Hay hombres que escriben con tinta y otros que lo
hacen con el pulso de la propia existencia. Juan Camacho, poeta de alma bífida
—forjada entre el salitre de Bizkaia y el barbecho infinito de La Mancha—,
pertenece a estos últimos. Su voz se ha alzado para romper el cristal del
silencio, transformando el diagnóstico en un canto a la vida. Un hombre que ha
decidido que, frente al miedo, la mejor respuesta es la belleza compartida y el
compromiso inquebrantable de la palabra.
El
poeta Juan Camacho, superviviente y voz activa en la lucha contra el
cáncer de próstata, asume la coordinación en Arrigorriaga de uno de los
recitales del I Festival Nacional de Poesía PROSVIDA, un evento que
busca romper el silencio sobre esta enfermedad a través de la lírica. Como uno
de los redactores del manifiesto de PROSVIDA, Camacho une fuerzas con
sus compañeros Luis Díaz-Cacho Campillo, Marciano Sánchez y Jesús Lara para
transformar el diagnóstico en un mensaje de esperanza y prevención. En esta
entrevista, el autor nos habla sobre cómo su propia experiencia personal se ha
convertido en un motor para concienciar a la sociedad y por qué considera que
compartir la vulnerabilidad es, en realidad, la mayor fortaleza de un hombre.
El poeta y su compromiso vital
Juan,
usted camina entre dos tierras: la fuerza del hierro vizcaíno y la serenidad de
la llanura manchega. ¿Cómo dialogan en su verso el Nervión y el viento del
Quijote cuando la vida aprieta?
En mi interior no compiten, se complementan. El Nervión me enseñó la resistencia: el hierro, la industria, la dignidad obrera, el silencio contenido. La Mancha me enseñó la amplitud, la mirada larga, el horizonte que obliga a pensar. Cuando la vida aprieta, la firmeza vasca sostiene el pulso y la llanura manchega me recuerda que todo dolor tiene un horizonte más allá de sí mismo. Mi verso nace de esa tensión: firme pero abierto, sobrio pero esperanzado.
Usted
ha vivido en primera persona la batalla contra esta enfermedad. ¿En qué momento
el dolor o la incertidumbre se transformaron en la necesidad de crear un
movimiento literario y social?
El momento decisivo no fue el diagnóstico, sino el silencio que lo rodea. Comprendí que muchos hombres sufren no solo la enfermedad, sino la soledad de no hablarla. Entendí que mi experiencia no debía quedarse en mi intimidad. No se trataba de convertir el dolor en bandera. Si la palabra puede aliviar una conciencia, debe ponerse al servicio de los demás.
Se
dice que la poesía “salva”. En su caso personal, ¿fue la escritura un refugio
terapéutico durante su tratamiento o una herramienta de combate para
visibilizar lo que muchos hombres callan?
Fue ambas cosas. Primero fue refugio: la palabra me permitió ordenar el miedo, mirarlo de frente. Después fue compromiso: comprendí que escribir sobre ello era contribuir a romper una barrera cultural que pesa demasiado sobre nosotros. La poesía no cura el cuerpo, pero fortalece el espíritu. Y un espíritu fortalecido enfrenta mejor cualquier tratamiento.
También
se dice que el poeta tiene lo que mira, pero también lo que sueña. ¿En qué
rincón de su interior encontró la luz necesaria para enfrentarse a la sombra de
la enfermedad?
La encontré en la conciencia de lo vivido. En la familia, en los amigos, en la memoria de mis padres, en la gratitud por lo recorrido. Cuando uno ha amado y ha sido amado, la enfermedad no logra oscurecerlo todo. La sombra existe, pero no tiene la última palabra. Seguimos siendo más que un diagnóstico.
Es
autor de obras como "Y volverá el hombre" y “Nada es silencio”.
¿Veremos parte de esa sensibilidad íntima reflejada en la coordinación de este
evento nacional?
Sin duda. Siempre he entendido la poesía como una responsabilidad ética. En “Y volverá el hombre” defendía la dignidad humana; en “Nada es silencio” afirmaba que incluso lo invisible tiene voz. PROSVIDA encarna esa misma convicción: no permitir que el silencio oculte lo que necesita ser dicho. Si se ha de oír nuestro grito, lo alzaremos con serenidad y firmeza.
Si
tuviera que dedicarle un poema a un hombre que acaba de recibir su diagnóstico,
¿qué mensaje de esperanza le enviaría a través de sus palabras?
