Opinión

Hay que hacerse amor, para en humanidad, rehacerse como familia

La Voz | Domingo, 25 de Octubre del 2026
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“La existencia misma es un árbol enraizado que se une desinteresadamente, bajo un tronco común, a la espera de generar una arboleda floreciente como parentela”.

Lo único que nos sana es el auténtico cariño vertido en nuestros propios pasos. Necesitamos conjugar con nuestros andares la alegría del abrazo sincero y la mirada acariciadora del acompañamiento. Quizás, por ello, tengamos que tomar aliento, con la pausa debida y la reflexión necesaria. Hay un deseo desenfrenado de modificarlo todo, sin apenas deliberación o fundamentación. Sea como fuere, debo indicar que el momento no es fácil, por lo que requiere el estímulo y la ayuda de la escucha colectiva. Está visto que las tensiones y los peligros que nos acorralan se resuelven mejor en comunión y en comunidad, oyéndonos entre sí, dialogando más y reconociéndonos humanitariamente como ciudadanos de bien, que es lo que realmente contribuye a humanizar la convivencia.

La existencia misma es un árbol enraizado que se une desinteresadamente, bajo un tronco común, a la espera de generar una arboleda floreciente como parentela. Lo bueno siempre germina de la confianza de pulsos, que es lo que nos concuerda y nos recuerda que no somos islas en un mar de oleajes. Despojémonos, por consiguiente, de individualismos que nos desvirtúen, haciendo que prevalezca el afán posesivo y no el espíritu donante. De hecho, en todos los lugares, la batalla se sirve a diario en nuestra propia consanguinidad. Por desgracia, se elevan los muros y las distancias, con la arrogancia manifiesta y el encierro en el egoísmo. En consecuencia, cada día crece el número de personas que deciden vivir solas, o que conviven sin cohabitar.

Esto ocasiona un mal acuerdo entre análogos, que únicamente exigen prestaciones de servicios como un loable sentido de justicia, que no lo es, porque está mal entendido, al excluir los principios y valores que son los que sustentan la incondicional entrega benefactora, convirtiéndolo todo en un mero negocio. Ciertamente, no está siendo fácil comprender las separaciones que se dan muchas veces en personas que llevan toda una vida unidos, rechazando el ideal de envejecer cuidándose y sosteniéndose. De igual modo, también cuesta entender que la sociedad empuje a muchos jóvenes a no poder formar una familia porque están privados de oportunidades. Por ello, hoy más que nunca, creo que precisamos cultivar esa querencia efectiva conciliadora, al menos para poder reír y llorar juntos.

Donde reina el amar sin consideraciones, gobierna la pasión del sentimiento y sobran las leyes. La desunión es un lógico fracaso, que debilita y ensombrece nuestros propios vínculos humanitarios. Las crisis, como las diversas contiendas, deben afrontarse con la valentía del aguante, del diálogo sincero, del perdón mutuo, de la reconciliación y también del sacrificio; no con la superficialidad del abandono y del olvido. El verídico apego, cuando germina de las entretelas, jamás se desmorona y es eterno, porque en vez de destruirse se regenera, dándose una nueva oportunidad. Asimismo, el aprecio, cuando lo es en certeza;  tampoco es algo que se pueda conectar o desconectar a gusto del consumidor, ni mucho menos bloquear; está ahí por siempre, impregnando toda su historia de esperanza.

Ahora bien, de cara al futuro, ¿cómo reconstruyes una existencia  en filiación si no tienes la manera de tener ingresos para hacerlo? Quizás tendríamos que impulsar una paternidad/maternidad compartida, responsable y afectiva de verdad, que no es lo que se muestra en las telenovelas, sino algo más concreto  y fraterno, centrado en los hechos. Sin embargo, el fraude también mora en los lenguajes tecnológicos. Algo tan cercano como el móvil, te ofrece negocios exitosos,  además puede suplantar tu voz e identidad e incluso prometerte adhesión perenne. Tanto es así, que cada año las estafas mueven miles de millones de dólares, alentados y alimentados por redes criminales globales que operan con inteligencia artificial y criptomonedas. Aún así, el infalible amor, no fenecerá jamás.

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