Este domingo
encaminamos nuestros pasos (coche mediante, claro) a Villanueva de los
Infantes. La ocasión lo merecía. Lo mismo debieron de pensar los centenares
de personas que se habían acercado hasta esta joya del Renacimiento, capital
del Campo de Montiel.
Numerosos
grupos recorrían con ahínco el itinerario marcado en los programas,
descubriendo con sorpresa las joyas que se esconden tras los muros de las casas
solariegas de la que fue última morada de Francisco de Quevedo. La Ruta de
los Patios nos brindaba la oportunidad de entrar en lugares que
habitualmente permanecen cerrados y de conocer, de la mano de sus propietarios
y guías, algunas de las historias que guardan.
Las caballerizas de la Orden de Santiago
Empezamos por
las majestuosas caballerizas de la Orden de Santiago. Allí, Franco
Méndez y Benerice González nos adentraron en los versos de los poetas del
¿siglo XIX? El anuncio del programa quedó en agua de borrajas y los actores nos
llevaron por el Siglo de Oro, el XIX, el XX y por sus propias cuitas. Una
mezcla de épocas que terminó dando juego.
Nos
sorprendió, sobre todo, el patio, con sus serenas columnas y el pavimento de
guijarros. De esos lugares en los que uno se entretiene mirando los detalles
mientras el grupo siguiente aguarda su turno.
Un sofá de película en la Casa del Abogado
En la Casa
del Abogado nos contaron que su patio, acogedor, es uno de los más grandes
de Villanueva de los Infantes. El peristilo tiene doce columnas, el piso es de
guijarros y los suelos de los portales, de mosaico.
Ah, y tienen
un sofá que aparece en Volver, la película de Pedro Almodóvar. Que uno
va a ver patios históricos y termina encontrándose con un trocito de cine. La
visita tuvo también su parte teatral, con unos entretenidos entremeses de Almenia.
Poesía entre los muros de los Ballesteros Muñoz
El poeta Joaquín
Fernández recitó sus creaciones acompañado al piano por Jorge Magaz
en la Casa-Palacio de los Ballesteros Muñoz. El edificio, erigido en el siglo
XVII, está partido y una sorprendente enredadera hace de cortina.
Nos contaron
que conserva intactos sus elementos originales y que fue el más majestuoso de
la ciudad. No faltan motivos para detenerse un rato en este palacio, donde la
poesía encontró un buen lugar para hacerse escuchar.
La Casa de la Pirra y las garruchas del verano
La Casa
de la Pirra fue nuestra siguiente parada. Del siglo XVI, se cree que
perteneció a un caballero de la Orden de San Juan, aunque a partir del XVIII
pasó a manos de la familia que se encargaba de la conducción del correo.
La guía
insistió en que es uno de los patios mejor conservados de Villanueva. Todavía
están las antiguas garruchas con las que se entoldaba en verano, un
detalle que ayuda a imaginar cómo se las apañaban nuestros antepasados para
combatir los calores manchegos.
Allí, Bojiganga
Teatro nos divirtió con su versión de El retablo de las maravillas,
el conocido entremés de Cervantes. Una obra que sigue teniendo su aquel y que
encontró en aquel patio un escenario estupendo.
Risas en el antiguo claustro de las Franciscanas
Mercedes
Gutiérrez y Francisco J. Pacheco nos hicieron reír de lo lindo con La Celestina y
el doncel esquivo. Una trotaconventos y un galán con acento y gracejo
infanteños que gustaron mucho en el Antiguo Claustro de las Franciscanas.
La dueña de
la casa nos contó la historia de tan singular espacio, que formó parte de las
dependencias del antiguo convento de franciscanas. Otra parada en la que la
representación teatral y las explicaciones históricas se complementaron a la
perfección.
Una justa entre Salamanca y Alcalá
Con
tamboriles, chirimías y flautas de pico nos recibieron Troballeros en el
patio de la Casa de Andrés de Mentiaga. Relativamente nuevo, todavía conserva
detalles de su esplendor.
Los actores
nos ofrecieron una singular justa entre dos eruditos de las universidades de
Salamanca y Alcalá, respectivamente. Pico de oro se llamó la justa, que
nos trasladó a aquellos tiempos en los que el ingenio y la palabra eran armas
de primer orden.
Quevedo, Lope y Machado ponen el broche
Y no pudimos
terminar nuestra peregrinación de mejor manera que en la Casa del Arco.
Con sus columnas jónicas, las aspidistras y un pozo con brocal, escuchamos
—disfrutamos, sentimos, recordamos…— versos sobre patios de grandes poetas de
todas las épocas.
Machado,
Lope de Vega y, cómo no, Quevedo, hicieron que nos fuésemos con buen sabor de boca de
Villanueva de los Infantes.
Nos pasamos el día recorriendo Villanueva de los Infantes, entrando en
patios, disfrutando del teatro, la música y la poesía y descubriendo rincones
que, de otra manera, quizá no hubiéramos conocido. Una visita de las que dejan
buen recuerdo y ganas de volver.
Y para quienes todavía no hayan podido acercarse, la Ruta de los
Patios continuará el próximo sábado 17 y domingo 18 de octubre, con
nuevas propuestas para seguir descubriendo el patrimonio de Villanueva de los
Infantes.
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Martes, 13 de Octubre del 2026
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