Opinión

La vida, permanente asignatura existencial

Fermín Gassol Peco | Domingo, 22 de Marzo del 2026
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Ser o no ser, esa es la cuestión, no porque lo dijera Hamlet que también, sino porque realmente se trata de la única y peliaguda cuestión, que las demás dimanan, derivan de esta verdad metafísica que resulta tan universal como “impepinable”.

Somos a la vez que existimos o al revés y este binomio siempre nos acompañará como realidad inseparable, identificativa; para unos hasta la muerte, para los cristianos eternamente.

Esencia y existencia toman forma en otra realidad única, a la vez material e inmaterial llamada vida, realidad de la que las demás son meras consecuencias, circunstancias personales y sociales, que la vida es la última valedora de nuestros pensamientos, acciones, omisiones, de todo aquello que cada día nos ocupa. La vida como única responsable de estar vivos.

Pensar sobre la vida, tratar sobre sus términos y límites, sobre todo lo que encierra, sus verdades, sus misterios, sus intimidades, sus sorpresas, sus rutinas, sus errores… se ha convertido para quien escribe en una permanente asignatura existencial.

Para servidor, empedernido vitalista, el análisis de todo lo que ocurre suele hacerlo desde una perspectiva vital, cantando a lo verdadero, meritorio, agradable, acertado y placentero, afeando a lo soez, nefasto, turbio, injusto y navajero, en definitiva considerando si es beneficioso o perjudicial para esa vida que a todos nos sitúa en la misma parrilla de salida, para luego cada cual recorrerla como quiera, sepa y pueda, o como diría Ortega y Gasset, el último intelectual español, como cada yo y sus circunstancias nos procuren.

Entre otras muchas cosas la vida se nos ofrece también como un oficio a aprender ejercido de manera permanente pues siempre nos encontraremos con paisajes, ofrecimientos nunca iguales, con retos que pondrán a prueba nuestro nivel de conocimientos y solvencia para desarrollarlo. Un oficio a aprender para el que hemos de contar con las herramientas necesarias que no son otras sino las aptitudes y actitudes con que afrontamos nuestras vidas.

Las aptitudes para hacerle frente vienen marcadas por varios factores: el bagaje intelectual necesario para entender y resolver problemas, la destreza en el manejo de las situaciones y las ocasiones que tenemos para practicarlo; todos ellos forman parte de nuestras habilidades para lograr un resultado más o menos acertado, elementos que de una manera predominante son innatos.

Las actitudes hacen referencia sin embargo a las ganas que le ponemos a vivir, al tratamiento que le damos, a la práctica acertada de las virtudes que ofrece, sobre todo a una que es fundamental para conseguir un resultado satisfactorio, la verdad.

Además de estas dos herramientas tan útiles como indispensables, existe otra permanente, atemporal, que ayuda muy mucho al análisis de lo que la vida es: se trata de la experiencia, el uso y la costumbre en el manejo del oficio, en las enseñanzas que esa misma vida nos va dando. La vida como el oficio, dedicación y aprendizaje de una vocación.

La vida es el único oficio que practicamos mientras lo aprendemos, que ejercemos mientras lo memorizamos, que desempeñamos antes de obtener el título, la única carrera que desarrollamos antes de habernos examinado…no sabemos, por tanto, si aprobado. 

Porque la vida es como una pastilla de jabón...intentamos agarrarla...pero siempre se nos acaba escurriendo entre los dedos.

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