Ignoro si la bala que le impactó en la oreja lo volvió más soberbio e
irascible. Pero de lo que sí estoy seguro es de que fue herido en lo más
profundo de lo que él se considera: un intocable.
Donald Trump se ha convertido en un problema para más de medio mundo, es
más, quizá para todo el mundo…excepto para China. Su cascada de
decisiones nada más llegar al cargo, escenificadas de una manera
sobreactuada, con el mentón levantado, ha pillado a contrapié
al orden mundial político económico establecido. Y es que el nuevo
presidente hubiera pensado que su cargo es el de una empresa estatal
única que abarca todos los sectores productivos. Porque Trump no es un
político con mentalidad política sino empresarial;
de ahí que sus decisiones sean tomadas con la única finalidad de ganar
dinero de manera rápida y salvaje.
Si a esto unimos su mentalidad supremacista y su carácter vehemente y
primario, nos encontraremos con un personaje altamente peligroso. Y digo
esto porque ese peligro no afecta únicamente al fondo de sus decisiones
sino también a las formas chulescas de hacerlas
saber, que las maneras reflejan tanto la sicología de cada individuo
como el grado de importancia y aprecio que se otorga a los
destinatarios. Todo ello, consecuencia de una mente inmadura, sin más
principios ni valores que el dinero, el único lenguaje que
ha practicado, defendido y vivido.
Su última y más importante decisión tomada por ahora es el
establecimiento de aranceles, (palabra que se ha hecho popular fuera del
ámbito económico). Unas cargas a los productos importados según los
sectores y países de procedencia, establecidos además por
unos criterios que según los expertos no son resultado de un estudio
exhaustivo y riguroso. Y es que todo lo que Trump decide parece sacado
de una partida de dados. En un cubilete, las naciones y en otro los
dados. Ponerle aranceles a una isla deshabitada
así parece indicarlo.
Dicho esto, la pregunta resulta inevitable: ¿Qué porcentaje de sus
votantes se encuentran a esta hora arrepentidos? ¿Cómo han aceptado esta
vorágine arancelaria? ¿Saben de sus consecuencias? Particularmente
pienso que algunos habrá, pero no demasiados. Que
no es la primera vez que un líder, digamos que alocado y soberbio,
vuelve locos también a sus correligionarios.