Hay momentos en la vida de un país en los que votar no puede
reducirse a elegir entre unas siglas y otras. Hay momentos en los que la ciudadanía
tiene que detenerse, mirar a su alrededor y preguntarse qué sociedad quiere
construir, qué derechos está dispuesta a defender y, sobre todo, qué futuro
quiere dejar a quienes vienen detrás.
Nos encontramos ante uno de esos momentos.
El próximo 29 de noviembre, las trabajadoras y los
trabajadores volveremos a tener en nuestras manos una herramienta que nunca
debemos infravalorar: nuestro voto. Las elecciones generales decidirán
la composición de las Cortes y, con ella, buena parte de las políticas que
marcarán nuestro país durante los próximos años.
Y la clase trabajadora debería acudir a las urnas sabiendo
perfectamente dónde está.
Porque sabemos de dónde venimos.
Sabemos lo que ha costado conquistar cada derecho laboral.
Sabemos que la jornada laboral, las vacaciones, la protección frente al
despido, las pensiones, el salario mínimo, la igualdad entre mujeres y hombres,
la protección de la salud laboral o la negociación colectiva no fueron regalos
concedidos por nadie. Fueron conquistas fruto de décadas de organización,
movilización y lucha sindical.
Y también sabemos que ningún derecho está escrito en
piedra.
Los derechos se pueden ampliar, pero también se pueden
debilitar. Las condiciones laborales pueden mejorar, pero también pueden
retroceder. Y por eso la clase trabajadora no puede permitirse mirar la
política desde la distancia, como si las decisiones que se toman en las
instituciones no tuvieran consecuencias directas sobre nuestras nóminas,
nuestros convenios, nuestras pensiones, nuestras viviendas o nuestros servicios
públicos.
Hoy tenemos delante problemas muy concretos.
Tenemos trabajadores y trabajadoras que, aun teniendo
empleo, tienen dificultades para llegar a final de mes. Tenemos jóvenes que
trabajan y, sin embargo, encuentran enormes dificultades para acceder a una
vivienda y construir un proyecto de vida. Tenemos mujeres que siguen soportando
una parte desproporcionada de los cuidados. Tenemos personas mayores
preocupadas por sus pensiones y familias que necesitan unos servicios públicos
capaces de responder a sus necesidades.
La propia agenda sindical está poniendo el foco precisamente
en cuestiones como la vivienda, la reducción de la precariedad, la regulación
de los contratos a tiempo parcial y la mejora de las relaciones laborales.
Y hay otra cuestión que no podemos esconder: el reparto
de la riqueza.
España puede crecer económicamente y, al mismo tiempo,
muchas familias trabajadoras seguir teniendo dificultades para vivir
dignamente. Por eso no basta con hablar de crecimiento. Tenemos que
preguntarnos quién se beneficia de ese crecimiento, cómo se distribuye la
riqueza y si quienes generan esa riqueza con su trabajo participan de ella.
Desde el sindicalismo llevamos años defendiendo que trabajar
debe permitir vivir con dignidad. En 2026 el SMI se sitúa en 1.221 euros
mensuales en 14 pagas, una evolución que UGT vincula a la dignificación
salarial y a la convergencia europea.
Pero sabemos que queda mucho por hacer.
También está sobre la mesa el tiempo de trabajo. Porque
reducir la jornada laboral no significa trabajar menos para producir menos.
Significa avanzar hacia un modelo en el que los avances tecnológicos y la
productividad también permitan a las personas trabajadoras disponer de más
tiempo para vivir, cuidar, descansar y desarrollar sus proyectos personales.
UGT viene defendiendo la reducción progresiva de la jornada sin pérdida
salarial.
Y aquí es donde el voto adquiere toda su dimensión.
La clase trabajadora no debería votar olvidando su propia
realidad.
Debería preguntarse qué propone cada opción política sobre
los salarios. Sobre las pensiones. Sobre la sanidad y la educación públicas.
Sobre la vivienda. Sobre los impuestos. Sobre la negociación colectiva. Sobre
la igualdad. Sobre los derechos laborales. Sobre la prevención de riesgos
laborales. Sobre los servicios públicos en nuestros pueblos. Sobre el futuro de
nuestros jóvenes. Sobre la España rural.
Y, especialmente, debería preguntarse qué puede venir
después de las elecciones.
Porque las campañas terminan. Los carteles desaparecen. Los
discursos se olvidan. Pero las leyes permanecen y las decisiones políticas
terminan entrando en nuestras empresas, en nuestros hogares y en nuestras
vidas.
Como organización sindical no corresponde a UGT decirle a
cada trabajador o trabajadora qué papeleta debe introducir en la urna. Esa
decisión pertenece exclusivamente a cada persona.
Pero sí corresponde al sindicalismo recordar algo que
considero fundamental: la democracia también se defiende desde el centro de
trabajo.
Se defiende cuando una trabajadora reclama sus derechos.
Cuando una plantilla se organiza. Cuando se firma un buen convenio. Cuando se
combate la precariedad. Cuando se exige igualdad. Cuando se denuncia un
accidente laboral. Cuando una persona joven reclama un futuro digno. Y también
cuando millones de trabajadores y trabajadoras ejercen libremente su derecho al
voto siendo conscientes de que las decisiones políticas tienen consecuencias
sobre sus vidas.
La clase trabajadora tiene memoria.
Tiene memoria de los avances y también de los retrocesos.
Tiene memoria de lo que significa tener derechos y de lo que
significa perderlos.
Por eso, ante las próximas elecciones, no deberíamos
conformarnos con escuchar lo que unos y otros prometen. Debemos mirar lo que
defienden, lo que han hecho y qué consecuencias pueden tener sus propuestas
para la mayoría social.
No se trata de votar con miedo.
Se trata de votar con conocimiento.
No se trata de que nadie vote por nosotros.
Se trata de que nadie decida nuestro futuro sin que nosotros
participemos.
Porque cuando una trabajadora introduce su papeleta en una
urna no está dejando fuera de ella sus preocupaciones laborales. Cuando un
trabajador vota, también está votando pensando en su salario, en su pensión, en
la educación de sus hijos, en el precio de la vivienda, en la sanidad que
recibirá cuando la necesite y en el futuro de su familia.
La política también habla de nosotros.
Y nosotros tenemos derecho a hablar a través de ella.
El próximo 29 de noviembre, cada persona decidirá
libremente. Pero sería un error que la clase trabajadora acudiera a las urnas
sin saber lo que está en juego.
Porque después de las elecciones seguiremos teniendo que
trabajar, cuidar, cotizar, negociar y defender nuestros derechos.
Y porque el modelo de país que tengamos mañana dependerá
también de las decisiones que tomemos hoy.
Desde UGT seguiremos haciendo lo que siempre hemos hecho: organizar,
negociar, movilizar y defender a la clase trabajadora.
Pero el 29 de noviembre, la decisión estará en manos de cada
ciudadano y cada ciudadana.
Y la clase trabajadora, que durante generaciones ha
contribuido a construir este país, tendrá una oportunidad más para decidir qué
sociedad quiere para el futuro.
Con memoria.
Con conciencia.
Con derechos.
Y, sobre todo, con conocimiento de lo que está en juego.
Alfonsi Álvarez, secretaria general de UGT Ciudad Real
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Viernes, 9 de Octubre del 2026
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