Cuando
Alejandro Martínez publicó Lo que callamos, su primera novela, el pasado
mes de enero, se planteaba una posibilidad: ¿y si conseguía publicarla? Unos
meses después, la pregunta es otra: ¿y si algún día pudiera vivir de escribir?
Entre ambas hay una segunda novela, muchas horas de trabajo y la convicción de
que merece la pena seguir intentándolo.
El joven
autor tomellosero regresa con La verdad tiene un precio. Lo que callamos
(II), una historia sobre el poder, los silencios y la manipulación de la
información. También sobre el periodismo y la dificultad de sacar a la luz
aquello que alguien quiere mantener oculto. La novela supone un nuevo paso en
un proyecto que aspira a convertirse en trilogía y en el que Tomelloso vuelve a
ocupar un lugar protagonista. Alejandro sigue estudiando, entrenando y quedando
con sus amigos, pero ya tiene la mirada puesta en la tercera entrega. Escribir,
para él, ha dejado de ser una prueba para convertirse en un camino que quiere
recorrer.
—Alejandro,
cuando hablamos en enero acababas de publicar Lo que callamos, tu
primera novela. Ahora regresas con La verdad tiene un precio. ¿Qué ha
cambiado en ti como escritor en estos meses?
—El primer
libro fue un poco por probar: «¿Y si pasa? ¿Y si lo puedo publicar?». Al ver el
alcance que podía tener, que la gente podía leerlo y que dedicaba su tiempo y
su dinero a mí, empecé a pensar: «¿Y si hago esto? ¿Y si algún día puedo vivir
de ello?». Por eso he lanzado la segunda novela. También he aprovechado para
corregir fallos de maquetación y de la historia que no podían quedarse así.
Creo que todo forma parte de esa evolución.
—El título
de esta segunda entrega es contundente: La verdad tiene un precio. ¿Qué
significa para ti?
—Cuando era
pequeño quería ser periodista y me decían que un periodista siempre tiene que
ir a por la verdad. El problema es que muchas veces la verdad no es lo que
parece. En televisión vemos cómo hay gente que intenta ocultar cosas,
presentarlas como si fueran otras o manipularlas. La verdad está ahí, pero
llegar hasta ella tiene un precio que mucha gente no está dispuesta a pagar.
—Aseguras en
el preámbulo del libro que el verdadero poder no consiste solo en mentir, sino
en conseguir que la verdad nunca llegue a conocerse. ¿Te has inspirado en
situaciones reales para construir esa idea?
—Es algo que
ves cuando observas lo que ocurre a tu alrededor. Si quieres que la gente se
crea una mentira, a veces es más fácil hacer como si determinadas cosas no existieran.
No hace falta mentir directamente, basta con conseguir que ciertas noticias no
salgan a la luz. Si nadie las conoce, nadie puede leerlas, opinar sobre ellas
ni informarse. Y, al final, esas cosas nunca llegan a saberse.
—Vivimos
rodeados de noticias y en las redes sociales circulan tanto la información
veraz como la mentira. ¿Crees que cada vez resulta más difícil saber qué está
pasando realmente?
—Sí, es más
difícil. Por eso este libro también es un mensaje sobre la importancia del
periodismo. Una cosa te la puede contar cualquiera, pero necesitamos un
periodismo fuerte, que no se rinda y que persiga la verdad, porque es lo único
que nos queda.
—¿Sigues
pensando en ser periodista o la escritura está ganando terreno?
—Quiero
intentar ser escritor y, entre las dos cosas, ir consiguiendo un futuro.
—El
subtítulo mantiene la referencia a Lo que callamos, pero esta segunda
entrega no es una simple continuación. ¿Qué va a encontrar el lector?
—Es un libro
diferente, más de asentamiento. En el primero pasa mucho tiempo entre una parte
y otra, hay muchos crímenes y distintas oleadas de acontecimientos. Este es más
tranquilo y pone más énfasis en Tomelloso, en cómo han cambiado las cosas, en
el peso de la verdad y en los personajes. Al final, va a ser una trilogía que
se cerrará con el libro que salga el año que viene, si todo sigue como está
previsto. Quiero que trate esos dos silencios y que se vea la evolución de los
personajes, del pueblo y de todo lo que sucede.
—Has pasado
de plantearte una novela a construir una trilogía. ¿Qué has aprendido sobre
cómo escribir un thriller y mantener al lector enganchado?
—No leo
tanto como debería. Todo el mundo me dice que tengo que leer más si quiero ser
escritor, pero hay una cosa que siempre ayuda, escribir algo que tú mismo
leerías. Hay libros que leo en el instituto que no tienen giros, que se hacen
aburridos o cuyos diálogos no parecen reales. Creo que, cuando escribes, tienes
que conseguir que la gente quiera leerte. Por eso introduzco giros, capítulos
de investigación y pequeños detalles que hacen avanzar la historia.
También coges ideas de otras lecturas. Aquí tenemos a Francisco García Pavón, que es un ejemplo a seguir, pero también aprendo del cine. Veo películas de misterio y suspense y, a veces, pienso que podría incorporar alguna idea a la novela para desarrollar nuevos capítulos. Se trata de coger elementos de distintos sitios y darles forma hasta construir una historia que tú mismo querrías leer.
