“El
amor y el no a la guerra ha de ser rotundo. Esto debe reanimarnos el afecto,
amando todos los ámbitos de la vida, extendiéndose igualmente al orden
internacional. Únicamente, una humanidad en la que reine la entrega generosa,
podrá gozar de una paz auténtica y duradera”.
La sociedad contemporánea debe ahondar sobre el sentido de
su savia, a través de la acción solidaria de servicio, adquiriendo una
conciencia cada día más dispuesta de los derechos inviolables y universales del
nacido. Restablecer relaciones mutuas
más justas y adecuadas a nuestra propia decencia, es un buen auxilio. Por
desgracia, muchos seres humanos viven en un desapego total, entre lo que
piensan, lo que saben y lo que sienten. La pasividad suele empedrarnos el
corazón, viviendo en una inacción egoísta, a pesar de estar bien informados,
pero rehuyendo la realidad de los demás. La compasión es lo opuesto a esta
atmósfera indiferente, que nos deja sin sentimientos; y, lo que es peor, sin
energía para luchar contra el descarte y el despilfarro.
En efecto, hoy más que nunca, atormenta pensar en cuánta
gente se aleja sin clemencia alguna de ancianos, niños, trabajadores,
discapacitados…; además, por si esto fuera poco, resulta escandaloso el
derroche de las cosas. Más allá de los intereses individualistas, de la apatía
y de la desgana ante las situaciones críticas, exijamos opciones políticas que
enlacen el progreso con la equidad, el desarrollo con la sostenibilidad
inclusiva, de manera que nadie se vea privado del buen aire que le alienta¸ del
agua que tiene derecho a llevarse a los labios del alma o de los alimentos con los
que tiene la obligación de disfrutar. Nos urge, por tanto, activar una cultura
que fomente el culto a la cercanía. El calor de hogar hemos de universalizarlo,
si en verdad queremos fraternizarnos, y sentirnos entre sí como familia.
Por ello, no sólo las personas estamos llamados a hacer
gestos concretos con los habitantes más frágiles, también los Estados y sus diversas
instituciones, con sus gobiernos al frente, hemos de trabajar unidos para
proteger la dignidad, la justicia, la igualdad y los derechos de toda la
ciudadanía. Con voluntad política y espíritu fraterno debemos hacer presente las
aspiraciones de la Declaración Universal para todos los sujetos, sin
distinción, exclusión, restricción o preferencia por motivos de raza, color,
linaje u origen nacional o étnico. Desde luego, para plasmar una sociedad más
humana y digna, es necesario asimismo revalorizar el auténtico amor en la memoria
social, haciéndolo norma constante y suprema de la acción.
El amor y el no a la guerra ha de
ser rotundo. Esto debe reanimarnos el afecto, amando todos los ámbitos de la
vida, extendiéndose igualmente al orden internacional. Únicamente, una
humanidad en la que reine la entrega generosa, podrá gozar de una paz auténtica
y duradera. En este sentido, el espíritu cooperante y colaborador, debe ser
nuestro lenguaje como sujetos donantes y pensantes, que es lo que garantiza el
desarrollo integral de cualquiera y su aire solidario hacia el bien colectivo, estampándonos
serenidad. Sin sentimientos nos deshumanizamos totalmente, no sólo siendo
indiferentes al sufrimiento de los otros, también seremos incapaces de acoger
el nuestro. De ahí, la importancia, de querernos y de querer a los demás, para
buscar el camino de la concordia.
Estar desolados, como hoy nos sucede a la mayoría de los
moradores, nos impide crecer y avanzar. La conducta dispuesta, que todo lo
comparte y lo parte, es una relación innata viviente que nos vivifica y
entusiasma. Frente a las dificultades,
por consiguiente, nunca desanimarse, sino afrontar la prueba con decisión,
escuchándonos más y mejor internamente. Salgamos, pues, del estado de inapetencia,
que nos abate, siempre. Por otra parte, no es de justicia, sembrar odio y
venganza con una retórica incendiaria. No olvidemos que somos una civilización
de amor, no de poder y dominación, que se destruye a sí misma, sin decoro
alguno. Además, tampoco dejemos que desfallezca el nombre humanitario,
tendiendo la mano y extendiendo el camino del diálogo y la diplomacia perpetuamente.
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Jueves, 9 de Abril del 2026
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