Hoy con nuestro psicólogo sanitario y sexólogo clínico experto en terapia de pareja, Tonino Tarquini, abordamos el tema del erotismo.
El erotismo es un eje imprescindible en una sana relación de pareja que quiera resistirse al paso del tiempo, al desgaste cotidiano, sobre todo una vez que la alteración bioquímica consecuencia del encaprichamiento inicial se ha diluido.
En un tiempo donde la sexualidad está presente en casi todos los ámbitos desde la publicidad hasta las redes sociales, hablar de erotismo puede parecer redundante. Esta dimensión sutil y profunda de la experiencia humana se encuentra, paradójicamente, en retroceso. Vivimos en una sociedad hipersexualizada, sí, pero cada vez más alejada del verdadero sentido del erotismo.
La palabra erotismo proviene del griego Eros, dios del amor y del deseo; en la mitología clásica era el equivalente al Cupido romano. Según Platón, en su dialogo “ El banquete”, Eros nació de la unión entre Poros ( Dios de la abundancia y oportunidad) y Penia (Diosa de la carencia y de la pena). De ahí que el amor erótico combine necesidad e ingenio, deseo y creatividad, impulso y estrategia. Eros no representa solo el amor romántico, sino también la atracción sexual, la fertilidad y, sobre todo, la fuerza que nos mueve hacia el otro con curiosidad y anhelo.
En muchas ocasiones, erotismo y sexualidad sobre todo la explícita son tratados de forma errónea como sinónimos, nada más lejos de la realidad. Mientras la sexualidad cuya representación se materializa en la pornografía muestra actos sexuales de forma directa, el erotismo opera en un plano simbólico, sutil, donde la insinuación, la fantasía y la imaginación juegan un papel central.
El erotismo no es lo que se muestra, sino lo que se sugiere. No busca representar el acto sexual de manera explícita, sino evocar sensaciones que estimulen los sentidos, la mente y el cuerpo al mismo tiempo y las fantasías.
El erotismo es una experiencia sensorial y cultural. El erotismo es multisensorial: se manifiesta en miradas, gestos, palabras, movimientos. Pero también es profundamente cultural. Cada sociedad y en cada época, ha individualizado su propia concepción de lo que considera erótico. El erotismo no puede ser estandarizado siendo lo que para unos resulta atractivo, para otros puede ser indiferente o incluso incómodo o repugnante.
Esta subjetividad convierte al erotismo en un fenómeno complejo y al mismo tiempo dinámico, ligado a la historia personal, los valores, la educación y los códigos sociales.
El erotismo en la vida de pareja, es clave, es una de las piedras angulares sobre las cuales se desarrolla y refuerza la etapa del amor, aunque no es la única.
Una de las funciones clave del erotismo es mantener viva la chispa del deseo en las relaciones de pareja. No se trata solo de tener relaciones sexuales, sino de construir un espacio de complicidad, juego y conexión emocional, corporal e intelectual.
El erotismo se cultiva a lo largo del tiempo, se adapta a las diferentes etapas de la vida y a los cambios de la relación. No debería ser exclusivo del cine o la literatura: debe formar parte activa y cotidiana de una sexualidad sana y placentera.
Los estudios más recientes indican una disminución en la frecuencia de las relaciones sexuales en todas las franjas de edad, especialmente en los más jóvenes. Esta paradoja ,más imágenes sexuales, menos sexo real, se explica en parte por la sobreexposición a contenidos pornográficos, que empobrecen la imaginación erótica y banalizan el encuentro íntimo.
La inmediatez y lo explícito ha desplazado la riqueza de lo sugerido. Pero esta pérdida no es irreversible. El único problema es que requiere de esfuerzo.
Lejos de estar muerto, el erotismo necesita ser revalorizado, vigorizado. Requiere tiempo, comunicación, autoconocimiento y creatividad. Es el arte de vincular mente y cuerpo a través de estímulos placenteros y significativos.
Una palabra susurrada, una mirada prolongada, un silencio compartido pueden ser más eróticos que cualquier imagen explícita. Recuperar el erotismo es una forma de reconectar con uno mismo y con el otro desde el respeto, la sensibilidad y el deseo consciente.
Y por cierto, que quede bien claro, el erotismo no se impone, se construye. No es una habilidad reservada a unos pocos, sino una dimensión humana que puede aprenderse, cultivarse y desarrollarse. En un ámbito socio cultural en el cual todo se muestra, tal vez el verdadero reto sea volver a desear aquello que aún puede sorprendernos.
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Domingo, 2 de Agosto del 2026
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