El próximo
sábado llega al Teatro Municipal Marcelo Grande de Tomelloso «Mihura, el último
comediógrafo». La obra, escrita por Adrián Perea y dirigida por Beatriz
Jaén, es uno de los estrenos más esperados de la nueva temporada. Hablamos
con Rulo Pardo, que se pone en la piel de un Miguel Mihura maduro
en el montaje y que reconoce haberse encontrado con un personaje mucho más
complejo de lo que imaginaba.
Pardo
conocía al dramaturgo, como tantos espectadores, a través de sus obras, pero no
tanto su trayectoria personal. El trabajo sobre el personaje le ha llevado a
descubrir a un hombre lleno de contradicciones y, sobre todo, una historia
marcada por la relación entre el éxito, el dinero y el amor por el teatro.
«A Mihura
lo tenía en el imaginario por sus obras, pero no tanto por su vida», explica. El texto de Adrián Perea
le interesó precisamente porque no se limita a repasar su trayectoria, sino que
busca la parte más personal. «Es un hombre que habla también del amor por un
oficio, de la rabia de un oficio que no le dio lo que él quería que le diera».
Una de las
claves de la función está en Tres sombreros de copa, escrita cuando el
autor tenía 27 años y estrenada más de dos décadas después. Aquella obra,
demasiado avanzada para su tiempo, acabó convirtiéndose en una de sus piezas
más reconocidas, aunque para entonces su relación con ella ya era otra.
Pardo
encuentra ahí una de las grandes contradicciones del personaje. «Es un señor
que pasó muchos años negando Tres sombreros de copa. No quería saber
nada de ella y, cuando finalmente tuvo éxito, ya le daba igual».
Durante esos años había optado por un teatro más comercial. También necesitaba vivir de su profesión y el actor no esquiva esa parte menos idealizada de su trayectoria. «En el libreto decimos que él trabajaba y escribía teatro por dinero. Crudo, pero era así. Ahí había dinero y era donde había que estar», señala.

Interpretarlo
le ha llevado también a revisar su propia relación con el oficio. Su primera
intención fue acercarse al personaje desde la imagen más conocida, la de un
hombre hosco y difícil. Sin embargo, el equipo de la función, mucho más joven
que él, le planteó otra mirada.
«Yo quería
hacer de Mihura, pero el equipo joven me decía que no quería ver al viejo
gruñón. Querían ver una parte más bonita, más vulnerable», cuenta.
Aquella
conversación terminó modificando su forma de afrontar el papel. «Al final
entendí que tenían razón. Es un hombre que se ha pasado la vida negándolo todo
y, cuando quiere darse cuenta, se le ha pasado la vida. Y yo, claro, me he
visto ahí».
La
identificación tiene también que ver con su propia trayectoria. Pardo fue uno
de los fundadores de Sexpeare, compañía con la que lleva más de dos
décadas explorando un teatro muy ligado al humor y al absurdo. Una etiqueta
que, durante mucho tiempo, también condicionó la consideración que se tenía de
su trabajo como actor.
«Con
Sexpeare, cuando empecé, muchas veces tuve la sensación de que no me tomaban en
serio», reconoce.
Por eso entiende que Mihura fuera considerado durante mucho tiempo un autor de
humor y que ese género haya quedado con frecuencia en un segundo plano dentro
de la literatura dramática.
«El humor
siempre ha sido un género menor. Y cuando empiezas a investigar descubres la
cantidad de autores buenísimos que hemos tenido y que hemos dejado ahí», afirma. Entre ellos menciona a Tono
y Edgar Neville, además del propio autor de Tres sombreros de copa,
y recuerda la cantidad de trabajos que desarrolló también fuera del teatro.
Entre ellos
está su relación con el cine y, especialmente, con los hermanos Marx. «Mihura
escribió todas las películas de los hermanos Marx que llegaban de Hollywood.
Groucho Marx llegó a decir que, cuando vio las películas en su versión
española, habían mejorado sus chistes», recuerda Pardo.
Todo ese
material está presente, de una manera u otra, en la función, aunque el objetivo
no es construir una biografía convencional. La propuesta mezcla la vida del
escritor con ficción y autoficción y se detiene especialmente en su relación
con Tres sombreros de copa, pero también en sus frustraciones, sus
relaciones personales y su manera de entender el oficio.
Después de
casi año y medio de representaciones, la respuesta del público es uno de los
aspectos que más satisface al actor. «Donde vamos, la gente acaba emocionada
y divertida. Y eso es el mejor regalo que puedes tener», asegura.
Durante la gira también han aparecido algunas historias inesperadas. A raíz de una representación, una espectadora habló con su padre y descubrieron que una persona de su entorno había conservado unas cajas con papeles relacionados con él. El hallazgo permitió al equipo acceder a fotografías y documentos que incluso contenían material inédito. «Son de esas cosas que aparecen por casualidad y que te hacen darte cuenta de todo lo que queda por descubrir», cuenta Pardo.
La llegada a
Tomelloso tiene además el aliciente de encontrarse con una ciudad con una
importante tradición teatral. El actor cree que el público del Marcelo Grande sabrá entrar fácilmente en
la propuesta.
Adrián Perea
ha buscado que el lenguaje de la función se acerque al del dramaturgo,
especialmente en los juegos de palabras, las metáforas y el sentido del humor. «Ha
entendido muy bien cómo hablaba Mihura, sus juegos de palabras, sus metáforas y
ese humor tan suyo», explica.
El
resultado, después de tantas funciones, parece haber convencido al actor de que
la mejor manera de acercarse al personaje no era intentar reproducir la imagen
que todos tenían de él, sino buscar a la persona que había detrás.
El próximo sábado
volverá a hacerlo en el Marcelo Grande. Con una idea que resume buena
parte de la contradicción que recorre la obra y que Pardo ha terminado haciendo
suya: «Mihura se pasó muchos años negando Tres sombreros de copa y, al
final, se le pasó la vida».
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Sábado, 3 de Octubre del 2026
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