Este viernes fue el turno de Bakú en la 33ª
Muestra Local de Teatro José María Arcos con la representación de “El
juego de Gilmour”, una obra escrita y dirigida por Fernando Ruiz de Osma.
A través de varias historias que se entrecruzan, el montaje aborda sin rodeos
la complejidad de las relaciones humanas en la sociedad actual y reivindica que
la felicidad está, muchas veces, más cerca de lo que creemos. El público
respondió con una larga y merecida ovación a una función sostenida por
un sólido trabajo actoral.
La soledad como punto de partida
Ruiz de Osma pone en boca de uno de sus personajes una frase
que resume el sentido de “El juego de Gilmour” y, seguramente, buena
parte de nuestra propia existencia: “cada uno nos libramos del miedo a la
soledad como podemos”. Esa es la cuestión. No estar solos. Ya lo cantó
Goytisolo: tomados de uno en uno, solo somos polvo, no somos nada.
Junto a la soledad, la obra señala otros obstáculos que nos
alejan de la felicidad: la falta de horizonte, la hipocresía —tan útil a veces—
y el desconocimiento de nosotros mismos. Al final se nos recuerda que “te
das cuenta de que no conoces a nadie y nadie te conoce a ti”, una sentencia
tan sencilla como demoledora.
¿Y qué es exactamente el juego de Gilmour? Un espejo. Una
especie de trampa saducea, si se quiere, capaz de mostrar el verdadero estado
de una relación. Bakú incluso invitó al respetable, a través del programa de
mano, a ponerlo en práctica.
Personajes reconocibles y emociones universales
“El juego de Gilmour” es un drama contemporáneo,
denso y ambicioso, construido sobre seis personajes muy bien definidos y
magníficamente interpretados.
Ana, encarnada por Teresa Cuenca, es la inflexible
directora de una empresa de complementos alimenticios. Es feliz. O al menos
cree serlo. Su pareja, Lucía (Ana Espinosa), obtiene una beca de
investigación en Suecia. La distancia, aparentemente asumible, termina
convirtiéndose en el pequeño grano de arena que bloquea toda la maquinaria de
la felicidad de Ana. Convencida de que Lucía no regresará, su fortaleza
comienza a resquebrajarse mientras la joven investigadora trata de adaptarse a
la difícil vida escandinava.
En paralelo aparece Martín (Fernando Ruiz de Osma),
un directivo eficiente, correcto y distante que aprovecha la situación para
acumular poder dentro de la empresa.
Lourdes (Mercedes González), hermana mayor de Ana,
ejerce de protectora permanente. Casada con Ángel (Pedro González), vive
atrapada en una relación dominada por el tedio y la resignación, donde apenas
sobreviven “reproches, palabras vacías y recuerdos”.
Desde una aparente posición de equilibrio observa Beatriz (Yolanda
García), la psicóloga que atiende a Ana y Lourdes y que propone realizar el
juego de Gilmour con las personas más cercanas. Aunque quizá tampoco ella
presta demasiada atención a su propio estado emocional.
Con estos mimbres, Bakú conduce al espectador durante hora y
media por una auténtica montaña rusa de relaciones sentimentales, familiares,
laborales y terapéuticas. Ruiz de Osma teje el tapiz de “El juego de Gilmour”
con la urdimbre de un gran trabajo actoral, diálogos inteligentes y un
escenario deliberadamente sobrio. Sin trampantojos ni artificios. Sin
distracciones. Todo está al servicio de una historia que muestra la frialdad de
unos vínculos cada vez más asépticos.
Pero la obra no cae en el pesimismo. Al contrario. Nos
recuerda que sigue estando en nuestras manos romper la rueda de hámster en la
que tantas veces nos instalamos. Como afirma Ana en uno de los momentos clave
de la función: “siempre hay tiempo para cambiar”.
Porque, en el fondo, “El juego de Gilmour” es una
reivindicación de la esperanza. Una invitación a cruzar esa “verja que rodea
el paraíso” que tantas veces somos incapaces de atravesar.
Cuando cayó el telón, el público del Teatro Marcelo Grande
respondió con una larga, cálida y merecida ovación. Un reconocimiento al
trabajo de Bakú y a una obra que interpela al espectador desde el primer minuto
y que deja preguntas resonando mucho después de abandonar la butaca.
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Sábado, 30 de Mayo del 2026
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