No puedo decir que recuerde con nitidez aquella mañana de hace 46 años. Pero sí recuerdo algo: las voces de mis tíos comentando la triste noticia de aquel amanecer, uno más entre tantos en la huerta.
—Félix Rodríguez de la Fuente se ha matado con una avioneta.
Yo era demasiado pequeño para entender quién era aquel hombre o qué significaba su nombre. Así que no puedo decir que fuera un niño de Félix en sentido literal, pero sí lo fui, como tantos otros, de algo quizá más poderoso: su legado.
Félix no solo hizo programas de televisión. Félix cambió la manera en que un país entero miraba a la naturaleza. Los animales que durante generaciones habían sido señalados como alimañas dejaron de ser los villanos de la historia. El lobo dejó de ser el enemigo, el buitre dejó de ser un presagio oscuro, y muchas criaturas que antes se perseguían comenzaron, por primera vez, a ser admiradas.
Félix sembró bien. Supo comprender algo esencial: que los niños éramos la tierra fértil donde mejor podían germinar aquellas semillas. Y germinaron.
Tal vez no haya surgido otro igual, otra figura con el mismo calado que aquel maestro irrepetible, pero sí aparecieron miles de pequeñas ramas de aquel árbol: biólogos, zoólogos, naturalistas, educadores ambientales, técnicos, forestales… Toda una generación que creció mirando el mundo con otros ojos.
Yo descubrí a Félix en una de las primeras reposiciones de El hombre y la Tierra. Aún era niño, pero ya empezaba a comprender algunas cosas. La sintonía de aquellos tambores tenía algo casi mágico. Era una llamada. Había que dejar lo que se estuviera haciendo y correr hacia la televisión en blanco y negro que estaba en la única habitación de la casa con estufa. Era como si alguien estuviera convocando a la tribu. Y allí acudíamos.
Con el tiempo comprendí que, de alguna manera, también yo formaba parte de ella. Un niño de Félix. Quizá tardío. Quizá adoptado. Pero no menos marcado por aquella mirada nueva sobre la vida.
De aquella tribu salió probablemente la mayor generación de profesionales dedicados a la naturaleza que ha tenido nuestro país. Cada uno intentando llenar, en su pequeña escala, el enorme vacío que dejó nuestro chamán. Porque él abarcaba casi lo inabarcable.
Si hoy la naturaleza en España ha ganado parte del respeto que merece, fue en gran medida gracias a su trabajo.
Aún vemos agresiones terribles contra el medio natural, es cierto. Pero también sabemos algo: si Félix no hubiera existido, la situación sería, sin duda, mucho peor. Seríamos menos los que sentimos la responsabilidad de cuidar lo que nos rodea.
Hoy Félix cumpliría 98 años. Pero se fue demasiado pronto, hace ya 46. Tiene algo de destino extraño morir el mismo día en que se cumplen años.
En ese tiempo nos dejó una herencia que todavía intentamos mantener viva. Aunque quizá hemos olvidado una de las ideas más importantes que defendía: que el ser humano no está fuera de la naturaleza. Somos parte de ella. Una pieza más del engranaje. Hoy muchos parecen haberlo olvidado. Algunos creen que estamos separados del mundo natural; otros incluso reniegan de nuestra propia especie.
Yo sigo creyendo en el ser humano. Sigo creyendo que seremos capaces de recuperar el sentido de lo importante: la vida, la nuestra y la de todo lo que vive.
Como niño de Félix —no directo, pero sí adoptivo— también yo germiné.
En el camino hubo plagas, enfermedades, ramas que se quebraron, troncos que se torcieron. Hubo momentos en los que incluso dañé el suelo que me alimentaba. Pero, pese a todo, germiné.
Hoy soy uno más de aquella generación. Uno más de la gran tribu. De los que aprendieron que todo es necesario porque todo está conectado; que la naturaleza hay que cuidarla; que las palabras no bastan si no se acompañan de hechos; que siempre queda algo por aprender de lo que nos rodea; y que el conocimiento solo tiene sentido cuando se comparte.
También aprendimos algo más profundo: que para que exista la vida, debe existir la muerte.
Hace 46 años Félix dejó huérfanos a los niños y a los animales, pero aquel mismo día también nació definitivamente un mito... si es que ya no lo era.
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Domingo, 15 de Marzo del 2026
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