Hoy, como en otros instantes del espacio-tiempo; con
neuronas y ademanes de “pendejo”, cavilo una vez más en la fisonomía de emoción
e infantil alegría de aquellos seres prehumanos y primitivos “humanos”— ¡Muy
primitivos!—, al abocinar el morro y verse espejados en el “espejo de agua” del Alto Guadiana…
X
Con su melancolía inefable, se
asenderaba el vecindario por cerros, vegas y escabrosas y grises arterias
que eran los callejones y callejuelas de
la aldea de mi infancia…; en la que hasta las sombras se oscurecían y los críos
indígenas—ninguno de la burguesía—, nos asomábamos al patio del “Hermano
Gregorio Mal Hato”; (hoy en la Avenida de Castilla-La Mancha nº 25) cuando el
sol entraba en el signo de Leo y la ardiente canícula quemaba alguna nube “gorda”… Entonces, espiábamos para
poder meter el morro en un “Pilón”, donde abrevaban multitud de animales, que
“amojonaban” de cagajones parte de la platea y callizos… Un jumento bigardo,
tropelero y retozón, algunos días se espantaba cuando mataba la sed en el
“Pilón” o “Pila”—se nominaba con ambos apelativos— y salía de estampida,
desbocado, con el ronzal arrastrando, pegando pingos, coces y exhalando
pavorosos rebuznos… El vecindario parafraseaba que: “el borrico era animal
falso y venao, que le daban subías de sangre en la cabeza, por haberle picao
muchos tábanos y las moscas Cuca y Perrera…”. Además de las mulas del “Hermano
Gregorio”: La Giralda y Esmeralda, coloradas, la Montañesa, negra (compradas en
la población extremeña de Campanario) y el afamado rucio Huevo, también sorbían con basca y
ansia, en la “Pila” del amplio patio, acémilas, rucios, perros, gorriones;
algún compadre y arriero que “encontraban el agua a mano…”. Y principalmente
los chiquillos que, entre legiones de avispas y tábanos, también jugábamos
espurreándonos bocanadas de agua, ganando siempre en la contienda el del labio
leporino o el del diente mellado…
Aconsejaban algunas madres “beber
agua corriente que nada consiente…” por si sangrar por la nariz, resfriados,
calenturas, sarampión y “caguetas”, nos los “pegaban” los animales, bebiendo a
la par que ellos en la “Pila”. Rememorando hoy, –aunque el paso del tiempo
debilita los recuerdos—me parece que fue en el “espejo de agua” de aquel
“pilón” donde, por vez primera, me encontré cara a cara con mi rostro.
Apostaría a que fue en aquel “cristal” donde primeramente supe cómo era la
fisonomía de mi cara y no en poza de cocer esparto, orilla de laguna, riachuelo
o fuente. Ni tampoco en los picados y desconchados espejos, que mi madre y tía
Pepa utilizaban, más para observarse y no tanto para acicalarse, por no ser
aquellos tiempos de vanidades y coqueterías… Y espejo del ajuar del casamiento
de mis padres, pendía en su habitación a demasiada altura para mí que era un
crío.
Han transcurrido ya muchos años
desde aquellas microvivencias, en el ámbito de la “Pila” del “Hermano Gregorio”…
Pero pensaba hace años ya, si el espantarse algunos animales al matar la sed
allí—principalmente el asno “falso”…— era debido, no a picadura de bicho
alguno, ni a “esquizofrenias” de animal, si no que al igual que Bucéfalo, el
alazán de Alejandro Magno, que se espantaba de su propia sombra, el borrico, al
verse espejado en el “espejo de agua” del “Pilón”, la “sangre se le iba a los
cascos…”, porque sus predeterminados(?) Indicadores de orientación, no habían,
ni han alcanzado, la escala de discernimiento y no se “sabía” a sí mismo…
Aquella secuencia de mis vivencias, me hizo reparar en la importancia del
agua…; no ya como fuente o sustento de vida, (bebernos unos a otros y poco más)
si no como primario espejo… A través del espacio-tiempo, multitud de
“criaturas” se han debido observar en el “espejo de agua” y han debido hacerse
muecas, guiños…, para comprobar si eran ellos realmente. Y así, sus rostros y
efigies, por una recóndita interrelación cósmica, quedaron impresos e
intercalados entre este mundo y el infinito o entre espacios y tiempos… En el
“espejo de agua” se vieron, observaron, asearon y acicalaron los más primitivos
humanos, — ¡Cómo nos desmugramos ahora!— llamándose unos a otros… No sabemos si
pensando en lo que realmente suponía aquel “espejo de agua”, en la consecución
del todo y de la nada.
En estos estragados días de
estío, el “espejo de agua” se va
enturbiando, empañando y desvaneciéndose en los horizontes de los recuerdos y
de la entumecida memoria… Con algún que
otro fulgor de infinitud… Tal vez…
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Lunes, 17 de Agosto del 2026