Cuando alguien se encuentra descentrado o no logra alcanzar aquello que
pretende, entra con frecuencia en un estado de inestabilidad y falta de
acierto, tanto en sus palabras como acciones, algo que tarde o temprano
perjudica a sus propios intereses.
Si algo resulta evidente en las reacciones de varios ministros del
Gobierno tras las desafortunadas palabras de la vicepresidenta primera y
ministra de Hacienda, y de ella misma, es querer justificar lo que
resulta injustificable. Como aquél que ante el cuadro
de una señora comenta que es muy fea y quien le acompaña le dice que es
su mujer y responde, entonces no…María Jesús Montero ha intentado hacer
un trabalenguas verbal y conceptual para decir que ella no quiso decir
lo que dijo…subrayando que cualquiera puede
criticar una sentencia; o sea, retiro lo dicho…pero no del todo…
Y ahí estaba el ministro del Interior, quien fuera presidente de la Sala
de lo Penal de la Audiencia Nacional, para echarle una mano aconsejando
a los jueces que explicaran mejor las sentencias. Una tomadura de pelo,
porque ¿acaso la vicepresidenta del PSOE
se leyó la sentencia que no sólo criticaba, sino censuraba? Imagino la
cara que podrían los magistrados al escuchar semejante
perorata...Marlaska sigue en su particular laberinto mental...
Además del asunto Dani Alves la, así misma, secretaria general del PSOE
andaluz, cargó de manera tan nítida, expresiva como salvaje contra las
universidades privadas si mayor distinción tachándolas de vendedoras de
títulos académicos…y unas instituciones amenazantes
para la clase trabajadora, algo que resulta, además de falso, intentar
un frentismo interesado contraponiéndola a la universidad pública, donde
los menos pudientes a base de esfuerzo logran ascender en la escala
social; un discurso propio de hace cien años.
Oído esto, la ministra portavoz en la rueda de prensa posterior al
Consejo de ministros, se atrevió a decir que “esto no iba de
universidades públicas contra las privadas” alabando la calidad de unas y
otras. Es decir, se trataba primero de despreciar a unas
instituciones para después decir que la cosa no iba de eso. Sin duda
que otra tomadura de pelo.
Al final lo que uno piensa es que este Gobierno se agarra a cualquier
asunto al que pueda sacarle punta para intentar desviar la atención de
los graves problemas que tiene encima de la mesa. Y si desea seguir
haciéndolo, que sea de una manera menos ofensiva
para el nivel mental de a quienes van dirigidas