Le diría que no es menos hombre por sentir miedo. Que la valentía no consiste en callar, sino en compartir. Que la solidaridad convierte la fragilidad en fuerza común. Que la medicina actúa en el cuerpo, pero la esperanza actúa en el ánimo. Y que no camina solo: somos muchos los que hemos pasado por esa frontera y seguimos de pie.
Manifiesto PROSVIDA
Como
uno de los redactores del manifiesto de PROSVIDA, ha convertido la palabra en
un escudo de visibilidad. ¿Es la poesía el mejor antídoto contra el
"ostracismo" y el silencio que a veces rodea al cáncer de próstata?
La poesía no sustituye a la medicina ni a la prevención, pero sí combate el aislamiento. El ostracismo es otra forma de enfermedad social que se alimenta del silencio y del miedo. La poesía humaniza la experiencia y la comparte. Cuando un hombre escucha su propia fragilidad en la voz de otro, deja de sentirse solo. Es un primer paso hacia la dignidad activa.
¿Cuál
es el verso o la idea central de ese texto que mejor resume la urgencia de
concienciar sobre el cáncer de próstata?
La
idea central es clara: “Hablar es vivir dos veces”. El silencio puede agravar
la enfermedad; la palabra puede anticiparse a ella. El cáncer de próstata es
una amenaza silenciosa que muchas veces avanza sin síntomas evidentes. Por eso
la prevención no es una opción: es una responsabilidad compartida. La
conciencia es el primer acto de cuidado.
Recital en Arrigorriaga
Arrigorriaga
se convierte en epicentro del I Festival Nacional de Poesía PROSVIDA. Como
coordinador local, ¿qué espera que sienta el público al escuchar estos versos
en la Casa de Cultura ‘Edurne Garitazelaia’?
Espero que sientan humanidad compartida. Que comprendan que la poesía no es evasión, sino compromiso. Que salgan del recital con una emoción estética, sí, pero también con una reflexión clara: la salud es responsabilidad de todos.
Usted
coordina el recital en Arrigorriaga; ¿qué puede adelantarnos sobre los poetas y
artistas locales que se sumarán a esta cita?
Habrá voces diversas y sensibilidades distintas unidas por una causa común. Poetas comprometidos, músicos que acompañarán con sobriedad y emoción, y voluntarios que sostienen la estructura invisible del acto. Es una red de conciencia colectiva que busca erradicar el miedo desde la información y el acompañamiento.
¿Cómo
se logra que un verso sea capaz de salvar una vida o, al menos, de acompañar a
quien siente que el tiempo se le escapa?
Un verso no salva por sí mismo; salva cuando despierta una decisión. Si un hombre, después de escuchar un poema, decide hacerse una revisión médica, entonces ese verso ha cumplido una función vital. La poesía no sustituye a la acción, pero puede provocarla.
Este
festival cuenta ya con casi 30 recitales en toda España. ¿Cómo ha sido el
proceso de "hermanar" a tantos poetas bajo una causa tan específica
y, a veces, considerada tabú?
Ha sido un ejercicio de confianza y generosidad. Un intercambio de experiencias y voluntades. Cuando la causa es justa y el objetivo es humano, las diferencias estéticas se diluyen. La palabra une cuando está al servicio de la vida.
Además
de poetas, el festival busca la implicación de músicos y voluntarios. ¿Cómo se
integran estas disciplinas para crear un mensaje de esperanza y vida?
La poesía es ritmo; la música es emoción; el voluntariado es acción. Cuando estas tres dimensiones confluyen, el mensaje no solo se escucha: se vive. La cultura, cuando se compromete, se convierte en estímulo de conciencia y en impulso solidario.
Trabaja
codo con codo con Luis Díaz-Cacho Campillo en la coordinación general. ¿Cómo
complementan sus visiones poéticas para gestionar un evento de tal envergadura
nacional?
Nos complementamos desde el respeto y la experiencia. Ambos creemos en la palabra como herramienta de transformación social. Él aporta su energía organizativa y su visión integradora; yo aporto mi experiencia en coordinación cultural y mi convicción humanista. Nos une una causa común.
Tras
el recital en Arrigorriaga, ¿cuál es el siguiente paso para PROSVIDA y este
festival en su misión de "humanismo solidario"?
Que
no se quede en un evento puntual. Que la prevención, la información y la
solidaridad se mantengan vivas más allá del calendario. PROSVIDA debe
consolidarse como una red permanente de conciencia. Si logramos que el tabú
desaparezca y la prevención aumente, habremos cumplido nuestra misión.
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Martes, 17 de Febrero del 2026
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