Volvía Ibérica de Danza este sábado al Teatro Marcelo
Grande de Tomelloso con “La prodigiosa zapatera”, la versión de la
tragicomedia de Lorca firmada por Manuel Segovia. La compañía demostró que la
danza española puede dialogar con los clásicos con respeto y audacia, convirtiendo
el texto de García Lorca en un ballet con gran fuerza visual, musical y
emocional. El montaje fue aplaudido en cada cambio de escena por el público que
premió la función con una gran ovación.
Como hiciera Lorca hace un siglo —la obra la escribió el
granadino en 1926 y se estrenó en 1930—, el montaje explora el universo
femenino, el choque entre deseo y norma social, entre libertad y honor.
Desde el arranque —con la presencia de El Autor, el propio Federico, y
la boda simbólica de la Zapatera— la obra se sumerge en un ambiente
abstracto y surrealista, muy fiel al imaginario lorquiano.
La joven Zapatera, casada con un hombre mucho mayor que
ella, se enfrenta a la presión constante del pueblo, a los cotilleos y a una
moral asfixiante. Todo ello se tradujo en escena en un potente contraste
coreográfico entre lo individual y lo colectivo, una de las claves más
brillantes del montaje.
Coreografía de alto nivel
Protagonizada por una magnífica Nuria Tena, rotunda y
sensible como la Zapatera, y por Jaime Puente, sobresaliente en su doble
papel de Lorca y Zapatero, la función se apoya en un elenco de diez bailarines
que recorren con solvencia y personalidad un amplio abanico de estilos:
danza española estilizada, flamenco, folk y neofolk.
Las coreografías, firmadas por Manuel Segovia, Mariana
Collado y Mariano Cruceta, conceden todo el protagonismo al movimiento,
incluso en las escenas más narrativas. La historia se sostiene sobre un conveniente
collage musical que va desde Joaquín Rodrigo hasta Manolo Carrasco o Xosé
Lois Romero & Aliboria —su singular versión de La leyenda del tiempo,
de Camarón emocionó al público—. No
desmereció el espectáculo la música “enlatada” del montaje
Una singular puesta en escena
El apartado visual fue otro de los grandes aciertos de la
noche. El variadísimo vestuario de Violeta Ruiz del Valle, lleno de
color y matices simbólicos, se vio realzado por la escenografía con técnica
de mapping diseñada por Miguel Ángel Ramos y por la cuidada iluminación de
Manuel Segovia.
Bailarinas como María Muñoz (Vecina amarilla), Marta
Mármol (Vecina morada) y Alejandra Rodríguez (Vecina roja) modelaron su
movimiento con inteligencia según las exigencias de cada estilo, mientras que Raquel
Ruiz, maestra de la compañía, brilló como la Beata. Junto a ellas, los
intérpretes masculinos —Adrián Gómez, Alejandro Mármol, Francisco Linares y
Santiago Herranz— aportaron fuerza, carácter y presencia escénica.
Pese a la incómoda temperatura del teatro, provocada
por una avería en la calefacción, el público no dejó de arropar la función. Los
aplausos a cada cambio de escena y la ovación final confirmaron que
Tomelloso volvió a encontrarse con una compañía que ya dejó huella el pasado
año con “Gaudí Dance Experience”.
Ibérica de Danza celebró así, en el Marcelo Grande, su
manera de entender la tradición, viva, valiente y profundamente contemporánea,
demostrando que Lorca, cuando se baila con verdad, sigue siendo prodigioso.
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Domingo, 25 de Enero del 2026
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