La farmacia “La Plaza”, de doña Rosa Mortero Plá, licenciada en ciencias químicas y doctora en farmacia, tercera de una generación de boticarios llaneros, que desempeñaba Frasio, la fundó en 1898, el licenciado don Julio Mortero Ruiz y como su rótulo indicaba, se hallaba en la plaza mayor de La Llana. Ocupaba los bajos de un edificio de tres plantas, en la fachada oeste, frente al edificio del Ayuntamiento, cuya vista impedía casi totalmente, el inmemorial y frondoso tejo central, en torno al cual, se dice, fue formándose el recinto urbano. Completaba el ágora, en la cara norte, la parroquia de san Acundino, santo apócrifo, cuya festividad se celebraba con carácter movible en cuanto a la fecha e inamovible en cuanto al día de la semana, el tercer domingo de agosto, y por el sur, cerraba el recinto un edificio abalconado horadado por el gran arco denominado de los diezmos.
Dos amplios escaparates a ambos lados de la puerta, bajo el rótulo de la farmacia, ofrecían, el de la derecha, un amplio muestrario del antiguo instrumental propio de los laboratorios de la primitiva ciencia farmacéutica, y el de la izquierda, junto a algunos modernos específicos, los más variados productos de ortopedia y parafarmacia.
El amplio recinto interior,
dividido por un mostrador de madera con los bordes taraceados, mostraba, en
torno a la arqueada puerta de acceso a la rebotica, a lo largo y alto de la
pared, en relucientes estanterías de roble, el rico botamen de albarelos y
tarros procedentes de los acreditados alfares de El Puente del Arzobispo, a que
hicimos referencia.
Allí, al día siguiente, con el
paquete del pedido de los demás medicamentos, recibieron dos cajas del HARLUNEG
que, Frasio, movido por una curiosidad más enfermiza o morbosa que profesional,
inmediatamente, abrió para leer el prospecto:
“Lea el prospecto
detenidamente… Contenido del prospecto… Que es y para que se utiliza Harluneg”
A ver. “Harluneg es un medicamento esteroide sintético combinado con un
modulador selectivo de los receptores…” ¿Para qué?... para el
tratamiento de la disfunción sexual femenina.”
-¡Arrea! Pues no es lo que yo
creía. Claro que tal vez no les viniera mal tomarlo a mis desertoras, a ver si
así volvían al redil. Yo creí que era algún invento relacionado con las
apetencias de los militantes de la LGTBIQ+ y resulta que es para recetárselo a
alguna de sus pacientes atacadas de inapetencia. Porque ¿no será para
autoconsumo?, supongo.
A la mañana siguiente intentó
ponerse en contacto con el doctor Rubio en la extensión del ambulatorio que le
había indicado y le fue imposible. Unas veces por estar ocupada la centralita,
otras por estar comunicando, otras, en fin, por no cogerlo. Bueno, le había
dicho que no era urgente. Otro tanto le sucedió la mañana del siguiente día, lo
que intranquilizó a Frasio, más porque temía que el doctor creyera que era
debido a negligencia o demora en obtener el medicamento y, en consecuencia, en
descrédito profesional, que por otros motivos.
Aquella tarde, se encontraba un
mustio Frasio en la rebotica, sin superar el decaimiento y la desorientación
que le venían aquejando, en particular a aquella hora del lubricán, en la que,
según “La rosa del reloj”, “acecha el mochuelo en el pino, el bandolero en
el camino y en el prostíbulo, Satán”.
Tras hacer caja y retirar el efectivo de la jornada, guardaba los
estupefacientes bajo llave, a punto de cerrar la oficina, cuando la campanilla
de la puerta le avisó de la entrada de alguien.
Recompuso su blanca bata y salió,
un tanto deslumbrado, a atender al cliente o a la clienta y pronto su sorpresa
le despabiló, ahuyentando sus constantes y pesimistas cavilaciones.
Tenía ante él al doctor Rubio,
envuelto en una intensa y agradable fragancia de exóticas maderas de colonia
cara. Una chaqueta de sport gris con dibujo de espiga, camisa azul cielo sin
corbata, pantalón crema y mocasines marrones, sin ningún signo de extravagancia,
daban al visitante un porte elegante, discreto, distinguido, incluso varonil.
-Buenas tardes, Frasio. Pasaba
por aquí y he visto encendida la cruz de la farmacia y he dicho: Voy a ver si,
por casualidad, recibieron ya la caja que pedí el otro día.
-Desde ayer por la mañana he
estado intentando comunicar con usted para decirle que la habíamos recibido y
me ha sido materialmente imposible. Mañana pensaba habérselo acercado yo mismo.
No hay forma de hablar con el ambulatorio y como no tenía otro teléfono…
-Es verdad, es verdad. Me lo
dicen mis pacientes.
-Hablé con el laboratorio, con el
que tenemos muy buenas relaciones. Les dije que era para usted…
-Para ti, Frasio; nos tuteamos.
-Bueno, para el doctor Rubio y me
han mandado dos cajas de muestra gratuita, una de 20 y otra de 30 miligramos.
Aquí las tiene.
Mira, pues que bien. Muchas
gracias. Transmíteselas en mi nombre al laboratorio. Perdona, Frasio, pero voy
con prisa. En otro momento tendré mucho gusto en invitarte a un café o a tomar
una copa. Buenas tardes.
Y, bamboleando la bolsita con las
cajas del estimulante sexual femenino, salió de la farmacia con paso decidido y
sin el más mínimo atisbo de uranismo, dejando a Frasio en un estado de atónita
perplejidad y no precisamente por el aroma embriagador de su colonia.
-Pues quien ahora lo hubiera
visto… parecía otro… como si fueran el míster Hyde y el doctor Jekyll de la
sexualidad.
…………………………………………….
Habían transcurrido dos años
desde la tarde en que por primera vez entró en la farmacia de la Plaza el
doctor Rubio, cuando aquella mañana, Frasio, tras recoger en el quiosco el
ejemplar del periódico local, La voz de La Llana, abría la farmacia,
desconectaba la alarma, encendía las luces y levantaba las persianas de los
escaparates, dejando el diario sobre el mostrador. Acabada de darle un vistazo
en el bar mientras desayunaba su habitual café con churros, buscando, en la página
4, los ecos de sociedad locales, en los que se recogían los actos,
acontecimientos, idas y venidas, cotilleos y celebraciones de la ciudad, por su
amigo el periodista local, Nacho Artero. Allí estaba la buscada gacetilla:
“NATALICIOS. El hogar de
nuestros queridos amigos, la distinguida maestra doña Obdulia Paz y Rey y su
esposo el competente auxiliar de farmacia don Eufrasio Mozo, ha sido bendecido
con el nacimiento de una hermosa niña, primera de sus hijos, que recibirá el
nombre de Rosa, en atención a la que será su madrina, la doctora titular de la
farmacia Plaza. La recién nacida y la madre se encuentran en perfecto estado de
salud, tras ser atendidas por el afamado especialista doctor Rubio Aureolas.
Enviamos a los queridos “Frasio” y Obdulia nuestra más sincera enhorabuena y
nuestros fervientes deseos de ventura para la neonata.”
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Miércoles, 2 de Abril del 2025
Jueves, 3 de Abril del 2025
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