Tomelloso

La Coral del Conservatorio de Tomelloso brilla en una gran noche de ópera y zarzuela en Almagro

La agrupación dirigida por Marieli Blanco forma parte del gran orfeón que, junto a la Orquesta Sinfónica de Castilla-La Mancha, cosecha una larga ovación en AUREA

Francisco Navarro | Lunes, 13 de Julio del 2026
{{Imagen.Descripcion}} Fotos: FITCA - Pablo Lorente Fotos: FITCA - Pablo Lorente

La música es necesaria. ¡Y cómo! Sobre todo en el inclemente verano manchego. "Una noche con nuestros clásicos de ópera y zarzuela" fue anoche un samaritano soplo de aire fresco en la estepa del Campo de Calatrava. El público que llenó AUREA, la Antigua Universidad Renacentista —nunca está de más echar mano del tópico y afirmar que es un marco incomparable— disfrutó de lo lindo con el programa preparado por la Orquesta Sinfónica de Castilla-La Mancha, dirigida por Francisco José Velasco Martínez, dentro de la programación del 49º Festival Internacional de Teatro Clásico de Almagro.

En ese éxito tuvo una participación muy destacada la Coral del Conservatorio de Tomelloso, dirigida por Marieli Blanco, integrada en un gran orfeón junto a Laminium, de Daimiel, y el Coro de la Orden de Calatrava de Almagro, que dio vida a un ramillete de grandes coros de ópera y zarzuela premiado con una larga ovación del respetable.

Un recorrido por los grandes coros de la ópera

La conocida obertura de El barbero de Sevilla, de Rossini, principiaba un gran recorrido por las grandes historias de la ópera y la zarzuela, del que Francisco José Velasco nos invitó a formar parte.

La primera tanda ofreció tres impresionantes y reconocidos coros de ópera. El Coro de los Gitanos, de Il Trovatore, de Verdi, hizo sonar acompasados yunques y alegres voces en una de las páginas más populares del compositor italiano. La siguiente pieza fue uno de los números más célebres de Pagliacci, de Leoncavallo, el alegre Coro de las campanas. Ya saben: "Din, don, suona véspero", cromático, evocador... El primer bloque acabó con el Coro de los Peregrinos, de Tannhäuser. Una oración a la música, una plegaria a la música vocal que hizo que algún escalofrío recorriese el cuerpo del periodista.

El siempre melancólico Intermezzo de Cavalleria Rusticana —uno recuerda inevitablemente con sus notas a Michael Corleone gritando ante la muerte de su hija— puso en suerte el segundo bloque, también dedicado a la ópera. A la elegancia del Coro a bocca chiusa, de Madama Butterfly, de Puccini, le siguió la marcialidad del Coro de Soldados, que Gounod engarzó en su Fausto. Y con el himno oficioso de Italia, el coro que inspiró el Risorgimento, el deslumbrante y motivador "Va, pensiero" de Verdi, concluía la parte dedicada a los grandes coros operísticos.

Cuando llegó la zarzuela

Y llegó la zarzuela con la archiconocida, desbordante y alegre seguidilla "Por ser la Virgen de la Paloma", de Bretón. El distinguido Coro de Románticos, de Doña Francisquita, la inmortal zarzuela de Vives, fue muy celebrado por el respetable ("Cuánto daría si me alumbrara... la luz primera del buen amor...").

Y si Verdi nos había dejado el himno oficioso de Italia, Gustavo Alameda, integrante de Laminium, emocionó como solista con la Canción del Sembrador, de La rosa del azafrán. Ya saben los lectores que es el himno in pectore de Castilla-La Mancha.

Una sonrisa dibujó el Coro de Barquilleros, de Agua, azucarillos y aguardiente, con todas las voces femeninas haciendo de las suyas.

La solanera Petri Casado fue la solista de la espectacular Zambra, de La leyenda del beso, de Soutullo y Vert. La pieza recibió una gran ovación y numerosos bravos, aunque todavía quedaban dos sorprendentes cartuchos —tal vez la analogía no sea la más correcta— para cerrar una noche memorable.

El tenor venezolano afincado en Tomelloso (y miembro de la Coral del Conservatorio) José Hernández Párraga interpretó una soberbia "Nessun dorma", de Turandot, con una altura vocal deslumbrante. El colofón llegó con la alegre "Ensalada madrileña", de Don Manolito. Una ovación de gala —el director hubo de salir a saludar en varias ocasiones— premió una gran noche de música.

Nos fuimos de AUREA con un buen sabor de boca, más frescos de lo que entramos, mucho más animados y contentos. Y conviene recordar un detalle que engrandece todavía más el concierto: los coros que formaron el gran orfeón no son profesionales. Su amor por la música hace que le arranquen horas a su tiempo libre. Y eso, cuando se escucha un concierto como el de anoche, también se oye.

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