Opinión

Santiago Ramón y Cajal frente al espejo del siglo XXI

María Remedios Juanes | Domingo, 23 de Agosto del 2026
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Seguramente que muchos de nosotros seríamos capaces de reconocer el cuadro de las Meninas, afirmando que pertenece a Velázquez, o la Maja desnuda, que fue pintada por Francisco de Goya y así sucesivamente.

Pero si miran fijamente este dibujo sobre las neuronas, pocas personas serán capaces de reconocer que el autor fue uno de los grandes científicos Premio Nobel que ha dado a luz nuestro país. Me estoy refiriendo a D. Santiago Ramón y Cajal.

Me gustaría ir un paso más adelante y proponerles una asociación que quizá les parezca descabellada. Observan estos dibujos, ¿verdad? ¿Saben lo que tienen en común? Uno pertenece a Cajal y el otro a uno de los dibujos de Lorca.

Resulta sorprendente el parecido. De esta forma es como se gestó el movimiento del Surrealismo por aquel entonces, cuando las sinergias de la educación en la Residencia de Estudiantes de Madrid confluyeron con las de la ciencia. No es algo que se pueda afirmar de manera rotunda aunque las influencias parecen evidentes.

¿Cuántas veces hemos pensado que la ciencia y el arte habitan mundos distintos?

Ramón y Cajal sentía una especial predilección por Julio Verne y el Quijote. De hecho sus temáticas están relacionadas con el paso del tiempo y la mezcla entre la imaginación, el sueño y la locura, temas muy quijotescos y en cierta medida muy “cajalianos”.

Desde muy pequeño demostraba ciertas dotes para la pintura y su curiosidad se vio alimentada en el entorno de la propia naturaleza observando las ramificaciones de los árboles, los pájaros, las constelaciones y todos esos sueños que permanecían en su imaginación y plasmó en los diseños de las neuronas.

Es sorprendente como un hombre con una economía paupérrima quien estaba condenado a no poder destacar nos da una gran lección con su actitud. La autoconfianza y sus ganas de dar a conocer al mundo la teoría del sistema nervioso le llevó de viaje a un Congreso de Ciencia en Alemania para mostrar sus estudios.

ENTREVISTA

Madrid, 2026

A partir de este momento trato de imaginarme que estoy sentada frente a D. Santiago Ramón y Cajal, en su laboratorio con su microscopio “el zaragozano”, tal cual así lo bautizó.  Las respuestas de esta entrevista son una recreación literaria elaborada a partir de los escritos, investigaciones y trayectoria de Ramón y Cajal.

He querido imaginar una conversación con el científico español que, hace 120 años, recibió el Premio Nobel de Fisiología y Medicina junto a Camillo Golgi, en 1906. Es una especie de diálogo imposible entre el Cajal de comienzos del siglo XX y nuestra era actual.

—Don Santiago, usted pasó gran parte de su vida mirando a través de su microscopio que pagó con sus ahorros. ¿Qué sintió cuando comprendió que estaba viendo algo que nadie había conseguido interpretar de aquella manera?

“Sentí mucha emoción. Descubrir. El microscopio me permitió descubrir que las neuronas son células independientes y constituyen la base del sistema nervioso”.

Sus dibujos de neuronas nos recuerdan las ramificaciones de los árboles, raíces, constelaciones o incluso paisajes de otro planeta. Usted era aficionado al dibujo, la fotografía y la literatura. ¿Cree que un científico necesita tener imaginación?

La imaginación es fundamental en la ciencia. Yo dibujaba para comprender mejor lo que observaba. La creatividad y el rigor científico son dos armas muy poderosas”.

¿Qué pensaría al descubrir hasta dónde ha llegado la neurociencia 120 años después de su Premio Nobel?

“Sentiría una gran admiración por todos los avances tecnológicos alcanzados. Pero también sería consciente de que cada nuevo descubrimiento plantea nuevas preguntas. El cerebro humano continúa siendo uno de los grandes misterios”.

