(Les parecerá extraño que comience estas líneas haciendo referencia a un simple huevo. Verán...la semana que comienza pone negro sobre blanco las distintas dimensiones o perspectivas desde las que se puede disfrutar o celebrar. La dimensión cultural, tradicional o histórica componen la cascara de ese huevo, una envoltura exterior que no afecta ni conoce lo que contiene. Los sentimientos más o menos devocionales o religiosos suponen la clara, aquello que rodea y acompaña, con ciertas propiedades alimenticias. Y la yema, la Fe en el Misterio celebrado que es su principal nutriente y generador de vida).
Hoy Domingo de Ramos da comienzo la Semana Santa. Ocho días en los que como cada año los cristianos conmemoramos, recordamos y celebramos la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo.
Una semana que para muchos otros sin embargo se convierte en la fiesta de primavera, quedando reducida a un periodo de descanso que otorga la oportunidad de disfrutar de las aficiones más variopintas, en un periodo vacacional más y una gran oportunidad de negocio para gasolineras, bares, hoteles y agencias de viajes que hacen caja gracias a una festividad que en principio sólo tiene sentido religioso; extremo que, siendo coherentes, habría que agradecer a la en estos tiempos denostada Iglesia.
Creo además que se trata de la única festividad junto a la Navidad, en la que no todos celebran su origen y razón de ser, dándole algunos para más inri un sentido diametralmente opuesto a lo que significa, algo tan extraño como insultante y esperpéntico.
Resulta admirable por otra parte el ambiente festivo que inunda nuestros pueblos y ciudades durante estos días. Toda gira en torno a él. Los mismos ayuntamientos se apresuran a publicitar eslóganes con distinto acierto. (Este año el de nuestro ayuntamiento hace referencia a la emoción, tradición y devoción; historia y fe. Un buen resumen de lo que significan estos días para quienes participan en sus distintas celebraciones)
Todo, desde lo doméstico donde la tradición marca la elaboración de platos y multitud de dulces de temporada, torrijas inexcusables, hasta el talante religioso que muchas familias viven, reflejadas en la pertenencia a hermandades y cofradías.
Pero centrémonos ahora en aquello que constituye el Misterio celebrado, en las celebraciones litúrgicas de estos días tan especiales para cientos de miles de personas, tanto en nuestros templos con la lectura de la Pasión, Viacrucis, Santos Oficios como en las calles con multitud de procesiones que escenifican distintos momentos de esa Pasión.
Miles y miles de personas se involucran de una manera ilusionada y abnegada, muchos de ellos jóvenes, tanto en la preparación de los desfiles procesionales como en su participación y la logística que los hace posibles. Una verdadera hermosura contemplar tanto bullicio y tantas horas dedicadas a su culminación y a la ornamentación del “paso” donde el “titular” de la hermandad va portado a hombros de una manera sumamente artística, emotiva y bella, no exenta de sacrificio.
Sin embargo, llama poderosamente la atención el hecho de que una gran mayoría de aquellos que desfilan como penitentes o debajo de los pasos no lo hagan participando durante el resto del año en las celebraciones que se celebran en las parroquias a las que pertenecen.
La pregunta surge. ¿Que se celebra cuando oímos decir al capataz de un paso con un grito estruendoso… ¡al cielo con Ella! o ¡al cielo con Él!? ¿Se trata de un sentimiento emocional profundo, de un acto de religiosidad o sirven para profundizar en la vida de Fe y compromiso cristiano?
Sé muy bien que la cuestión es delicada, pero la impresión que se puede transmitir es la de que para no pocos de quienes participan en las procesiones, la Semana Santa queda limitada a una celebración en la que cada cual, solo Dios lo sabe, manifiesta su religiosidad, pero sin continuidad en las celebraciones comunitarias de la Fe y en los compromisos caritativos que la Iglesia tiene con los más necesitados.
La falta de interés en esa vida de la Iglesia durante el resto del año y la exclusiva participación en los desfiles procesionales, me lleva a la particular conclusión de que la Semana Santa se convierte para muchos en un cristianismo de temporada, en una semana, incluso para algunos en determinadas horas, comenzando con la salida del paso de su hermandad y acabando cuando se encierra en el guarda pasos, parroquia o convento del que salieron.
{{comentario.contenido}}
Eliminar Comentario
"{{comentariohijo.contenido}}"
Eliminar Comentario
Domingo, 29 de Marzo del 2026
Domingo, 29 de Marzo del 2026
Domingo, 29 de Marzo del 2026