Opinión

El virus de la estupidez

Ramón Moreno Carrasco | Viernes, 27 de Febrero del 2026
{{Imagen.Descripcion}}

Si creen que el episodio del coronavirus o cualquier otro virus futuro supone la cúspide jerárquica de los peligros a los que nos enfrentamos como especie, tengo malas noticias, ni de lejos es así. Existe otra pandemia que venimos sufriendo desde tiempos pretéritos, de la que no hablan los medios de comunicación más relevantes, ¡demonios! ni siquiera lo hacen quienes la orquestaron e inocularon, los muy hijos de sus respectivas y santas madres.

Se llama estupidez, estulticia, falta de un mínimo de sentido común o cualquier otro adjetivo que les apetezca, y tiene una incidencia notablemente superior a la media entre nuestros estadistas, tanto patrios como internacionales. Lo peor es que para esto no hay investigación de posibles fármacos, vacunas o tratamientos psicológicos que nos saque del luctuoso trance, o sea, que los grandes emporios farmacéuticos no van a obtener ni un céntimo de ello, lo que puede resultar hasta reconfortante. 

Todo va mas o menos controlado, con la pareja dándote la lata de que no hay forma de llegar a fin de mes, los vástagos pidiéndote ropa de marca que cuesta un ojo de la cara y parte del otro, y mientras intentas hacerle comprender que no puede ser, de fondo e  inopinadamente el locutor de radio o televisión suelta por su boca pecadora la medida “estrella” que el primavera de turno con coche oficial se le ha ocurrido mientras tomaba café, la cual al día siguiente publicará en el correspondiente Boletín Oficial, implosionando toda tu vida y dejándote con una de esas caras de gilipollas que hacen época.

También pasa por omisión, así vas tranquilamente a casa, con cualquier fruslería que viste y compraste para tu hija, pensando en si le gustará o te la tirará a la cara, y en el camino hay un socavón que no ha reparado el responsable de turno, quedándote sin coche y sin dentadura en el mejor de los casos. O estas en el aeropuerto esperando el vuelo que te lleve a la reunión que algún aguafiestas se ha negado a hacer por zoom o cualquier otra aplicación de videollamada, y de pronto entran 100 tipos malencarados y armados hasta los dientes, disparando balas a diestro y siniestro, con la mala suerte de que una de esas balas te da y te manda al otro barrio, lo cual es estupendo para la pareja con la que estas en proceso de divorcio, que se quedará con todos los bienes sin deudas por aquello de los seguros de vida, quizás cobre una indemnización, sea por dichos seguros de vida sea por el seguro de accidentes laboral y la pensión de viudedad, ¿tiene o no tiene bemoles la cosa?

Esto último es lo que está pasando en México, al cual denominan “estado fallido” los criminólogos y tertulianos multidisciplinares, que sirven para analizar las mentes más psicópatas de nuestro mundo, las científicas y empíricas causas del cambio climático, si los amoríos de los personajes más mediáticos son o no son consentidos, hacer una exégesis de cualquier resolución judicial que se tercie y deconstruir cualquier otra noticia que pueda surgir en el devenir diario, haciéndote sentir idiota crónico y envidioso de su asaz erudición. Sea como sea, parece ser que allí el Congreso, Gobierno y demás instituciones democráticas son atrezo, y que se hace lo que dice el jefe del Cartel Jalisco Nueva Generación, cuya actividad principal es el tráfico de estupefacientes, con presencia en los países mas ricos del mundo, entre otras muchas cosas porque en aquellos otros países donde la población no tiene ni para un pedazo de pan es poco probable que estén pensando en fiestas blancas y demás desmanes recreativos. El caso es el de siempre, dicho jefe del emporio criminal no conoce las leyes ni tiene intención de perder su tiempo futuro en cuestiones tan irrelevantes, ya que él es la ley allí.

Pero no fue eso lo que solidificó mi sangre, fue la respuesta dada por su Ilustre presidenta, una tal Claudia Sheinbaum, afirmando impertérritamente que una respuesta violenta no era la solución, que el procedimiento idóneo consistía en afearles la conducta y reconvenirlos para que depusiesen su actitud. Ello me plantea el siguiente interrogante: ¿Se trata de pura demagogia o es tan “prima” para creerse de verdad lo que dice? Lo que si me quedó claro es que, al igual que el narco no se ha leído una ley en su puñetera vida, la presidenta tampoco ha leído nada sobre la verdadera naturaleza humana, los fundamentos de la democracia y, de paso, se ha olvidado de las clases de historia que haya recibido en su trayectoria académica.

La eximia presidenta de México confunde las utopías con lo factible. Vivir en un mundo donde no fuese necesario el uso de las armas ni la fuerza sería el salto evolutivo más impresionante habido en la historia de la humanidad, pero desprendernos del poder absoluto de las monarquías del medievo supuso luchas y muertes, episodios que se repitieron en Europa el pasado siglo con los regímenes autoritarios de Alemania, Francia, Portugal y España, y sigue pasando ahora en las autocracias. Así que, si es esa su propuesta, vaya por delante mis condolencias al pueblo mexicano.

  Los fundamentos democráticos no coinciden con los del pacifismo. En democracia la fuerza es un medio monopolizado por las instituciones públicas legitimadas, a las que en casos estrictamente necesarios pueden y deben acudir para preservar el bien común. El hecho de que existan protocolos que digan cuando y como se debe usar esa fuerza, incluso procesos de evaluación posteriores, no se puede equiparar a la anulación de dicha herramienta ni a su renuncia.

Cualquier territorio carente de medios humanos y técnicos necesarios para impedir que organizaciones delincuenciales se apoderen de la autoridad real es una anarquía regida por la ley del más fuerte. El mandatario que este dispuesto a negociar sobre la ilegítima cesión de facultades de este tipo, está negociando la aniquilación del sistema, no cabiendo justificación alguna que lo exima de responsabilidad, ni siquiera el hecho ideológico de que diga ser adepto a ideas progresistas y pacifistas.

En resumen, otra estulticia más tan propia de la clase dirigente actual. Estoy inmerso en una gran paradoja, no se si alegrarme por ver que el mal no es solo patrio o entristecerme por la alarmante propagación de la falta de sentido común.  

Ramón Moreno Carrasco es doctor en Derecho Tributario


196 usuarios han visto esta noticia
Comentarios

Debe Iniciar Sesión para comentar

{{userSocial.nombreUsuario}}
{{comentario.usuario.nombreUsuario}} - {{comentario.fechaAmigable}}

{{comentario.contenido}}

Eliminar Comentario

{{comentariohijo.usuario.nombreUsuario}} - {{comentariohijo.fechaAmigable}}

"{{comentariohijo.contenido}}"

Eliminar Comentario

Haga click para iniciar sesion con

facebook
Instagram
Google+
Twitter

Haga click para iniciar sesion con

facebook
Instagram
Google+
Twitter
  • {{obligatorio}}