Seguramente que muchos de
nosotros seríamos capaces de reconocer el cuadro de las Meninas, afirmando que
pertenece a Velázquez, o la Maja desnuda, que fue pintada por Francisco de Goya
y así sucesivamente.
Pero si miran fijamente este
dibujo sobre las neuronas, pocas personas serán capaces de reconocer que el
autor fue uno de los grandes científicos Premio Nobel que ha dado a luz nuestro
país. Me estoy refiriendo a D. Santiago Ramón y Cajal.
Me gustaría ir un paso más
adelante y proponerles una asociación que quizá les parezca descabellada.
Observan estos dibujos, ¿verdad? ¿Saben lo que tienen en común? Uno pertenece a
Cajal y el otro a uno de los dibujos de Lorca.
Resulta sorprendente el parecido. De esta
forma es como se gestó el movimiento del Surrealismo por aquel entonces, cuando
las sinergias de la educación en la Residencia de Estudiantes de Madrid
confluyeron con las de la ciencia. No es algo que se pueda afirmar de manera
rotunda aunque las influencias parecen evidentes.
¿Cuántas veces hemos pensado que la ciencia y el arte
habitan mundos distintos?
Ramón y Cajal sentía una
especial predilección por Julio Verne y el Quijote. De hecho sus temáticas
están relacionadas con el paso del tiempo y la mezcla entre la imaginación, el
sueño y la locura, temas muy quijotescos y en cierta medida muy “cajalianos”.
Desde muy pequeño demostraba
ciertas dotes para la pintura y su curiosidad se vio alimentada en el entorno
de la propia naturaleza observando las ramificaciones de los árboles, los
pájaros, las constelaciones y todos esos sueños que permanecían en su imaginación
y plasmó en los diseños de las neuronas.
Es sorprendente como un
hombre con una economía paupérrima quien estaba condenado a no poder destacar
nos da una gran lección con su actitud. La autoconfianza y sus ganas de dar a
conocer al mundo la teoría del sistema nervioso le llevó de viaje a un Congreso
de Ciencia en Alemania para mostrar sus estudios.
ENTREVISTA
Madrid, 2026
A partir de este momento trato de
imaginarme que estoy sentada frente a D. Santiago Ramón y Cajal, en su
laboratorio con su microscopio “el zaragozano”, tal cual así lo bautizó. Las respuestas de esta entrevista son una
recreación literaria elaborada a partir de los escritos, investigaciones y
trayectoria de Ramón y Cajal.
He querido imaginar una conversación con el científico
español que, hace 120 años, recibió el Premio Nobel de Fisiología y Medicina
junto a Camillo Golgi, en 1906. Es una especie de diálogo imposible entre el
Cajal de comienzos del siglo XX y nuestra era actual.
—Don Santiago, usted pasó gran parte de su vida
mirando a través de su microscopio que pagó con sus ahorros. ¿Qué sintió cuando
comprendió que estaba viendo algo que nadie había conseguido interpretar de
aquella manera?
“Sentí mucha emoción. Descubrir. El microscopio me permitió descubrir que las neuronas son células independientes y constituyen la base del sistema nervioso”.
—Sus dibujos de neuronas nos
recuerdan las ramificaciones de los árboles, raíces, constelaciones o incluso
paisajes de otro planeta. Usted era aficionado al dibujo, la fotografía y la
literatura. ¿Cree que un científico necesita tener imaginación?
“La imaginación es fundamental en la ciencia. Yo dibujaba para comprender
mejor lo que observaba. La creatividad y el rigor científico son dos armas muy
poderosas”.
—¿Qué pensaría al descubrir hasta
dónde ha llegado la neurociencia 120 años después de su Premio Nobel?
“Sentiría una gran
admiración por todos los avances tecnológicos alcanzados. Pero también sería
consciente de que cada nuevo descubrimiento plantea nuevas preguntas. El
cerebro humano continúa siendo uno de los grandes misterios”.
