Marta López, una joven de Tomelloso que viajó a Australia
“para unos meses” y acabó echando raíces en Sídney, vivió de cerca el horror de
la masacre de Bondi Beach, donde dieciséis personas perdieron la vida. La
casualidad —y un concierto— la alejaron del lugar minutos antes de que
comenzara el tiroteo. “Decidimos irnos veinte minutos antes y eso nos salvó
la vida”, explica a La Voz desde la ciudad australiana.
Una tarde de cumpleaños que cambió de rumbo
El pasado domingo, Marta celebraba el cumpleaños de un amigo
en la playa de Bondi. “Estábamos justo dentro del recinto del festival
judío, lleno de familias y niños, cuando nos avisaron de que iban a cerrar
y nos pidieron que saliéramos”, recuerda. Hacía calor y, casi sin pensarlo,
decidió con su pareja moverse hacia la playa para darse un baño.
Poco después, todo se desató. “Nos fuimos veinte minutos antes de que empezaran los disparos. Si hubiéramos tardado un poco más, estaríamos ahí dentro”, asegura Marta con preocupación.
La huida y las sirenas
La pareja dejó la moto aparcada justo bajo el puente donde
comenzó el tiroteo. “Apenas cinco minutos después de irnos, empezamos a
cruzarnos con coches de policía y ambulancias que se dirigían hacia Bondi.
Fue entonces cuando comprendimos que algo muy grave estaba pasando”, relata.
Un amigo los llamó desde el lugar del cumpleaños: “Nos
dijo que estaban escondidos en una casa. Un hombre los acogió, les dio comida y
refugio a más de cincuenta personas. Fue un gesto increíble”.
El héroe musulmán y la solidaridad australiana
Marta no presenció el momento, pero sí ha visto el vídeo del
hombre que se enfrentó al atacante. “Se escondió detrás de un coche y esperó
el momento justo para quitarle el rifle. Le dispararon en la mano, pero
gracias a él no hubo más víctimas”, cuenta.
Australia entera se ha volcado con este héroe improvisado: “Se han recaudado
1,7 millones de dólares australianos para ayudarle. Es emocionante ver esa
solidaridad”.
Una ciudad tranquila, ahora conmocionada
Sídney, una urbe conocida por su seguridad, vive ahora días
de miedo y tristeza. “Aquí no hay robos como en otras ciudades grandes, la
gente se siente muy segura. Pero ahora todos estamos asustados”, confiesa
Marta.
El día siguiente fue al lugar de los hechos. “Había flores por todas partes, familias llorando… se te parte el corazón. Murió incluso una niña. Es muy duro”, dice.
Ecos del miedo
Aunque intenta recuperar la normalidad, el trauma sigue
latente. “Voy en moto y escucho sirenas aunque no las haya. Esa noche
fueron constantes, y todavía me retumban en la cabeza”, admite. “Pienso en
países que viven en guerra, escuchando eso cada día. No sé cómo pueden
soportarlo.”
Pese a todo, Marta sigue confiando en la vida australiana. “Ahora
hay tanta seguridad en Bondi que probablemente sea el sitio más seguro del
mundo. Tienes miedo por lo que pasó, pero no miedo de estar allí”, afirma
con serenidad.
A tres años de su llegada, se siente adaptada: “Vine para
nueve meses y ya llevo casi tres años”. Como en cualquier lugar, “ha gente
de todo tipo”, pero la tomellosera se siente bien tratada en las antípodas.
Resume su historia con esta frase, “todo pasa por algo.
Ese día, ir al concierto fue lo que nos salvó.”
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Miércoles, 4 de Febrero del 2026
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