Si tuviéramos que buscar una disciplina que resultara ser antítesis a lo
que tratan las ciencias exactas encontraríamos en la política uno de
sus más acertados reflejos. Y es que lejos de pretender ser una materia
que busque la exactitud, la política es el
mundo de las indeterminaciones y ambigüedades, cuando no de las
contradicciones que resultan no pocas veces incompatibles.
Cuando recurrimos a la frase de que algo es políticamente conveniente,
estamos dejando entrever que no responde a la lógica inmediata, al
sentido común o al proceso mantenido con otros asuntos y problemas
surgidos en la cotidianidad, sino a algún motivo meramente
subjetivo y etéreo, a veces con vocación de futuro ignoto o probable,
algo que, sin tener carácter de imposible, escapa al razonamiento más
próximo. Esta falta de concreción e indeterminación da pie a la
ambigüedad como un estilo de lenguaje que resulta práctico, pues
todo aquello que se dice puede contestarse dependiendo del momento y
ángulo estratégico.
Más allá de la ambigüedad están en cinismo e hipocresía conceptos que a
veces no resultan coincidentes, no siendo este el momento ni lugar para
aclarar sus matices, pero que políticamente consisten en recriminar al
otro aquellos extremos que el denunciante
ha dicho o hecho antes o después en iguales o parecidos ámbitos y
circunstancias. De tal manera que el cinismo o hipocresía política
resulta ser una práctica generalizada, aunque con distinta
intencionalidad, desfachatez y gravedad en sus consecuencias.
Más allá de la ambigüedad, cinismo e hipocresía, está la mentira. Si la
ambigüedad tiene la ventaja de no ser irreversible, el cinismo e
hipocresía el atenuante de encontrarla a distintos niveles y frecuencias
también en el adversario, la mentira es una vía
dialéctica que mantiene siempre una sola dirección y por ello sin
posibilidad de retorno, siendo los únicos elementos que la hacen más o
menos grave las materias y el número de personas a las que se intenta
confundir. La mentira como un acto de cobardía.
Un acto de cobardía que en política aparece a posteriori. Cuando se
difiere o se niega la verdad de un hecho, por grave que sea con la
cobarde intención de no perder votos o eludir responsabilidades, civiles
o penales. La mentira trata de la inadecuación de
aquello que pensamos con lo dicho o hecho. Pero en política, la mentira
es un arma utilizada para intentar eliminar aquello que antes dijimos
con mayor o menor verdad sin el menor empacho.
La mentira es la tergiversación mental de la verdad, por eso la
convierte en el arma más peligrosa para la deriva del ser humano, tanto a
nivel individual como social; supone someter a la mente a un proceso
erróneo que da como resultado desembarcar en un lugar
equivocado. Cuando la mente es subyugada y sometida de manera constante
a la mentira, la conciencia acaba perdiendo el sentido, el norte de la
realidad y como consecuencia el comportamiento moral presenta un
encefalograma plano.