Opinión

¿Crisis de identidad versus libertad?

Fermín Gassol | Sábado, 27 de Marzo del 2021

La sociedad ha evolucionado en estos últimos cincuenta años a pasos agigantados. Creo asistir por tanto a un hecho sin precedentes en nuestra historia. Por primera vez hoy, es la sociedad quien ha tomado las riendas de su futuro sin contar apenas con nada ni con nadie; para lo bueno y para lo malo. Atrás quedan las imposiciones de unos colectivos que establecían “el curso de los ríos”. Y cuando me refiero a unos colectivos lo hago hacia sectores de distinto tipo que dirigieron a la sociedad durante siglos.

Buena parte de las motivaciones y los valores que existían y que predominaban hace tan solo treinta años hoy ya no cuentan para muchas personas casi nada. Podemos decir que estamos asistiendo al nacimiento de unas generaciones que se han rebelado contra todo lo anterior. Se podrá rebajar el tono de esta afirmación diciendo que ese fenómeno ha sucedido ya en otras ocasiones; cierto es, pero el actual es de carácter global, no local, nacional o sectorial sino común a las últimas generaciones del primer mundo. Y en esta rebelión son los valores tales como la identidad y libetad, aquellos que considero están más afectados.  

Decía Hegel que la historia es el progreso de la conciencia de la libertad. La frase de este pensador alemán, padre del idealismo y de la dialéctica, encierra una aseveración que lejos de suponer una afirmación utópica como pueda atribuirse a todo aquello que suena a filosofía idealista, tiene a mi juicio el gran valor de descubrir aquello que el ser humano anhela a través de sus ideas y comportamientos, de su ética personal y de la moral social, el secreto de lo que la humanidad, aún sin saberlo busca a través de su conciencia; la libertad.

Que el hombre ha progresado con el paso del tiempo es una obviedad; vivir hoy en un mundo lleno de comodidades y descubrimientos es sin dudar, una suerte. Pero la pregunta surge; ¿Es el hombre de hoy más libre que el de hace por ejemplo doscientos años? Está meridianamente claro que si entendemos la libertad como la superación de condicionamientos físico ambientales, de las barreras que dificultan la comunicación así como la ausencia de ataduras sociales a unas pautas de comportamiento establecidas, a las cuales había que someterse, sin duda que sí. Hoy la persona viste, piensa, obra como le viene en gana y no hay una estructura establecida que le obligue a pensar o comportarse de una determinada manera para que, a la hora de ser aceptado por esa sociedad deba cumplir unas reglas personales y morales impuestas. Hoy ya no existe lo “socialmente correcto”.

Ante esta ausencia de normas preestablecidas son los individuos quienes han de elaborar esas pautas de comportamiento ante los demás y ante ellos mismos. Hoy el fenómeno del comportamiento parece estar atravesando en este periodo de la historia un desierto ayuno de valores tradicionales, entendiendo este concepto como aquellos ejes en los que se apoyaba la conciencia social mayoritariamente aceptada.

La caducidad que presentan estas cápsulas del comportamiento social tiene, creo,  su explicación en dos causas.

La primera, que las personas han pasado de ser un “sujetos localizados”, a “sujetos anónimos”; la transformación del ser humano con historia que residía, vivía en un lugar concreto, hijo de una familia y entorno, con unas costumbres que en ningún momento eran consecuencia de una consulta a su conciencia, a hacerlo escondido en el anonimato de unas ciudades en las que nadie sabe cómo se llama el que pasa por su lado. Los valores que se identificaban con esa forma de vida anterior y que fijaban el comportamiento cotidiano ya no encajan en su nueva situación debido a que hacen referencia a valores heredados y no elegidos.

La segunda causa, la posibilidad que tiene el hombre de hoy de realizar más cosas. La ética del ser humano actual es muy simple. Hacer aquello que puede. Es una ética por tanto basada en sus  posibilidades materiales. La conciencia es una mera tabulación para el aprovechamiento de las circunstancias.

La transcendencia moral de los pensamientos y sobre todo de los actos, hijos de ellos, parece no existir. Hoy manda sobre la conciencia el concepto de oportunidad. Esta parece ser la ética común hoy. El hombre es mucho más libre que en el pasado respecto a los demás; sin embargo paradójicamente, hacia él mismo ya no lo tengo tan claro. Es más, sin unas referencias que le ayuden a encontrarse, el ser humano actual seguirá padeciendo una preocupante crisis de identidad y sin identidad no se puede obtener la libertad.

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