Los temporales y, sobre todo, los vientos huracanados y
racheados que hemos tenido en toda España durante los meses de Febrero y Marzo de 2018, han
dejado mucha lluvia. Y buena falta que hacía.
Sin embargo, como todo tiene su
lado negativo, han arrancado y dañado gran cantidad de árboles de gran tamaño.
Los destrozos sufridos en Cantabria, o en la sierra de Alcaraz –por poner dos ejemplos- por la arboleda, son siempre lamentables. Pero en donde se pueden considerar verdaderamente catastróficos es en La Mancha,
pues el paisaje de nuestra llanura está decorado, en general, por muy pocos
árboles y arboledas de buen porte y tamaño.
En los últimos días se hemos
podido comprobar los daños muy graves sufridos como consecuencia del temporal
por uno de los mayores ejemplares arbóreos de La Mancha. Quizás el más grande, varias veces centenario: “la carrasca de Monte
Chico”.
Esta grandiosa encina tenía un grueso tronco de 8 metros de
perímetro, varias de sus ramas llegaban a una altura de 20 metros y el cono de
sombra que proyectaban sus ramas y hojas era de algo más de 700 metros
cuadrados. Nosotros lo considerábamos el
mayor árbol de toda La Mancha, junto con la Noguera de San Pedro, en Ruidera.
Está situado en el término Municipal de Mota del Cuervo, aunque muy próximo a
Socuéllamos y también a Pedro Muñoz.
Manchegos y manchegas de estas
tres poblaciones se han manifestado junto a lo que queda de este gigante para
solicitar a las distintas administraciones competentes que no lo dejen en el
olvido y se haga todo lo posible por recuperarlo. Por supuesto, nosotros
estamos de acuerdo con esta opinión.
La Mancha es un terreno en su
mayor parte llano que se puso en cultivo por nuestros antepasados no muy
lejanos. Para ello se talaron los árboles existentes –en su mayoría encinas-
sobreviviendo solo algunos ejemplares notables. Estos árboles, no por ser
pocos, son menos bellos que otros situados en lugares en los que hay muchos
más. Mas bien, por el contrario, al encontrarse aislados en un terreno llano,
decoran de forma inigualable el paisaje manchego.
Los que están ubicados en
propiedad pública, casi siempre están correctamente atendidos, pues en los Ayuntamientos
existe personal cualificado en la dirección de Parques y Jardines. No podríamos
decir otro tanto de los que se encuentran en propiedad privada –la gran
mayoría- pues unos están bien cuidados y otros no.
Para los árboles, igual que para
otro ser vivo, el tiempo no pasa en balde.
Conforme van cumpliendo años las ramas y troncos pasan de macizos a huecos, haciéndose más
vulnerables a las incidencias meteorológicas extremas. Una encina con
doscientos años necesita atención para
que se vea bien conservada. Atención especializada, dirigida por técnicos y
ejecutada por diestros trabajadores habituados a la poda de árboles sin
dañarlos. Estos trabajadores podan cuidadosamente las partes secas, las que
llegan al suelo o las que pesan demasiado para la rama que los sostiene,
reduciendo considerablemente las posibilidades de un colapso como el que ha
sufrido la encina de Monte Chico.
El número de árboles y arboledas
singulares en La Mancha no es muy elevado, pues puede encontrarse entre uno y
dos centenares. Como se ha dicho, los que se ubican en propiedad pública están correctamente vigilados. En fincas
privadas hay muchos, algunos de ellos verdaderos tesoros botánicos por su
tamaño, singularidad y simbología en el entorno. Entre estos últimos citaremos
el Mesto de Santa Quiteria, La Noguera de San Pedro en Ruidera y la carrasca de
las Delicias en Tomelloso, aunque existen muchos más.
La mayor parte de La Mancha se
encuentra en la Provincia de Ciudad Real, aunque hay grandes zonas de esta
comarca que pertenecen a varias
provincias limítrofes. Por tanto,
en nuestra opinión, la Diputación
Provincial de Ciudad Real, en colaboración con los Ayuntamientos, la Junta de
Comunidades de Castilla La Mancha y
Diputaciones de provincias limítrofes, podría hacer una catalogación oficial de los
árboles singulares dignos de protección y atención de La Mancha.
El autor de estas líneas se ofrece para colaborar en todo lo que le sea
posible en el trabajo citado, si se
estimase necesario.
Una adecuada catalogación sería
un primer paso importante para conseguir que técnicos y trabajadores
especializados hagan un seguimiento periódico del estado de nuestros gigantes
vegetales.
Nunca podremos tener la certeza
de que un hecho tan negativo como el ocurrido a la encina de Monte Chico no va
a pasar nunca más. Sin embargo, en caso de que se lleve a cabo alguna acción
similar a la citada, a los amantes de la Naturaleza y los árboles que hayamos
colaborado en ella nos quedará la
tranquilidad de haber hecho algo por intentar evitarlo.
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Sábado, 4 de Abril del 2026
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