Opinión

Un cadáver en la sala (XII)

Juan José Sánchez Ondal | Lunes, 15 de Junio del 2026
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CAPÍTULO XIII.- Donde se cuenta la colaboración de Cervera y “Plinillo” con los compañeros de estupefacientes y otras divagaciones sobre los motivos de haber entrado en la policía

Cuando marchó Segundo, Cervera le encargó a Ramiro que indagara la información disponible del Góscoles ese; que preparara una solicitud de autorización del juez para abrir el teléfono de Primitivo y que se acercase al bar desde el que dice que llamó, que según donde dejó el coche, debía ser fácil de localizar. En esto sonó el teléfono de Cervera.

—Ya me extrañaba a mí. El jefazo.

Le pedía, furioso, información sobre el crimen del cine del que hablaban los periódicos y la televisión del que no le había puesto en antecedentes. Cervera le detalló las actuaciones y su opinión de que estaba a punto de solucionarlo. Al cuarto de hora volvió Ramiro.

—Jefe, no tendrá queja de mí, he ido como convidao a gachas y aquí traigo la información. El bar es “El Avilesino” que está frente al portal en que aparcó el coche. Les he enseñado la foto de Segundo y le han reconocido al contao, porque como ya no tienen teléfono público, le dejaron llamar por el del bar. Hizo una llamada, preguntó y dio el número del teléfono del bar al que hablaba y estuvo haciendo tiempo hasta que llamaron preguntando por su nombre y se puso. Les pagó la consumición y lo estimado de las llamadas y les dejó buena propina.

—Cervera, ¿habías pedido antecedentes de un tal Góscoles?, le preguntó un compañero. Aquí los tienes.

—A ver… Octavio Góscoles Alcontre, conocido por los apodos de “No te escapas” y “El Seguro”. Puede usar pasaportes falsos a nombre de Camilo López Cuévano y Ramón González Rubio. Nacionalidad colombiana. De cincuenta años, pelo negro, ojos castaños, barbilla partida, 1,67 de estatura, complexión fuerte y ligera cicatriz en mejilla izquierda. Reclamado por la INTERPOL por delitos contra la salud pública, soborno, y varios asesinatos. Se perdió su pista en Guatemala el mes pasado cuando iba a ser detenido, no teniéndose noticias suyas desde entonces.

—Jefe, si va a verse con Segundo la semana que viene, es que va a estar aquí y podíamos cubrirnos de gloria echándole el guante.

—Muy espabilado tú, pero su detención no nos compete a nosotros. Lo que vamos a hacer es ponernos en contacto con los compañeros a los que les corresponde, y a ver si Segundo se presta a actuar de cebo.

—Pues qué lástima, porque quienes le hemos descubierto hemos sido nosotros, dijo con cara apenada, Ramiro. Ya estamos con las jurisdicciones y las competencias. ¿Sabe, jefe, que a mi paisano Plinio tampoco le dejaban intervenir en la investigación de un médico desparecido porque eso era competencia de los policías de la Comisaría de Alcázar? Y al final tuvieron que recurrir a él.

—Tú siempre con las novelas de tu paisano. ¿Te las has leído todas?

—Todicas y me las sé. Si me metí a esto fue por ellas. Y no crea que me molesta lo de “Plinillo”, al revés, porque Plinio era mu grande, pero que mu grande.

Y a usted, jefe, ¿qué le movió a hacerse policía, que nunca me ha comentao?

—Pues el amor a la justicia y al orden. Yo quería ser juez, pero en mi casa no me podían pagar la carrera de Derecho y por eso ingresé en el Cuerpo y me he ido, poco a poco, haciendo la carrera cuando he podido.

—¿No se nos pondrá ahora a preparar oposiciones?

—No, ya me coge mayor para eso, aunque ahora se puede entrar por otras vías, pero no. A mí también me influyeron las novelas y las películas policiacas y aquello de que “El criminal nunca gana”.

Pero vamos a pasar de la ficción a los hechos. Voy a hablar con los compañeros. El inspector Garellano es compañero de promoción y amigo mío.

—Pues ascendió antes que usted.

—Pero por méritos propios. Como tú, que ya hay rumores de que a “Plinillo” lo ascienden por el caso de “Un cadáver en la sala”.

—Menos cachondeo, jefe. Ascenderé cuando me llegue la hora.

Cervera se puso en contacto con su compañero Garellano. Le pasó todos los antecedentes que poseía y le indicó que la semana próxima Octavio Góscoles Alcontre se suponía que iba estar en Madrid y tenían el cebo ideal en Segundo Álvarez Barcia del que le dio las señas y el teléfono del hotel en que se alojaba para que se pusiera en contacto con él.

—Muchas gracias, Mariano, vamos a montar el operativo y si lo cazamos será gracias a ti. ¿Para cuándo tu ascenso? Bien merecido lo tienes.

—Gracias. Cuando quieran. Ya me contarás.

Una vez que obtuvieron la preceptiva autorización judicial, pudieron acceder al teléfono móvil de Primitivo del que no sacaron en limpio más que la constatación del mensaje de su hermano y de las llamadas perdidas del mismo.

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