Desde ayer disfrutando del
otoño. Durante el día temperaturas agradables, para algunos gustos demasiado
altas. En la madrugada hay que bajar la persiana del dormitorio, para que no
entre tanto fresco.
Con una rebeca doblada en el
antebrazo aparece mi compañero de cafés, prevé que al final de nuestra tertulia
habrá bajado varios grados el ambiente, es escrupuloso con su vestimenta; su
refrán para estos casos: “Es mejor prevenir que curar”. Así evita las visitas
al galeno y medicación pertinente. Al fin y al cabo creo que peca de
hipocondríaco.
Cómo se agradece la
tonificación producida por el café y la fragancia de las magdalenas tiernas. En
medio de este ambiente descubro que Ciri sufre algo que le inquieta. Cuando se
le ausenta la oratoria acostumbrada, “algo trae en el buche”.
—Cuando quieras, amigo del
alma, cuenta qué te corroe esa mente lúcida de la que haces gala en tus
intervenciones inteligentes y juiciosas.
Aparentemente no le ha hecho
mucha gracia mi invitación, su cara de reproche lo delata. Pasados unos
segundos cambia el semblate y hasta intenta dibujar una sonrisa de acatamiento.
Sabe que por encima de todo está nuestro cariño, respeto y comprensión en ambos
sentidos.
Toma su tiempo, que utiliza
en probar un bocado de su gollería remojado posteriormente con un incipiente
trago de café.
—Me preguntas qué corroe mi
mente… Te respondo: algo muy importante. Te explico: el último viernes hablamos
de la necesidad de ser críticos, de saber escuchar, analizar y aceptar o
rechazar según aconsejaran nuestros principios.
—Sí, así fue.
—Hablaste de un ámbito en el
que la gente no utilizamos el pensamiento crítico por el que abogábamos. Ese
terreno lo concretabas en las parroquias católicas y comunidades luteranas,
además de otras devociones, credos o convicciones. Sus adictos admitían lo
dicho por las jerarquías como algo intocable.
—Lo recuerdo perfectamente
incluso los ejemplos que te puse para concretar en algo tangible y admitido sin
pestañeo.
—Cuando llegué a casa
comentando el tema con mi señora me di cuenta de que yo era uno de esos. Mi
ejercicio crítico se detenía ante las vallas de estos temas. Pero debe ser la
influencia de los años y la experiencia de vida que no me han dejado parar.
Incluso pensé en telefonear a fray
Lucas, el hermano de mi cuñado con el que hemos coincido.
—Pero no lo hiciste. Pues tengo un sustituto de tu fraile. Hay un
señor que muchas tardes desde el rincón de la cafetería sigue nuestros discursos
y conversaciones, incluso hemos compartido café y magdalenas con él en algún
momento. Es sacerdote secularizado ya
hace bastantes años y me consta que tiene muy buena formación teológica,
acompañada de un criterio admirable e imparcial, para mi opinión.
Dicho y hecho. En un
santiamén Julián es invitado, acompañado y acoplado en nuestra tertulia, todo
por obra y gracia del inefable Ciri y su nerviosismo activo. Encantados los
tres de intercambiar opiniones y conocimientos.
—Os agradezco mucho vuestra
invitación a compartir tertulia y café —comenta Julián con voz aterciopelada a
la que acompaña su sonrisa perenne; disfruta de un buen puñado de años de vida
junto a ricas experiencias humana,
cristiana y teológica.
—Hemos requerido tu
presencia, para que nos orientes en un tema de los innumerables que tengo
apuntados, de religión, filosofía o ética, no sé a qué disciplina pertenecerá
cada uno.
—Es que Ciri, se toma las
cosas muy a pecho, si no las entiende, se inquieta. El último día tuvimos un tema
escabroso que le ha producido inquietud —aclaro al invitado—. Se ha organizado
y trae algunos puntos sobre los que necesita opiniones contrastadas.
—Vamos a ello, te escucho.
—Para empezar quiero que me
aclaréis tres conceptos que para mí son sinónimos o de difícil diferenciación,
habiéndome pasado la semana pensando por dónde enhebrar: Fe, Devoción y
Creencias. Los tres conceptos están entrelazados con la religión.
—Yo puedo aclarar la idea
que tengas, amado Ciri, sobre creencia, porque roza la filosofía y la ética.
Debo comenzar diciéndote que José Ortega y Gasset tiene un libro que titula “Ideas
y creencias”, te aclararía totalmente tus dudas sobre el tema. Resumiendo
te digo que se entiende por creencias el conjunto de hechos, ideas,
convicciones o incluso previsiones, que las personas aceptamos sin exigir base
científica ni contrastación lógica. Evidentemente influyen de modo decisivo en
el comportamiento de las personas al ser totalmente subjetivas.
—La devoción creo que es lo
más fácil y lo sé —interviene Ciri—, es un afecto que una persona tiene hacia
algo que considera sagrado como imágenes de santos, de la Virgen María, objetos
religiosos, se manifiesta con oraciones, actos de culto, ofrendas, etc.
—Bien aclarado, Ciri
—responde Julián— ahora le toca el turno a la fe. Su definición es muy
discutida. Su concepto difiere si se habla desde la filosofía o de la teología.
Como estamos charlando desde la religión
nos quedamos en este campo. Yo la defino como la actitud de total confianza de
una persona en otra persona, aquí añadiríamos también en Dios, es como poner el
corazón o nuestro ser verdadero en
alguien. Esta acción es también una actitud subjetiva.
—Se parece mucho la fe a las
creencias —duda mi compañero— ¿Cómo distingo una de
las otras?
—Solo
se asemejan en que son actitudes personales subjetivas. La fe radica en la
confianza entre personas, mientras que las creencias admiten como válidas
afirmaciones sin contrastar. Un ejemplo puede aclarar: La relación auténtica
entre en una situación de noviazgo o matrimonio se fundamente en la confianza,
en la fe entre ellos. Creer que me va a tocar la lotería porque tengo un
pálpito entraría en las creencias.
—Julián
es muy profunda la explicación que estás dando, pero no estoy seguro de haberte
entendido bien del todo. ¿Podríamos continuar otro día aclarando las dudas que
me surjan, porque te aseguro que me van a saltar como palomitas en sartén?
Nos
reímos con esta última salido de Ciri. Coincidimos en que hay mucha gente
buena, creyentes incluso que desconocen mucho de estos temas.
Terminamos
con unas copas de mistela, cómo no. A la salida de la cafetería Ciri se empeña
en invitarnos a unos helados. Para ir despidiéndonos, dice, hasta la temporada
próxima.
{{comentario.contenido}}
Eliminar Comentario
"{{comentariohijo.contenido}}"
Eliminar Comentario
Sábado, 26 de Septiembre del 2026
Sábado, 26 de Septiembre del 2026
Sábado, 26 de Septiembre del 2026