“Asociarse como familia sensible, abrirse al mundo como humanidad que se respalda mutuamente, hará que desaparezcan las absurdas contiendas de la faz de la tierra y germinen nuevos aires que reduzcan la pobreza y aumenten la concordia”.
Hemos de sentirnos parte de un mundo vivo, que ha de
conciliar sus fuerzas avivando el calor de sus propios latidos, con el espíritu
solidario como lenguaje a cultivar, rehaciendo vínculos y no simples
aglomeraciones de individuos. Sabemos que la tarea no es fácil, pero tampoco
imposible, lo que implica retomar otros estilos de vida ponderados y
participados. Quizás tengamos que repensar actitudes, retirar muros y abrir
horizontes, cuestionando hábitos y privilegios, comenzando por el consumo
digital y prosiguiendo con el fin a la pérdida y al desperdicio de alimentos. Asimismo,
es el momento en el que hemos de cooperar en favor de un orbe más humanitario,
en una época deshumanizadora e inhumana como jamás, facilitando que la
ciudadanía que nos rodea pueda vivir con decencia.
Ejemplaricemos nuestras actuaciones, seamos coherentes
entre lo que decimos y luego hacemos. Por lo demás, estemos siempre en guardia
hasta con nosotros mismos, ejercitando el aprender a reprendernos y a
desarmarnos, activando el sueño servicial y no la dominación, lo que nos
demanda a practicar más el corazón que la coraza. Con este benéfico objetivo,
florecerá la vida en sociedad. Subsiguientemente, hagamos el buen propósito de
salir del aislamiento, a experimentar el gozo de realizar comunión y comunidad.
Además, será saludable darse cuenta, para impulsar el buen tino y un mejor
tono, de que todos somos existencialmente necesarios y únicos; lo que requiere
atajar problemas tan esenciales como garantizar un planeta con seguridad
alimentaria, ahora y en el futuro.
La flojera suele viajar tan lentamente que la
indigencia no tarda en alcanzarla. En consecuencia, hoy más que nunca, es
necesario adoptar medidas a escala global y local para aprovechar al máximo
todo lo que poseemos, incluidos los alimentos que producimos, pero también la
riqueza ambiental que nos acompaña. Asociarse como familia sensible, abrirse al
mundo como humanidad que se respalda mutuamente, hará que desaparezcan las
absurdas contiendas de la faz de la tierra y germinen nuevos aires que reduzcan
la pobreza y aumenten la concordia; tras descubrir qué hacer y cómo hacerlo,
sumado al deseo de dignificar otras vidas que se mueven en el terreno de la
exclusión y el abandono. Al fin y al cabo, uno debe comportarse como quisieran
que lo hiciesen con uno.
La bondad como el laboreo de la verdad, aunque nos
duela, al fin vence muchos miedos. Con razón, nos faltan pasos, para aprender a
caminar. Tengamos tiempo para meditar, es un modo de ponernos a la escucha y de
poder liberar nuestros órganos de rutinas desaconsejables o de
condicionamientos y formas de pensar que, como grandes montañas, nos
enclaustran en el sepulcro del egocentrismo, el materialismo y su ramplonería,
la violencia y la superficialidad. De estos sitios debemos huir. Por desgracia,
nos acostumbramos a morar y a no vivir, a ser pasivos con la desorientación y a
soportar la soledad y la insatisfacción. La mejor sanación es mirarse uno así
mismo, para verse desde afuera, seguramente entonces renovemos el entusiasmo
del hallazgo con la concurrencia.
Reencontrarse con las raíces de la certeza es avivar el
buen tránsito, porque es la respuesta a la necesidad innata de relaciones que
tiene cada ser humano. El sabio no atesora, lo comparte y más obtiene para él. Al
mismo tiempo, tras el obrar de cada uno, se teje el destino de todos. De este
modo, se inmortaliza nuestro quehacer, que ha de ser curar con el amor la llaga
del terror vertido, infundir la esperanza de paz, ayudar a resolver tantos
conflictos dolorosos, devolver al mundo el reino de la poesía, no el del poder.
Todo esto demanda diálogo, concebido en unión y en unidad, sin una regla para
los poderosos y otra para los débiles; puesto que, de la indiferencia y de la
ignorancia, únicamente puede brotar desconfianza e incluso enemistad. Sin
embargo, juntos hallaremos la quietud necesaria.
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Sábado, 26 de Septiembre del 2026
Domingo, 27 de Septiembre del 2026
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