Opinión

El futuro es un mar de deterioros; un oleaje incesante de catástrofes

La Voz | Domingo, 18 de Octubre del 2026
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“El aluvión de crisis que nos atormentan, no sólo demandan responsabilidad, sino también una modificación en nuestro modo de vernos y de mirarnos. Justamente, por ello, los daños de las persistentes guerras como el deterioro de la tierra, están  profundamente adheridos, a nuestra forma de ser y obrar”.

Actualmente, los aires no son muy propicios para el árbol de la vida. La alteración del equilibrio armónico de la creación se está acelerando; y, además, estamos siendo testigos de multitud de crisis y de un gran desconsuelo humano. La situación nos reclama un cambio de actitud, comenzando por los gobiernos que deben acelerar la acción, promoviendo una agricultura sostenible y regenerativa, reforzando el seguimiento y la transparencia, haciendo realidad con mayor rigor las leyes vigentes. Hoy más que nunca, hemos de reorientarnos hacia la protección de la naturaleza. El desgaste suele sacudir con mayor pujanza a los más vulnerables, precisamente a los que menos han contribuido a originar las circunstancias, pero las soluciones han de ser colectivas.

Sin naturaleza no somos nada, como tampoco coexistimos y florecemos deshumanizándonos, ni degradando aquello que nos alienta. Son estas dotes nativas y humanas las que deben hacernos reflexionar. El aluvión de crisis que nos atormentan, no sólo demandan responsabilidad, sino también una modificación en nuestro modo de vernos y de mirarnos. Justamente, por ello, los daños de las persistentes guerras como el deterioro de la tierra, están  profundamente adheridos, a nuestra forma de ser y obrar. En consecuencia, cuando el corazón está deformado, las relaciones sobrellevan desconfianza y las estructuras que construimos, comienzan a reflejar ese desorden que sufrimos. Debiéramos, pues, reencontrarnos y entrar en interrogatorio con nosotros mismos.

Nos urge ahondar en este quebranto de lo oriundo, comenzando por nuestros propios vínculos internos, donde se arremolinan la razón, los deseos, la voluntad y la conciencia. En efecto, hemos de poner orden en nuestro fuero intrínseco, para que este océano de rabia externa se aminore y comience a reinar la cultura desinteresada del abrazo. Lo armónico no subsiste si la humanidad no es sensible a los lamentos. Personalmente, estoy convencido de que las causas profundas del choque y del lucro de la creación, provienen de una crisis ética y cultural, así como de una pérdida del sentido de los límites, de la codicia de dominación y de la búsqueda del beneficio inmediato; obviando reconocer la dignidad de cada persona y la custodia donante de aquello que nos acompaña.

Desde luego, los auténticos instrumentos para enmendar esta abundancia de carcomas que nos cercan hasta dejarnos sin soplo, con una avalancha de calamidades y siniestros, pasa por cultivar el diálogo sincero, la bondad, la comprensión, el cuidado y el amor. Esto nos insta a surcar la paciencia, con la bondad y la justicia. Únicamente estas cualidades poseen el poder de transformar individuos, de renovar sociedades y de sanar las heridas. Si asumimos esta tarea con humildad y certeza, nos volveremos colaboradores con el acontecer diario; restaurando el espíritu de la concordia, a pesar de los mil desiertos que nos acorralan. Lo importante es pasar página, ir de la división a la correspondencia de pulsos y de la violencia a la mesura, respeto y moderación.

Por desgracia, los cimientos existenciales se están desmoronando. Y ante las formas de depreciación y mengua, surtida por la ignorancia cívica, debemos compartir gestas de dedicación y servicio, que cuiden los entornos y cualquier lugar de concurrencia. Esta viable ciudadanía debe fructificar con sus actividades, distanciados de las labores que realizan las corporaciones multinacionales, que lo único que cosechan es llenar sus cuentas bancarias, mientras vacían nuestro mundo de sus dones naturales.  Sin duda, precisamos un enfoque integrador e integrante, que confluya en una alta producción, excelente nutrición, óptimo medio ambiente y una vida mejor vivida, o sea más donada y siempre asistida. De lo contrario, nadie levantará cabeza, porque nuestra historia debemos escribirla juntos.

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