Celebramos este domingo 31 de Mayo el Día de
Castilla-La Mancha, que coincide con la fecha en que en 1983 se constituyeron
por vez primera las Cortes de Castilla-La Mancha, tras unas elecciones
democráticas. Tal vez haya quien hubiese preferido, como en otras comunidades,
haberlo ligado a una figura religiosa o una batalla medieval, pero que en una
región con tanta historia hayamos escogido como referencia un episodio íntimamente
ligado a la democracia resulta un hecho muy hermoso.
Permitidme por tanto que empiece este artículo reivindicando
los vínculos entre la autonomía y el parlamento y entre la palabra y la ley.
Ahí hemos situado precisamente el lema de la campaña con la que nos sumamos desde
las Cortes Regionales a este 43 aniversario de la trayectoria autonómica:
“Nuestra palabra, tus derechos”. Una forma de subrayar que en el parlamento
debatimos con el objetivo prioritario de garantizar y ampliar los derechos de
la ciudadanía, y que no perdemos de vista este propósito en nuestra labor
legislativa, pero tampoco en nuestra labor institucional, que pretende ser
ejemplarizante. Echamos la vista atrás para celebrar aquel primer día de
reunión de las Cortes y comprobamos que la Castilla-La Mancha de hoy no solo es
una comunidad autónoma consolidada y con identidad propia, sino un territorio
en el que se ha ganado mucho en prosperidad, calidad de vida, derechos y
libertades. Por tanto, celebramos con el ánimo de seguir avanzando.
“Nuestra palabra, tus derechos” significa también
que la labor que desempeñamos en la Cámara no es un mero teatro de ilusiones,
donde a la palabra se la lleva el viento, sino que lo que se dice en un
parlamento tiene una consideración, una trascendencia y una categoría mayores
que lo que se dice en otros foros. Por supuesto que no quiero restar
importancia a las consecuencias de lo que decimos en medios de comunicación o
redes sociales, pero quiero destacar que lo que se dice (y se vota) en la
Cámara exige un plus de responsabilidad y demanda unas formas exquisitas, con
respeto a quien piensa diferente, pero sobre todo a la altura de la ciudadanía a
la que representamos. La palabra dicha en el parlamento tiene un peso
específico, una resonancia extraordinaria fuera de nuestras paredes y queda
grabada como algo más que un mero testimonio en el Diario de Sesiones. De ahí
que debamos ser conscientes de la importancia que tiene lo que decimos.
Celebramos este Día de la Región a punto de arrancar
en Castilla-La Mancha un programa de reivindicación de medio siglo de
democracia en nuestro país, el periodo más largo de prosperidad, convivencia
pacífica e igualdad que hemos disfrutado en nuestra historia. Y lo hacemos con absoluta
reverencia a quienes protagonizaron la Transición, superando sus enormes diferencias
de partida para encontrarse en un punto en el que primaron ante todo el interés
nacional y la construcción de un proyecto democrático, con la Constitución como
pilar máximo. Todo esto no fue fácil, pero su ejemplo nos enseña que es posible
otra manera de hacer política. En un momento como este en el que prosperan la
falta de entendimiento y la violencia verbal, este medio siglo nos debe animar
a recuperar las buenas prácticas de la Transición: el diálogo como herramienta
fundamental, la cortesía en el trato, la generosidad para ceder o el respeto a
los pactos alcanzados.
De aquel tiempo es fruto también nuestro Estatuto de
Autonomía, del que nace nuestra propia comunidad autónoma. Junto con la
Constitución y con la adhesión a la Unión Europea, de la que también acabamos
de celebrar 40 años, han sido los tres motores que han situado a la España que
venía de una dictadura en la vanguardia mundial en todos los planos: económico,
social, cultural e incluso deportivo. Somos un país moderno, pero que ha
crecido sobre todo en base a los valores democráticos y a unos esfuerzos de solidaridad
entre personas y cooperación entre territorios que no debemos abandonar.
El Estatuto de Autonomía ha sido la herramienta más
útil de la que hemos dispuesto en nuestra región durante todo este tiempo para
avanzar en derechos, libertades y prosperidad. El salto es indiscutible y ya lo
hemos destacado en numerosas ocasiones. Pero el paso del tiempo hace
indispensable la actualización de esta magnífica herramienta. Y en esto mismo había
coincidido la inmensa mayoría de la sociedad castellanomanchega y de su
representación en la Cámara que presido y que aprobó hace un año, con amplia
mayoría, una profunda reforma del Estatuto de Autonomía. Un texto que fue
trasladado en otoño al Congreso para su tramitación, con una toma en
consideración que a su vez recibió un apoyo tan amplio como prácticamente
inédito en los tiempos que corren.
Por eso solo puedo lamentar como un terrible paso
atrás que ahora la tramitación de este nuevo Estatuto haya quedado encallada en
Madrid, cuando llegó fruto de un esforzado pacto de meses entre PSOE y PP y con
el tejido social de la región. Esta parálisis resulta en sí misma una traición
a la autonomía que justo ahora celebramos, en cuanto han sido las imposiciones desde
Madrid de una de las partes las que han echado al traste un acuerdo adoptado
desde y para nuestro territorio. Se hace por eso imprescindible que desde
Castilla-La Mancha defendamos este acuerdo aprobado con amplia mayoría en
nuestra Cámara y que lo defendamos así, como está, como decidimos que fuera
junto a la sociedad porque, de lo contrario, podríamos dar pie a que sea
modificado en el Congreso por una imposición ajena y contra los intereses de
nuestra región.
La importancia de aprobar el Estatuto tal y como
salió de las Cortes regionales es imprescindible: en primer lugar, porque
resulta trascendental esta reforma. Y también lo es porque nosotros y nosotras,
más que nadie, tenemos la obligación de hacer valer la palabra dada. Aquí, más
que nunca, nuestra palabra es la ley.
Pablo Bellido Acevedo,
Presidente de las Cortes de Castilla-La
Mancha
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Domingo, 31 de Mayo del 2026
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