—Francisco
García Pavón es una referencia y Tomelloso vuelve a aparecer en la novela. ¿Qué
importancia tiene tu pueblo en esta trilogía?
—Tomelloso
tiene un peso muy importante. Cuando empiezas a escribir, es más cómodo y
sencillo hacerlo sobre un lugar que conoces. No es lo mismo escribir sobre una
ciudad de la que apenas sabes nada que hacerlo sobre tus calles, tu pueblo o un
parque por el que pasas habitualmente. Pero también creo que ambientar aquí las
novelas demuestra que, aunque Tomelloso sea más pequeño que Madrid y esté en La
Mancha, de aquí pueden salir grandes escritores, grandes artistas y grandes
historias.
Por eso
escribo en Tomelloso y lo reivindico en cada libro. Quiero seguir haciéndolo en
el futuro.
—¿Te
gustaría que Tomelloso terminara siendo una seña de identidad de Alejandro
Martínez como escritor?
—Sí. Sería
un placer llevar mi pueblo, mis raíces y todo lo que soy por el mundo.
—En tu
primera novela abordabas el bullying y la importancia de dar visibilidad
a quienes sufren en silencio. Ahora pones el foco en la información y en los
mecanismos para ocultarla. ¿Sigue siendo la literatura una forma de denunciar y
hacer reflexionar?
—Sí. Con la
literatura podemos hacer que la gente se pregunte si las cosas están bien, si
hay otras que deberían cambiar o si algunas que parecen correctas en realidad
están mal. También sirve para dar visibilidad a problemas que mucha gente
normaliza o a los que no siempre se concede importancia. Son cuestiones que hay
que pensar, sobre las que hay que reflexionar y que debemos tener en cuenta.
—Compaginas
la escritura con los estudios, el deporte y la vida con tus amigos. ¿Cómo
consigues sacar adelante una novela sin dejar de hacer las cosas propias de tu
edad?
—Es fácil si
te organizas. Yo suelo presentar las novelas hacia finales del verano porque es
cuando más tranquilo puedo estar y aprovechar el tiempo. Ahora tengo un par de
proyectos en mente y necesito escribir o corregir algunas cosas, así que
primero estudio y después voy a entrenar o estoy con los amigos. Hay que vivir
como un joven.
—¿Has tenido
que renunciar a algo para poder escribir esta segunda novela?
—No
especialmente. Hay veces que, si antes había quedado con alguien, le decía que
quedáramos al día siguiente. Son sacrificios, al final, pero hay que
organizarse.
—En nuestra
primera entrevista me dijiste: «La edad no importa en absoluto, si lo quieres,
lo puedes conseguir». Después de publicar dos novelas, ¿sigues pensando lo
mismo?
—Sí, sigo
pensando lo mismo. Además, hay que atreverse y darlo todo. Si te quedas en
casa, no vas a hacer nada.
—¿Qué le
dirías a un joven que tiene una historia en la cabeza, pero no se atreve a
escribirla o a publicarla?
—Que la
cuente. Los escritores escribimos porque tenemos historias que contar,
historias que queremos contar. Lo importante es atreverse y hacerlo. A partir
de ahí, ya irán saliendo las cosas.
—¿Has
empezado a escribir ya la tercera “pata” de la trilogía? ¿Cuándo podremos
leerla?
—He empezado
poco a poco. De momento, he escrito el primer capítulo. Intentaré que esté para
el año que viene, o incluso para finales de este año.
—¿Cómo
trabajas cuando estás escribiendo? ¿Cómo consigues que los personajes, los
tiempos y los lugares encajen?
—Trabajo en
el ordenador y voy abriendo pestañas cuando necesito consultar algo, por
ejemplo, para comprobar cómo se va de una calle a otra. También utilizo papel y
boli. En este libro me ha resultado más complicado organizar los tiempos,
porque entre unas partes y otras pueden pasar tres días. Tengo que pensar cómo
encaja cada escena y estructurarlo todo poco a poco. También hay aplicaciones y
herramientas que te ayudan cuando no se te ocurre un nombre o necesitas
resolver alguna cuestión.
—Además de
la tercera novela, ¿tienes otros proyectos en marcha?
—Estoy
mirando las posibilidades de presentarme a distintos premios y concursos, a ver
si hay suerte. Hay que preparar cosas, ajustarse a los límites de palabras,
corregir los textos según las bases y seguir creciendo poco a poco.
—Para
terminar, ¿qué te gustaría que encontraran los lectores en La verdad tiene
un precio?
—Me gustaría
que la gente lo comprara y lo leyera porque no es simplemente un libro: es una
historia, con sus crímenes, sus reivindicaciones de personajes ilustres de aquí
y cosas que te pueden hacer pensar y reflexionar. Es un mundo nuevo en el que
puedes entrar. Igual que el primer libro, está disponible en Amazon, y también
se puede encontrar allí la segunda edición de Lo que callamos.
Alejandro ya tiene el primer capítulo de la tercera novela y la intención de
presentarse a concursos literarios. Entre tanto, seguirá con los estudios, los
entrenamientos y los amigos. Tiene 14 años —quince a partir de hoy— y dos
novelas publicadas. Cuando le preguntamos en enero si aquello iba en serio, lo
tenía claro. Ahora, después de La verdad tiene un precio, también lo
tiene: quiere seguir escribiendo.
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Sábado, 17 de Octubre del 2026
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