy en día en paralelo a esas autoridades y a
veces en contra tenemos los teólogos y exegetas, que son estudiosos de
infinidad de disciplinas, incluso ajenas a la religión, para poder acercarnos
al objetivo de saber qué quiso decir el escritor de tal texto.
—Lo entiendo.
Ahora explícame mi duda del comienzo sobre el cielo y el infierno, por favor.
—Recuerdas
bien que hubo un tiempo, se cuenta por siglos,
en la historia de la humanidad que se pensaba que la tierra era plana. Bien,
pues vamos a imaginarnos por un momento esa planicie. Durante el día, igual que
por la noche, observamos algo parecido a una cúpula, que la cubre de norte a
sur y de este a oeste. Vemos arriba el sol, la luna, infinidad de estrellas, o
sea belleza absoluta. Me viene muy bien para imaginar que allí deben vivir los
dioses, los héroes, los bendecidos por esos dioses, en concreto: Los Buenos. A
es cúpula se le llama: Caelum en latín, en español: Cielo. Ahí lo tienes.
—¡Qué
interesante!
—Si los “buenos
están arriba”, sus contrarios, es
decir los malos, deben estar “abajo”, y este lugar en latín se llama
Inferus, de ahí Infierno. Además, como curiosidad, el escritor conoce que
cuanto más se baja en el “Inferus”, más sube la temperatura. La conclusión es
evidente, Ciri, cuanto más ahondemos más temperatura habrá, llegará un momento
en que ese lugar estará ardiendo. De ahí que hayamos tragado que en el infierno
hay llamas, demonios, diablos, satanás, leviatán y todos los personajes
malignos.
—Me estás
dejando embobado, compañero.
—Lo más grave,
amigo Ciri, es que ese aglomerado lo elevaron a la categoría de “VERDADES
ETERNAS” a base de escritos y declaraciones de Papas y concilios como el de
Letran o el de Florencia. Hasta la fecha no dan una explicación razonada e
intelectual, que es la imprescindible
Creo que hoy
ha sido un día clave para mi querido compañero. Tiene la mirada fija en un
punto de la mesa, los ojos entornados, muy concentrado y su cabeza en modo de
asentimiento, Es como si estuviera descubriendo la solución de algo, que le preocupaba
hace tiempo.
Por fin Ciri
reacciona con una sonrisa, se levanta y me da un abrazo.
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Sábado, 3 de Octubre del 2026
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