Deporte

Jesús García-Chicote, memoria viva del periodismo deportivo a pie de campo

El periodista y docente, pedroteño de nacimiento y tomellosero de adopción, repasa los intensos años de la Rueda Deportiva de Radio Surco

Carlos Moreno | Sábado, 26 de Septiembre del 2026
{{Imagen.Descripcion}} Jesús García-Chicote en una instalación deportiva cercana a su casa Jesús García-Chicote en una instalación deportiva cercana a su casa

Hubo un tiempo en el que para contar lo que ocurría en un campo de fútbol no bastaba con tener un teléfono móvil, una conexión a internet y un ordenador. Había que buscarse la vida. Una línea telefónica, un cable prestado, una emisora municipal, un bar, una cabina improvisada o incluso la colaboración de la Guardia Civil podían convertirse en herramientas imprescindibles para llevar el deporte a los oyentes.

Jesús García-Chicote Olmedo conoce bien aquella época. Pedroteño de nacimiento y tomellosero de adopción, compaginó durante años su actividad docente con una intensa dedicación al periodismo deportivo. Fue una de las figuras fundamentales de aquella Rueda Deportiva que Radio Surco convirtió en uno de sus grandes referentes y que permitió escuchar, domingo tras domingo, lo que sucedía en campos grandes y pequeños de Castilla-La Mancha.  Él mismo resume aquellos comienzos con una expresión que define toda una manera de entender el oficio: «Aquello era periodismo de trincheras». Y, sobre todo, «pura artesanía».

La emisora había comenzado su andadura en 1986 y pronto detectó una necesidad que no estaba suficientemente atendida: la información sobre el fútbol aficionado y el deporte de los pueblos. En aquellos años, recuerda García-Chicote, «había una demanda del fútbol aficionado». El deporte se vivía intensamente en las localidades y existía una enorme curiosidad por conocer los resultados, los fichajes y todo cuanto rodeaba a los equipos.

Radio Surco ofrecía información deportiva durante la semana, pero el fin de semana quedaba una asignatura pendiente. “Las ruedas radiofónicas existentes estaban centradas fundamentalmente en el deporte nacional. Había que encontrar una fórmula propia. Así nació y fue creciendo la Rueda Deportiva. Primero llegaron los paneles de resultados; después, las desconexiones de los equipos de Primera y Segunda y la quiniela. Poco a poco, la información regional fue ganando protagonismo hasta convertirse en el auténtico corazón del programa. «Al final, lo nacional se queda secundario», recuerda.

El gran problema, sin embargo, eran los medios técnicos. Retransmitir un partido suponía, en muchas ocasiones, contratar una línea telefónica. Para una rueda que pretendía llegar a numerosos pueblos aquello era insuficiente. La solución fue recurrir al ingenio y, sobre todo, a las personas. «No había nada en los campos de fútbol», explica. Por eso había que establecer acuerdos con emisoras municipales, buscar colaboradores y encontrar cualquier posibilidad que permitiera realizar una conexión. En ocasiones, incluso se recurría a la Guardia Civil. «Era pura artesanía», insiste.

Una red de corresponsales hecha de ilusión

La Rueda Deportiva llegó a convertirse en un fenómeno porque supo entender que el deporte regional no estaba únicamente en las grandes poblaciones. También estaba en los pueblos pequeños, en categorías modestas y en competiciones que apenas encontraban espacio en otros medios.”.

«Se hizo de tal manera que no fuese solamente las grandes poblaciones, Villarrobledo, Alcázar, Tomelloso, Manzanares o Valdepeñas sino cualquier municipio pequeño», explica García-Chicote.

Y detrás de aquella cobertura había una enorme red humana. Los corresponsales acudían a los campos, recogían la información y la trasladaban a la emisora con los medios de los que disponían. «Más que medios, fueron medios humanos», señala. La voluntad desinteresada de quienes amaban el deporte fue, en buena medida, el verdadero motor de aquella experiencia. Me advierte Chicote, con su conocida bondad, que no quiere dar nombres por el temor de dejarse a gente en el tintero. “Fueron muchas las personas que se implicaron y todas aportaron mucho”.

Cada corresponsal tenía su propio estilo y su particular manera de contar los partidos. En ocasiones, incluso la pasión por el equipo local se filtraba inevitablemente en las retransmisiones. García-Chicote recuerda que había colaboradores que, cuando atacaba el equipo rival, anunciaban atemorizados: «¡Ya vienen otra vez! ¡Ya vienen!». Era el reflejo de una época en la que el voluntarismo y la ilusión pesaban tanto como la técnica.

El éxito fue considerable. La gente quería información y agradecía que la radio se acercara a sus pueblos. Allí donde llegaba la Rueda Deportiva, el deporte adquiría una relevancia que muchas veces no tenía en otros ámbitos de la vida local. «Dábamos esa importancia y entonces, claro, la gente era muy agradecida», recuerda.

