No hace muchos años, Andrés Noccioni, casualmente exjugador
del Baskonia y del Real Madrid, dijo lo siguiente refiriéndose a una victoria
muy importante del Real Madrid: .”la táctica es muy importante para ganar
partidos, pero hay partidos que hay que ganar por c……”. Relatándolo así en
términos de garra e intensidad.
Pues bien, años después podríamos relatar la final de la Copa
del Rey de Baloncesto celebrada ayer domingo más o menos en estos términos.
Un equipo, Baskonia, que se enfrentaba al todopoderoso Real
Madrid en un partido en el que, de principio, las posiciones ya estaban
asignadas: ganador el Real Madrid, pletórico por su victoria en semifinales
ante un extraordinario Valencia Basket, henchido de moral y con un banquillo
infinito.
Por el contrario, un Baskonia que, contra todo pronóstico,
había ganado en semifinales al F.C. Barcelona, con una rotación menguada,
prácticamente sin altura y una trayectoria en la liga A.C.B. y en la Euroliga
que dejaba muchas dudas, al que la condición de finalista no empañaría su
participación en esta Copa y no dejaría de ser un buen chute de moral para los
partidos venideros.
En los primeros minutos del encuentro, el electrónico ya
reflejaba un 13 – 2 que hacía presagiar que el guion ya estaba escrito y que el
partido se desarrollaría en estos términos.
¿Qué pasó después? En realidad pasó lo que hace grande al
Deporte, no al baloncesto en particular, sino a todos los deportes. El Deporte
es deporte y no una ciencia exacta. Las cosas tienen un guion y ese guion no
siempre se cumple, eso es lo que configura la grandeza del Deporte, de lo
contrario, si siempre ganase el más poderoso en términos de capacidad económica
y plantilla sería un espectáculo aburrido.
El corazón, la garra y la intensidad se han enfrentado a la
táctica y al poderío del Real Madrid y, sin que sirva de precedente, ha ganado
lo primero.
La fe contra la montaña, sucesivos arreones del Real Madrid
daban a entender que el encuentro se decantaría a su favor. Por el contrario,
el principio de acción/reacción del Baskonia iba solventando todas esas
ventajas, sembrando incertidumbres en los jugadores blancos a la vez que los
baskonistas empezaron a creer que, por qué no, podían ganar.
El Baskonia desplegó un baloncesto calculadamente anárquico,
basado en el rebote, en la velocidad y en la lucha cuerpo a cuerpo sin miedo,
contra los jugadores blancos, alternando con fundamentos básicos de escuela,
cono “pasar y cortar” o la “puerta atrás”. Garuba fue recriminado por técnicos
y compañeros por comerse una de ellas. Los nervios empezaban a aflorar. Todo
esto con el buen hacer de Luwawu-Cabarrot, Trent Forrest y E. Omoruyi, bien
secundados por el escaso resto de jugadores que Galbiati pudo poner en pista.
No se le da bien al Real Madrid cuando juega contra equipos
que no siguen un guion previsto o, digamos, ortodoxo en su juego. Que se lo
digan en su último enfrentamiento con el Paris Basket el día 27 del mes pasado.
Así, el Real Madrid fue perdiendo algo de fe y empezó a ser
consciente de que su poderío podría no valerle para llevarse la final. De
empezar mandando a convertirse en apagafuegos de los achuchones baskonistas,
que bien se lo digan a Andrés Feliz o a Mario Hezonja. Maledon, Campazzo,
Tavares y Deck hacían lo que podían, pero no era suficiente. Lyles, después de
la buena Copa realizada no ha estado a la altura de lo que se esperaba de él en
el día de ayer.
Y por último apareció el que faltaba, Marcus Howard, poniendo
el broche final a una extraordinaria
Copa del Rey.
¿El Real Madrid hubiese sido un justo ganador?. Pues sí, ya
que ha sabido combatir y ha tenido algunos momentos muy brillantes en esta
edición de la Copa del Rey. Pero las hadas que estuvieron con él en las
semifinales contra Valencia se aliaron en la final con Baskonia.
Hadas caprichosas y el Baskonia campeón contra todo pronóstico.
Antonio Muñoz Serrano.
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Domingo, 22 de Febrero del 2026
Lunes, 23 de Febrero del 2026
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