Opinión

Incendies: el amor de una madre lo puede todo

Luis Manuel Serrano Novillo | Martes, 13 de Octubre del 2026
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Antes de Dune, Blade Runner 2049 e incluso antes de La llegada, Denis Villeneuve hizo una película que lo puso en el radar, hasta el punto de llegar a estar nominado al premio a la mejor película extranjera: Incendies.

Escrita y dirigida por Denis Villeneuve, basada en la obra de teatro La mujer que cantaba, de Wajdi Mouawad, y con las actuaciones de Lubna Azabal, Mélissa Désormeaux-Poulin, Maxim Gaudette y Abdelghafour Elaaziz, en esta cinta conocemos a dos hermanos, Jeanne y Simon, que, tras el fallecimiento de su madre, Nawal Marwan, reciben de ella una última voluntad: entregar dos sobres con sus respectivas cartas, uno al padre que creían muerto y otro al hermano cuya existencia desconocían.

Hay algo en el cine de Villeneuve que me atrae mucho. Al igual que Christopher Nolan, Denis también es arquitecto, pero, mientras que los laberintos del director de El caballero oscuro e Interstellar se basan en las capas y en el uso del tiempo, los del director de Prisioneros y La llegada giran más en torno a temas mundanos. Siempre hay un enigma que acaba conduciendo a una revelación impactante.

Ocurre en La llegada, cuya cuestión es saber por qué los heptápodos han llegado a la Tierra, y también en Blade Runner 2049, cuando K intenta descubrir quién es el hijo de Deckard. Ambas investigaciones acaban desembocando en un desenlace chocante y en la resolución del misterio.

En Incendies, la pregunta es descubrir la identidad del padre y del hermano, pero el verdadero misterio es este: ¿quién es Nawal Marwan?

Durante toda la película se alterna entre el pasado y el presente, de tal manera que, por medio de flashbacks o, más bien, gracias al montaje paralelo, alternamos entre la hija de Nawal y la propia Nawal. Y os puedo asegurar que el pasado de esta última es de todo menos un campo de rosas.

Incendies te prepara para lo peor desde su primera escena. Ya os digo que, si no tenéis estómago, preparaos para una historia cruda y desgarradora.

La escena inicial empieza con unos niños en lo que parecen ser unas instalaciones del ejército. Cada uno de ellos tiene la cabeza rapada, pero el director centra la mirada en uno de ellos con un simple detalle: un tatuaje de tres puntos en la parte posterior del pie. Su mirada es vacía, fría y carente de sentimientos.

A todo esto, la canción que suena de fondo es You and Whose Army?, de Radiohead. Lo que vemos son infantes que están a punto de convertirse en soldados. Es la pérdida de la inocencia por una causa dudosamente justa.

El lugar donde transcurre la historia es inespecífico, pero, si te fijas en los detalles, puedes entender que se trata de un país de Oriente Medio, en concreto, el Líbano, debido a que se menciona una guerra civil entre cristianos y musulmanes. La crudeza está a la orden del día y, por momentos, se ven los horrores de la guerra. Aunque no es muy explícita, sí se siente una atmósfera deprimente. Es un lugar donde hay guerras constantes y barreras fronterizas.

Denis Villeneuve no se corta un pelo a la hora de mostrar la violencia y la crudeza, y prueba de ello es la famosa escena del autobús, donde se produce una matanza de personas inocentes y que deja una imagen cruel, pero bella al mismo tiempo. Me refiero a Marwan tirada en medio de la masacre y con el autobús ardiendo a su lado. También está, por ejemplo, la escena del campamento de Deressa, donde se ve una devastación total de la zona: lo que antes era una ciudad con vida ahora no es más que ruinas y destrucción por doquier.

Aun así, nada os preparará para la mayor revelación, y no pienso desvelarla porque quiero que os traumaticéis como en su día hice yo. Pero quedaos con esto: 1 + 1.

He mencionado previamente la cuestión sobre el pasado de Marwan, pero en cada película del cineasta siempre hay otro tema importante o, más bien, un tema secundario. Aquí es el amor incondicional de una madre. Todo el viaje de la madre tiene el objetivo de encontrar a su primogénito y, pese a las adversidades, ese amor y esa chispa nunca se pierden, por muy mal que vayan las cosas.

Al igual que con La llegada, cuando nos hizo cuestionarnos si pudiéramos repetir toda nuestra vida viviendo los mismos momentos, o con Prisioneros, sobre si el fin justifica los medios, en Incendies el amor de una madre acaba removiendo cielo y tierra. Se incluyen también los ciclos de venganza o, más que eso, la ruptura del ciclo de violencia.

Incendies es, si no la mejor película de Villeneuve, una cinta que todo el mundo tiene que ver, pese a su crudeza. Su historia puede ser chocante, pero, a la vez, hay algo emotivo en esas partes crudas. Es quizá la película más infravalorada de Denis Villeneuve y, de paso, es la última que rodó en francés.

Por último, como anécdota, fue el éxito de esta película lo que le permitió dirigir Prisioneros, tras la cual llegarían Sicario, La llegada y, actualmente, la trilogía de Dune. Actualmente es difícil de encontrar, pero, si tenéis suerte, diría que podéis verla en Prime Video.

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