Una escuela de periodistas

Con el paso de los años, aquella experiencia acabó siendo también una escuela. Por sus micrófonos y por aquella red de corresponsales pasaron profesionales que posteriormente desarrollaron su carrera en Castilla-La Mancha y Madrid.

García-Chicote considera que la Rueda Deportiva sirvió para que muchos jóvenes aprendieran el oficio y adquirieran experiencia. Pero, además, entiende que aquella filosofía estaba íntimamente relacionada con la vocación regional de Radio Surco: apostar por un deporte cercano, plural y pegado al territorio.

La apuesta no se limitó al fútbol. También hubo espacio para el ciclismo, el balonmano, el baloncesto, el fútbol femenino y otras disciplinas que entonces recibían mucha menos atención mediática. «Se apostó, en general, por el deporte regional», explica.

El ciclismo tuvo una presencia especial a través de pruebas como las Rutas del Vino y otras competiciones regionales. También el balonmano, un deporte con el que García-Chicote mantenía una especial vinculación, encontró su espacio.

La filosofía consistía en aprovechar la enorme atención que despertaba el fútbol para dar visibilidad a otras disciplinas. «No solamente el fútbol», recalca. El objetivo era que deportes con menor capacidad para generar publicidad también pudieran tener su espacio en la radio. Rehusa dar nombres de aquellos colaboradores "porque seguro me dejaría algunos en el tintero".

De un remolque al Vicente Calderón

La trayectoria permitió vivir situaciones que hoy parecen difíciles de imaginar. La misma persona que podía retransmitir un encuentro subida a un remolque porque en el campo no existía una estructura adecuada terminaba trabajando en escenarios como el Vicente Calderón, Los Cármenes, el Sánchez-Pizjuán o el Mini Estadi del FC Barcelona.

Las diferencias eran enormes. En algunos campos, las alineaciones se entregaban directamente en la mano. En otros, había que instalar cientos de metros de cable por casas particulares para conseguir una conexión.La falta de medios obligaba a improvisar continuamente. Y precisamente esa necesidad de improvisar generó algunas de las historias que todavía recuerda con humor.

Una de ellas ocurrió durante un partido disputado en Argamasilla. Al terminar el encuentro, el árbitro recibió el impacto de la mano de un espectador. El periodista que narraba la escena, intentando mantener la solemnidad radiofónica, describió que «en estos momentos, el rostro del árbitro impacta  en la mano abierta de un espectador». Desde la parte técnica, sin embargo, llegó una versión mucho menos literaria y bastante más espontánea: «¡Qué hostia le ha dado!».

Aquellas situaciones formaban parte de un periodismo en el que el profesional no tenía una cabina aislada ni la comodidad de los medios actuales. Muchas veces estaba sentado entre el público, intentando contar lo que sucedía mientras tenía alrededor a aficionados de ambos equipos.

Un deporte con menos crispación

García-Chicote también observa una diferencia entre aquel ambiente y el actual. A su juicio, el entorno deportivo se ha ido cargando con el paso del tiempo. «El ambiente se ha ido cargando mucho», afirma.

Las rivalidades siempre existieron. Cada pueblo tenía su rival deportivo y determinados partidos se vivían de una manera especialmente intensa. Pero aquella competición tenía otras características porque se trataba fundamentalmente de deporte aficionado. «Era voluntarismo total», recuerda. Había jugadores que no cobraban y que acudían a entrenar durante la semana después de trabajar. Los vínculos entre clubes y jugadores eran diferentes y existía una dimensión mucho más cercana y comunitaria.

También había intereses, publicidad y presiones, pero García-Chicote recuerda una atmósfera menos crispada que la actual. La pasión podía ser enorme, pero formaba parte de un deporte en el que todavía predominaba el carácter amateur.

La importancia de los que nunca salen en la foto

Quizá una de las reflexiones que más definen la forma de entender el deporte de García-Chicote sea su reivindicación de quienes trabajan en la sombra.

En su conversación aparecen entrenadores, jugadores, periodistas y dirigentes, pero también utilleros, masajistas, colaboradores y personas que dedicaron miles de horas a sus clubes sin recibir apenas nada. «Toda esa gente también merece un reconocimiento», sostiene.

Habla de quienes preparan la ropa, los balones o el agua, de quienes acompañan a los equipos, de quienes cortan las entradas, hablan por megafonía o están pendientes de cambiar el marcador. Son personas que forman parte de la estructura invisible que hace posible que el deporte funcione. «Si no hubiese sido por ellos, el deporte no habría funcionado», asegura.

Su reflexión va incluso más allá. Considera que el deporte, y especialmente el fútbol, ha desempeñado una función integradora. Personas que inicialmente estaban al margen terminaban encontrando un lugar en torno a los equipos, recogiendo balones, ayudando en diferentes tareas y sintiéndose parte de una comunidad.