—¿Qué les diría hoy a los jóvenes que quieren dedicarse a la ciencia, pero sienten que la investigación no tiene en España el reconocimiento que merece?

“Les diría que perseveren. Pero que recuerden algo: ningún instrumento sustituye la mirada del investigador. La ciencia necesita talento, pero también recursos, instituciones y reconocimiento. Invertir en conocimiento es invertir en el futuro”.

—En su época convivieron científicos, escritores y artistas en espacios como la Residencia de Estudiantes. ¿Cree que seguimos separando demasiado la ciencia de la literatura y del arte?

“Sí, y es un grave error. El científico también imagina, crea e interpreta. Ciencia, literatura y arte utilizan caminos diferentes, aunque comparten algo esencial: la curiosidad por comprender e interpretar el mundo”.

Les recuerdo que a principios del siglo XX hubo una especial emergencia y fusión del arte con la ciencia. Muchas personas recordarán la venida de científicos a España, tales como Einstein, ……conferencias, etc. Los años previos a la Guerra Civil Española fueron un auténtico fermento cultural y científico que apuntaba a grandes expectativas en nuestro país.

—En 2026 hablamos mucho de cómo acercar a las niñas a la ciencia. ¿Qué le parece?

“Me siento orgulloso de los alumnos y alumnas que tuve. Bien es cierto que tuve pocas alumnas científicas. Aun así la Junta para la Ampliación de Estudios, presidida por mí mismo, impulsó la formación en el extranjero y la renovación científica y educativa. La JAE fue creada en 1907 y estuvo vinculada con la educación de las mujeres y a la Residencia de Estudiantes.

—Y después de haber dedicado toda una vida a mirar aquello que los demás todavía no podían ver, ¿qué cree que nos queda por descubrir?

“Muchísimo. Quizá mucho más de lo que podemos imaginar. Hemos avanzado a pasos agigantados pero todavía conocemos muy poco sobre el cerebro y sobre nosotros mismos. El futuro es de quienes se atreven a formular nuevas preguntas”.

—Don Santiago, usted recibió el reconocimiento internacional que España tardó en concederle. ¿Qué pensaría al comprobar que, más de un siglo después, seguimos hablando de la necesidad de reivindicar la ciencia?

Los grandes avances que han ocurrido en la Neurociencia durante los últimos 20 años  ha sido poder descodificar la información que almacenan las neuronas.

 

Ramón y Cajal fue fuente de inspiración para otros científicos como el Premio Nobel Severo Ochoa y muchos de sus alumnos creando escuela, entre ellos destacan Pío del Río-Hortega, Nicolás Achúcarro y Fernando de Castro. Además cabe mencionar las misivas entre este último con la científica italiana Rita Levi-Montalcini, quien recibió el Nobel de Medicina en 1986.

Lo nombraron miembro de la Real Academia aunque siempre lo rechazó. La prensa española no supo reconocerlo y cuando lo hizo fue por el prestigio que consiguió a nivel internacional en otros países como Inglaterra, Francia y Alemania.

En cuanto a nosotros como ciudadanos de a pie y por parte de las diferentes instituciones y administraciones a  nivel particular deberíamos de plantearnos como contribuir para poder dar cabida a la divulgación y el fomento de la investigación en la Ciencia.

Y ¿por qué no, incluso crear un pequeño espacio para fusionar el arte con la ciencia?.

Tomelloso ha sabido construir una extraordinaria tradición literaria. Quizá el siguiente paso sea ampliar ese concepto de cultura y abrir también una ventana a la ciencia.

Se podría proponer un Premio de Divulgación Científica o una categoría científica dentro de la Fiesta de las Letras para terminar por cerrar el círculo y convertirnos en pioneros renacentistas de las Artes y las Ciencias.

Como decía Ramón y Cajal: Ciencia y arte no son dos caminos distintos hacia el conocimiento, sino dos miradas que se necesitan para comprender plenamente el mundo”.

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