—¿Qué les diría hoy a los jóvenes que quieren
dedicarse a la ciencia, pero sienten que la investigación no tiene en España el
reconocimiento que merece?
“Les diría que
perseveren. Pero que recuerden algo: ningún instrumento sustituye la mirada del
investigador. La ciencia necesita talento, pero también recursos, instituciones
y reconocimiento. Invertir en conocimiento es invertir en el futuro”.
—En su época convivieron científicos, escritores y
artistas en espacios como la Residencia de Estudiantes. ¿Cree que seguimos
separando demasiado la ciencia de la literatura y del arte?
“Sí, y es un grave error.
El científico también imagina, crea e interpreta. Ciencia, literatura y arte
utilizan caminos diferentes, aunque comparten algo esencial: la curiosidad por
comprender e interpretar el mundo”.
Les recuerdo que a
principios del siglo XX hubo una especial emergencia y fusión del arte con la
ciencia. Muchas personas recordarán la venida de científicos a España, tales
como Einstein, ……conferencias, etc. Los años previos a la Guerra Civil Española
fueron un auténtico fermento cultural y científico que apuntaba a grandes
expectativas en nuestro país.
—En 2026 hablamos mucho de cómo acercar a las niñas a
la ciencia. ¿Qué le parece?
“Me siento orgulloso de
los alumnos y alumnas que tuve. Bien es cierto que tuve pocas alumnas
científicas. Aun así la Junta para la Ampliación de Estudios, presidida por mí
mismo, impulsó la formación en el extranjero y la renovación científica y
educativa. La JAE fue creada en 1907 y estuvo vinculada con la educación de las
mujeres y a la Residencia de Estudiantes.
—Y después de haber dedicado toda
una vida a mirar aquello que los demás todavía no podían ver, ¿qué cree que nos
queda por descubrir?
“Muchísimo. Quizá mucho más de lo que podemos
imaginar. Hemos avanzado a pasos agigantados pero todavía conocemos muy poco
sobre el cerebro y sobre nosotros mismos. El futuro es de quienes se atreven a
formular nuevas preguntas”.
—Don Santiago, usted recibió el reconocimiento
internacional que España tardó en concederle. ¿Qué pensaría al comprobar que,
más de un siglo después, seguimos hablando de la necesidad de reivindicar la
ciencia?
Los grandes avances que
han ocurrido en la Neurociencia durante los últimos 20 años ha sido poder descodificar la información que
almacenan las neuronas.
Ramón y Cajal fue fuente
de inspiración para otros científicos como el Premio Nobel Severo Ochoa y
muchos de sus alumnos creando escuela, entre ellos destacan Pío del
Río-Hortega, Nicolás Achúcarro y Fernando de Castro. Además cabe mencionar las misivas
entre este último con la científica italiana Rita Levi-Montalcini, quien
recibió el Nobel de Medicina en 1986.
Lo nombraron miembro de
la Real Academia aunque siempre lo rechazó. La prensa española no supo
reconocerlo y cuando lo hizo fue por el prestigio que consiguió a nivel
internacional en otros países como Inglaterra, Francia y Alemania.
En cuanto a nosotros como
ciudadanos de a pie y por parte de las diferentes instituciones y
administraciones a nivel particular
deberíamos de plantearnos como contribuir para poder dar cabida a la
divulgación y el fomento de la investigación en la Ciencia.
Y ¿por qué no, incluso
crear un pequeño espacio para fusionar el arte con la ciencia?.
Tomelloso ha sabido construir una extraordinaria
tradición literaria. Quizá el siguiente paso sea ampliar ese concepto de
cultura y abrir también una ventana a la ciencia.
Se podría proponer un Premio de Divulgación
Científica o una categoría científica dentro de la Fiesta de las Letras
para terminar por cerrar el círculo y convertirnos en pioneros renacentistas de
las Artes y las Ciencias.
Como decía Ramón y Cajal: “Ciencia y arte no
son dos caminos distintos hacia el conocimiento, sino dos miradas que se
necesitan para comprender plenamente el mundo”.
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Viernes, 21 de Agosto del 2026