Opinión

Lazos inquebrantables

Manuel Sánchez Patón | Lunes, 7 de Junio del 2021

Villarrobledo, Socuéllamos, Pedro Muñoz y Alcázar de San Juan se preparan para acoger a la Columna de Castilla-La Mancha que integra la Marcha por la Libertad del Pueblo Saharaui, que ha salido de Albacete el 5 de junio y que el 18 del mismo mes confluirá con el resto de columnas en Madrid, en Sol, con un mensaje central; la implicación de la comunidad internacional en una resolución política, justa y duradera del conflicto del Sáhara Occidental surgido - allá por 1975 - en un mundo azorado por la Guerra fría y los estertores de la dictadura franquista.

Una hermosa expresión de solidaridad entre pueblos capitalizada por la Plataforma Unida por la Liberación del Sáhara Occidental (PULSO), que se ha conjurado para revitalizar el apoyo y simpatía de la sociedad española hacia las demandas legítimas de libertad e independencia de los saharauis; exactamente lo contrario de lo que han venido haciendo los diferentes gobiernos españoles en casi cinco décadas.

La potencia ocupante, Marruecos, ha recrudecido la represión contra la población civil en las ciudades y en las cárceles. Las delaciones, detenciones, torturas y asesinatos, las intimidaciones y los montajes policiales están a punto de romper las costuras de la sociedad saharaui, paciente hasta la extenuación, pero que observa el futuro con miedo y aprensión. Militantes independentistas, personal de oenegés y periodistas son el centro de una brutal violencia por parte del ejército marroquí. Mientras el mundo mira para otro lado, el Reino alauita prosigue con una implacable política de terror dirigida a minar las ya de por sí mermadas posibilidades de tutelaje internacional, que debería conducir a un restablecimiento de un marco de negociación y reconocimiento de las partes.

Se rompe el Alto el fuego

El empeoramiento de la situación tiene dos fechas claves, muy recientes. Una, el 13 de noviembre pasado, cuando un destacamento militar marroquí desalojó a un grupo de saharauis acampados en el paso fronterizo de Guerguerat, muy cerca de Mauritania. Es entonces cuando el Frente Polisario anuncia oficialmente la ruptura del Alto el fuego decretado por Naciones Unidas en 1991, con vistas a la celebración de un referéndum de autodeterminación (que tenia que decidir si el Sáhara Occidental se constituye como Estado nacional y soberano o, por el contrario, permanece dentro de Marruecos como provincia autónoma). Las manipulaciones del censo electoral, y más tarde los desplantes e intentos de bloqueo de Rabat, ignorando a la MINURSO (Misión de Naciones Unidas para el Referéndum en el Sáhara Occidental) y riéndose, llamémosle así, del derecho internacional, con el silencio cómplice de Estados Unidos, Francia, y España (la potencia administradora todavía, no lo olvidemos) han dado lugar a una compresible frustración del movimiento independentista (quien a su vez intenta a duras penas contener a los sectores más radicalizados de los campamentos de refugiados).

La otra fecha es el 10 de diciembre, cuando Donald Trump reconoce la marroquinidad del Sáhara Occidental, contraviniendo gravemente las resoluciones de Naciones Unidas, además de hacer un feo a los buenos oficios de ex enviados de ese organismo a la zona, como James Baker (compañero del Partido Republicano y ex Secretario de Estado del Gobierno Federal de los Estados Unidos con George Bush padre) entre 1997 y 2004. Las tensiones con Alemania (renuente a tal concesión), el culebrón de la hospitalización en Logroño, por covid, del secretario general del Polisario y presidente de la RASD (República Árabe Saharaui Democrática), Brahim Ghali, y la apertura de la frontera marroquí por el lado de Ceuta, que ha provocado un conflicto diplomático sin precedentes, suman un carrusel de acontecimientos que han envalentonado a Marruecos, más si cabe cuando, y no me cansaré de decirlo, la comunidad internacional observa impávida e indolente lo que pasa (con España escurriendo el bulto, como siempre).

El manifiesto de la Marcha por la libertad - que resume esta iniciativa internacionalista de hermanamiento con el pueblo saharaui - reclama la presencia de observadores internacionales de la Cruz Roja Internacional, de ACNUDH (Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos) y de organizaciones de defensa de los derechos humanos, el fin de la represión y de los crímenes de lesa humanidad, la libertad de los presos políticos (muchos de los cuales sufren condenas que van desde los diez a los treinta años, o la cadena perpetua), el fin del expolio de los recursos naturales de empresas españolas (fosfatos y pesca en el banco canario-sahariano), el cese inmediato de la venta y donaciones de armamento a Marruecos, y el retorno a la agenda multilateral y al mandato y resoluciones de Naciones Unidas, con el horizonte puesto en un referéndum de autodeterminación, con plenas garantías democráticas y la supervisión de observadores internacionales acreditados.

Responsabilidad y deuda de España con el Sáhara Occidental

Otro de los puntos innegociables del manifiesto de la Marcha por la libertad es el reconocimiento, como único y legítimo interlocutor del pueblo saharaui, del Frente Polisario, desmontando las triquiñuelas del Reino alauita ensayadas tras la hospitalización de Brahim Ghali en España, cuando ha cuestionado su representatividad, negando la validez del pasaporte diplomático concedido por Argelia, y en el que la ministra de Asuntos Exteriores, Arancha González Laya, se ha mostrado un tanto pusilánime, a mi entender, en la defensa de una decisión impecablemente legal consensuada con el Gobierno de Abdelmayid Tebún.

La Marcha por la libertad es un recordatorio de la responsabilidad y deuda que tiene nuestro país con el proceso de descolonización pendiente de los Territorios Ocupados del Sáhara Occidental. Así como de los estrechos lazos históricos y afectivos con el pueblo saharaui. Inquebrantables y luminosos, como los granos que cristalizan y forman la arena del desierto.

Se abre por tanto un nuevo tiempo, quien sabe si habrá más oportunidades, para que la última colonia de África deje de serlo, pasando a engrosar el concierto de naciones libres. La sociedad española ha abierto el camino. Ahora, es el turno, sin dilaciones ni excusas que valgan, del Gobierno de Madrid y de la Unión Europea.

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