A las afueras de Tomelloso, en el camino de Santa María, una vieja casa de labranza resiste al olvido. Entre grietas y silencio, aún cuenta la historia de un tiempo en el que la tierra marcaba el ritmo de la vida.
En el Silencio abierto del camino de Santa María, a las afueras de Tomelloso aún resiste en pie lo que fue pulso y vida: una antigua casa de labranza que hoy, vencida por el tiempo, se aferra a la tierra como quien no olvida.
Sus muros de barro, heridos pero firmes guardan la memoria de las eras del sol cayendo a plomo sobre las parvas, del crujir de las mieses bajo la Trilla lenta, allí donde hoy crece la hierba sin prisa, hubo manos, hubo jornadas, hubo pan naciendo del esfuerzo y del viento.
Era casa principal, corazón del campo, refugio de faenas y de sueños sencillos. Allí se contaban los días por cosechas y las noches por estrellas, mientras el aire olía a trigo y a destino compartido.
Hoy ya no quedan muchas como ella. El progreso, con su paso certero, fue borrando estas estampas de adobe y de paciencia. Pero en este rincón, donde el tiempo parece detenerse y la luz acaricia las grietas, aún late un eco antiguo, una cadencia.
Y así, entre árboles desnudos que la abrazan como testigos fieles, la vieja casa no se rinde: se vuelve poema, se vuelve historia, se vuelve raíz. Porque hay lugares que, aunque caigan, nunca se marchan; permanecen en la tierra... y también en quienes las miran, y en quién decide escribirlas para que no mueran nunca.
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Martes, 31 de Marzo del 2026
Miércoles, 1 de Abril del 2026
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