Paco Gálvez y la reivindicación de los modestos

Esa defensa de quienes permanecen en un segundo plano aparece también cuando recuerda su relación con Paco Gálvez y la lucha para que el campo municipal de Tomelloso llevara su nombre. Para García-Chicote, Gálvez lo merecía. Destaca precisamente el valor de reconocer a deportistas y personas vinculadas al deporte local aunque no hayan alcanzado la élite.

A su juicio, existe una tendencia a homenajear a las grandes figuras, pero también es importante reconocer a quienes han trabajado durante años con la cantera y han contribuido al crecimiento del deporte desde abajo. Es una idea que extiende al periodismo y a otros ámbitos: «Hay que dárselo también a la gente que ha echado horas».

Porque detrás de cada equipo, cada competición y cada retransmisión hay una legión de personas que rara vez aparecen en los titulares.

El sacrificio de la familia

Después de tantos años, llegó el momento de parar. La jubilación coincidió con una etapa en la que algunos clubes de la región alcanzaban categorías importantes, lo que hizo que la decisión no fuera sencilla.

Pero García-Chicote reconoce que llegó un momento en el que había que poner límites. «Llega un momento que uno se cansa de las cosas», explica.

Más que cansancio físico, había una necesidad de cerrar una etapa. También influyó la familia. Su esposa, que lo había conocido siendo muy joven y había vivido durante décadas sus múltiples ocupaciones, terminó recordándole una evidencia: había pasado demasiado tiempo fuera de casa.

García-Chicote reconoce que tenía razón. Había sido jugador, entrenador, árbitro de balonmano, directivo y periodista. Sus fines de semana habían estado durante años ocupados por el deporte. «Las sacrificadas son las mujeres», admite al recordar todo lo que su actividad implicó para su familia. Por eso la retirada tuvo también un componente emocional. «Un domingo sin tener algo era matador», reconoce. Sin embargo, finalmente entendió que había llegado el momento de dejarlo.

Las Rutas del Vino: kilómetros, amistad y aventura

Entre los recuerdos más entrañables aparecen las Rutas del Vino, una experiencia que permitió al equipo de Radio Surco vivir el ciclismo desde dentro y que combinaba trabajo, convivencia y aventura.

Eran jornadas intensas, con desplazamientos, conexiones y horas de carretera. En una de aquellas etapas, García-Chicote y José Luis Tello sufrieron incluso un accidente con el vehículo en el que se desplazaban. Afortunadamente, no les ocurrió nada.

El cansancio era uno de los grandes enemigos. Las etapas resultaban largas y monótonas para los vehículos de prensa que tenían que desplazarse por delante de los ciclistas. Pero también había momentos especialmente curiosos.

En una ocasión, el equipo necesitaba entrevistar a un ciclista ruso y el coche en el que viajaba el traductor se había quedado descolgado. García-Chicote decidió improvisar. «Digo, la hago yo», recuerda. El problema era evidente: el ciclista hablaba ruso y el periodista no. Pero la experiencia le había enseñado a salir adelante.

Y, con sentido del humor, recuerda que pensó en una cuestión fundamental: «¿Tú crees que algún espectador de Castilla-La Mancha va a saber ruso?». Era, en definitiva, la filosofía que había acompañado toda su trayectoria: ante la falta de medios, imaginación; ante los imprevistos, capacidad de improvisación; y ante cualquier dificultad, ganas de contar lo que estaba ocurriendo.

La memoria de una forma de hacer periodismo

Ahora, con la perspectiva que proporciona la jubilación, García-Chicote contempla aquellos años como una etapa de esfuerzo, aprendizaje y muchas satisfacciones. La Rueda Deportiva fue mucho más que un programa. “Fue una red de personas, una escuela de periodistas y una manera de entender la comunicación desde la cercanía. Permitió que los grandes equipos compartieran espacio con los modestos y que un pequeño campo de fútbol de cualquier pueblo pudiera tener la misma atención radiofónica que una gran población”.

Y quizá por eso la historia de Jesús García-Chicote no puede desligarse de la de aquellos corresponsales que acudían cada domingo a los campos, de los utilleros que preparaban el material, de los aficionados que prestaban una línea telefónica, de los técnicos que improvisaban conexiones y de todos aquellos profesionales y colaboradores que hicieron posible una radio deportiva construida con muy pocos medios y mucha ilusión. Una época en la que, como él mismo recuerda, «más que medios, fueron medios humanos».

Ahí está probablemente la mejor definición de aquella manera de hacer radio y también de una forma de entender el periodismo: estar allí, escuchar, preguntar, improvisar cuando era necesario y, sobre todo, contar lo que ocurría allí donde otros medios no llegaban.


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